Hace tiempo que la política monetaria de la eurozona entró en una zona en que cada mensaje del Banco Central Europeo (BCE) parece calcado del anterior. Las medidas de estímulo siguen siendo las mismas –tras el cambio anunciado en octubre-, los tipos de interés permanecen inamovibles y las perspectivas de cambios son pospuestas hacia un futuro indefinido.

El repunte sostenido de la inflación sigue siendo la pieza que se le resiste a los dirigentes del banco central para completar un rompecabezas que ya disfruta de un crecimiento económico robusto y un escenario de riesgos equilibrados. Estos elementos refuerzan la expectativa de que el repunte de los precios es cuestión de tiempo. Pero lo cierto es que mes tras mes su llegada se sigue resistiendo.

Por todo eso, su presidente, Mario Draghi, no ha dudado este jueves en afirmar que “el BCE no puede aún cantar victoria“. Y menos si en el camino hacia la inflación aparecen “fuentes de incertidumbre”, como se refirió el banquero italiano a la fortaleza reciente del euro.

No es la primera vez que esta cuestión figura entre las principales preocupaciones del banco central de la eurozona. Ya en sus comparecencias de septiembre y octubre, Draghi hizo alusiones semejantes en torno a la apreciación de la divisa. Pero la situación no ha hecho sino agravarse en los últimos meses y el euro se mueve ya en sus niveles más elevados desde finales de 2014. En poco más de un año, la moneda se ha reforzado más de un 20% frente al dólar.

El euro superó los 1,25 dólares por primera vez desde 2014 tras las palabras de Draghi

La cuestión no es baladí: un euro más fuerte dificulta las exportaciones -un elemento esencial en la recuperación que ha experimentado la economía europea en los últimos años- y abarata las importaciones, lo que supone un elemento en contra de la inflación. La agencia S&P estima que la inflación de la eurozona sería hasta 0,7 puntos porcentuales superior si la divisa se hubiera mantenido en los mismos niveles en que se encontraba a inicios de 2015, cuando el BCE puso en marcha el programa de compra de deuda (QE).

De este modo, parece obvio que el BCE se muestre preocupado sobre un movimiento que puede echar por tierra sus esfuerzos para combatir los efectos de la crisis. Pero como recordó Draghi durante su comparecencia de este jueves, “el BCE no tiene un objetivo de tipo de cambio para el euro”, por lo que lo único que se mostró dispuesto a hacer es vigilar la marcha del euro para evaluar si tiene un efecto negativo sobre las perspectivas de la inflación.

En su opinión, aún es prematuro para conocer esos efectos, por lo que habrá que esperar a marzo, cuando los economistas del banco central presentarán una actualización de sus previsiones sobre la economía y la evolución de los precios durante los próximos ejercicios. “En marzo tendremos proyecciones y veremos lo que ocurre”, señaló Draghi.

Mientras tanto, se agarró a sus instrumentos habituales en sus últimas comparecencias: las compras de deuda se mantendrán hasta septiembre o más allá si fuera necesario, los tipos de interés seguirán a sus niveles actuales mucho más allá -incluso señaló que ve pocas opciones de una subida de tipos en 2018- y el BCE mantendrá un firme compromiso por asegurar que el rumbo de la inflación se dirige hacia su ansiado objetivo, cercano -pero por debajo- al 2%.

Además, el presidente del BCE se expresó sorprendido por la interpretación que hizo el mercado de las actas de la última reunión, en la que parecía anticiparse el inicio del fin de los estímulos, lo que impulsó aún más al euro.

La fortaleza de la moneda europea amenaza con posponer aún más la recuperación de la inflación

Nada de esto pareció suficiente a los inversores, que esperaban un Draghi más beligerante contra la fortaleza del euro. La reacción del mercado fue elocuente: la moneda europea llegó a remontar cerca de un 1% y se situó por encima de la barrera de los 1,25 dólares por primera vez desde que el banco central puso en marcha el QE.

En paralelo, las rentabilidades de los bonos europeos reaccionaron al alza, evidenciando que tras este mensaje los inversores ven como se acerca el fin de las políticas de estímulos extraordinarios del BCE. El interés del bono alemán a 10 años alcanzó sus niveles más elevados desde el pasado verano, por encima del 0,6%. Y la deuda española al mismo plazo también puso fin a su buen tono reciente, con un repunte de sus costes de seis puntos básicos, hasta el 1,41%.

La lucha del BCE para reactivar los precios sigue en marcha. La victoria aún debe esperar. Y el euro amenaza con eternizar la espera.