La economía española ha sorprendido a propios y extraños cuando, una vez superados los primeros meses de 2017, no ha dado muestras de ralentización, como todos los gabinetes de estudios habían pronosticado en 2016, sino todo lo contrario. Tanto es así, que el Gobierno ha llegado a elevar sus previsiones de crecimiento por última vez el pasado 3 de julio.

En la actualidad, esta proyección ha quedado fijada en el 3% para este año, tras los crecimientos del 3% y del 3,1% en el primer y segundo trimestre que se desprenden de los datos del Instituto Nacional del Estadística (INE).

Para los próximos años, el cuadro macroeconómico del Gobierno da por hecho que el crecimiento de la economía española no será tan vigoroso, con un avance del 2,6% en 2018 y del 2,5%, en 2019. Así es que espera que en algún momento la economía empiece a pisar el freno.

De acuerdo con las proyecciones que la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) realiza en tiempo real, este momento se está produciendo ya, en en el tercer trimestre del año.

Sus proyecciones apuntan que la tasa de avance intertrimestral del PIB, que fue del 0,8% y del 0,9% en los primeros dos trimestre del año, se frenará al 0,85% ya en el tercer trimestre, para caer de nuevo al 0,81% en el último tramo del año.

Aún así, esta tasa será superior a la registrada durante todo el último semestre de 2016, cuando apenas alcanzó el 0,7%.

Las causas de la desaceleración

La información que aporta la AIReF no profundiza en las causas de la moderación del crecimiento. Sin embargo, otros gabinetes de estudios ya apuntaban esta posibilidad y perfilaban los motivos.

Es el caso del servicio de estudios de BBVA, que este mes de julio pronosticaba en su informe sobre ‘Situación España’ correspondiente al tercer trimestre que, aunque las cifras de crecimiento «han sorprendido al alza», se mantiene el diagnóstico de «una desaceleración gradual al futuro». Sus explicaciones señalan al consumo privado.

Este indicador se ha moderado en los últimos meses por un agotamiento de la demanda embalsada durante la crisis y el menor impacto de algunos vientos de cola, como el precio del petróleo, los tipos de interés o el impulso fiscal, así como por la evolución de la tasa de ahorro de las familias, que se encuentra en niveles bajos.

Según BBVA, todo ello apunta «a que el avance de la demanda interna podría ser algo menos dinámico durante los siguientes meses».