En mayo de 2010, Grecia se convirtió en el primer país rescatado de la eurozona. Menos de dos años después, el país precisó de un segundo rescate, incluyendo una quita a su deuda. En el verano de 2015, llegó el tercer rescate, después de una agitada disputa entre el gobierno heleno y sus acreedores -incluido un referéndum en el que el pueblo griego rechazó asumir las condiciones impuestas por Europa-, que cerca estuvo de convertir a Grecia en el primer país en abandonar la Unión Monetaria. Y aún a inicios de este año, la ausencia de reformas en el país amenazó con reactivar las tensiones.

Grecia es desde hace ya muchos años sinónimo de crisis en la eurozona y epicentro de turbulencias. El país ha gozado de un protagonismo muy superior a su peso en la región en los sucesivos episodios de tensión que han agitado Europa en los últimos años. Lo que no es tan habitual es encontrar el nombre de Grecia asociado a buenas nuevas.

Por eso resulta tan llamativo el hecho de que Bruselas haya propuesto sacar a Grecia del procedimiento por régimen excesivo. De concretarse, la medida resultaría poco menos que simbólica para el país, sometido inexorablemente a las condiciones pactadas con sus acreedores en el marco del último plan de rescate. Pero es interpretable como un llamativo cambio de rumbo en la suerte griega, tras años de desdichas.

“Es un momento simbólico para Grecia, tras tantos años de sacrificios consentidos por el pueblo griego, el país recoge por fin los frutos de sus esfuerzos”, explicó el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici.

Y así han parecido leerlo también los inversores, que han virado de forma ostensible su visión sobre la deuda griega. El interés del bono heleno a 10 años ha recortado desde el pasado febrero más de 250 puntos básicos, hasta situarse en el 5,32%. Se trata de su mejor nivel desde finales de 2009, cuando se conoció que el país llevaba años falseando los datos de su deuda. Esta referencia llegó a rondar el 40% de rentabilidad a inicios de 2012, en medio de las negociaciones para una quita a la deuda.

Otras referencias de más corto plazo han registrado en los últimos meses mejoras similares. Y según algunas informaciones, este ambiente benigno ha animado al Gobierno griego a explorar la posibilidad de volver a financiarse en los mercados, tres años después de su última emisión de bonos. “No importa lo que pienses o yo diga sobre Grecia, espero con confianza que la nueva emisión será un éxito masivo”, ha declarado Bill Blain, responsable de mercados de capitales de MINT Partners, en un informe citado por la CNBC.

La decisión del Eurogrupo de desbloquear el pago de 8.500 millones de euros, en el marco del actual programa de rescate, tras llegar a un acuerdo con el gobierno heleno sobre los recortes a implementar, ha sido fundamental en la mejora del escenario griego, al permitir al país hacer frente a los importantes vencimientos de deuda a los que se enfrentaba este verano.

Tras la decisión, la agencia Moody’s mejoró la nota que otorga a la deuda griega hasta situarla en niveles de Caa2, mejorando también su perspectiva a positiva. “La perspectiva positiva refleja nuestra opinión de que las perspectivas de una conclusión satisfactoria del tercer programa de ajuste de Grecia han mejorado. Si bien subsisten riesgos de implementación significativos, la capacidad del gobierno para legislar un gran número de medidas de reforma estructural indica una mayor estabilidad y un retroceso de los riesgos políticos”, afirma la agencia.

Una idea similar defienden los analistas de Citi, donde consideran que los riesgos derivados de un posible cambio de gobierno -Syriza, el partido del actual primer ministro, Alexis Tsipras, se enfrenta a fuertes protestas y baja popularidad- son muy limitados. “Es probable que el gobierno en la recámara sea aún más amigable con el mercado. Nueva Democracia tiene actualmente una considerable ventaja sobre Syriza en todas las encuestas”, observan.

Los expertos ven escaso riesgo político aunque Syriza tuviera que adelantar elecciones

Esto, lejos de suponer un problema, “podría conducir potencialmente a un periodo prolongado de estabilidad política que no se ha disfrutado en los últimos tiempos y sentar las bases de un periodo sostenido de crecimiento económico”.

En un entorno de mejora generalizada de las condiciones económicas en Europa, Grecia también está registrando un progresivo repunte de sus indicadores. La Comisión Europea ha pronosticado que el país crecerá un 2,1% este año y un 2,7% el próximo. “El crecimiento de 2017 estará conducido por la demanda inversora, mayor consumo privado […] y las crecientes exportaciones”, señala un informe del Grupo Atradius, que confía en que industrias como el turismo, la alimentación, la agricultura o el transporte se vean favorecidas por una mayor demanda externa y una mejora de su competitividad.

Retos pendientes

Todos estos avances abren la expectativa de que Grecia pueda beneficiarse de los últimos compases del programa de compra de bonos (QE) del BCE, del que está excluida desde sus inicios. No obstante, el presidente del banco central, Mario Draghi, se mostraba reticente, recientemente, sobre esta posibilidad en una carta a un eurodiputado griego en la que le respondía que, “hasta que se hayan proporcionado suficientes detalles sobre las medidas para aliviar la deuda, persisten serias preocupaciones en cuanto a la sostenibilidad de la deuda pública de Grecia”.

Y es que el enorme peso de la deuda sobre la economía griega -representa en torno al 180% del PIB- es el principal talón de aquiles de un país que se ha asomado al abismo con demasiada asiduidad en los últimos años y que aún tiene numerosas tareas por delante, como la reducción de una tasa de paro persistentemente por encima del 20% o el reforzamiento de un sector financiero aquejado por una elevada carga de activos improductivos que totalizan hasta el 37% del total de sus créditos.

En Europa empieza a calar la idea de permitir nuevos alivios a la carga de deuda de Grecia

La magnitud del problema es de tal calibre que el FMI considera “insostenible” la deuda del país y ha exigido medidas de alivio antes de inmiscuirse en un nuevo plan de rescate. Estas demandas han chocado con la oposición de distintos países europeos, especialmente Alemania. No obstante, en las últimas semanas algunas autoridades de la región, como el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, se han mostrado abiertas a analizar a partir de 2018 -cuando finalice el actual programa de rescate- la posibilidad de medidas como una extensión de los plazos de pago, así como del periodo de carencia de amortización, aunque siempre condicionado a un estricto cumplimiento de las reformas y recortes acordados con los acreedores.

Sin duda, la cura de las heridas sufridas por Grecia durante la crisis precisará aún de mucho tiempo y esfuerzos. Pero después de siete años de turbulencias, el mercado parece entender que lo peor es ya cosa del pasado.