Los anales de la crisis reservan un lugar destacado al comentario del entonces presidente español José Luis Rodríguez Zapatero cuando aseguró que “la economía española ha entrado en esta legislatura en la Champions League de la economía mundial”. Era septiembre de 2007 y algunas señales empezaban a apuntar a un deterioro económico, pero desde el Gobierno se insistía en desmentir la crisis que se avecinaba.

No pasaría mucho tiempo hasta que la economía española se viera bruscamente relegada en el escalafón global y sus logros tornaran en faltas. Una referencia, la prima de riesgo, se convirtió por aquellos días, con su vertiginoso ascenso, en el termómetro más elocuente del descalabro de un país que en el verano de 2012 se asomó al abismo del rescate.

Esa referencia, que en los momentos de máxima tensión llegó a rondar los 700 puntos, se situaba ahora en el entorno de los 70 puntos básicos, los mismos niveles que mostraba a inicios de 2010, antes de que la crisis de la deuda hiciera naufragar la confianza inversora en el país.

La decisión adoptada este viernes por la agencia S&P de elevar el rating de España a niveles de notable (A-) puede entenderse como un salto cualitativo en la lucha del país por volverse a hacerse un hueco entre las grandes potencias económicas mundiales. Sólo dos meses después de que Fitch permitiera al país, seis años después, volver a lucir una A en su listado de notas, S&P viene a confirmar que la confianza en la economía española ya no es algo excepcional.

La nueva subida de rating facilita la entrada de nuevos inversores en la deuda española

Es cierto, que la agencia Moody’s sigue mostrándose reacia a elevar su calificación de la deuda de España a niveles semejantes -de hecho, la mantiene aún dos escalones por debajo- pero que dos de las tres mayores agencias de rating ya lo hayan hecho no es un asunto menor.

En primer lugar porque tiene un efecto práctico inmediato. Como explica Salvador Jiménez, analista económico y de mercados en Analistas Financieros Internacionales (AFI), “muchos inversores tienen el mandato de que es necesario una determinada escala de rating (en este caso A-) por dos de las principales agencias de calificación crediticia para poder comprar”.

En este sentido, desde la gestora de Credit Suisse en España, auguraban recientemente que, en caso de que S&P mejorara el rating español, sería previsible un trasvase de inversores desde bonos que actualmente ofrecen rendimientos inferiores -por ejemplo, el francés, cuyos títulos a 10 años rentan un 0,77%, frente al 1,27% de los españoles.

No obstante, los expertos no esperan una gran mejora de la deuda a corto plazo, ya que ésta acumula ya una fuerte mejora en los últimos meses, lo que ha rebajado sus rentabilidades a mínimos en un año y medio. Desde el inicio de año, los intereses del bono español a 10 años han descendido ya 30 puntos básicos.

Un seguro contra nuevos riesgos

Pero lo que sí representa este paso es una red de seguridad frente a una de las principales amenazas que enfrenta la economía española: la previsible subida de los tipos de interés en la eurozona en los próximos trimestres.

“A mayor rating más atractiva será la deuda española, lo que debería limitar algo las subidas de interés que se esperan en los próximos años, cuando el BCE vaya retirando estímulos y aplicando una política monetaria más restrictiva”, explica Ángel Talavera, economista principal de Oxford Economics para la eurozona.

Para un país como España, en el que la deuda pública ronda el 100% del PIB, las rebajas de los costes de la deuda en los últimos años, motivados en gran medida por las políticas de estímulos del BCE han representado un alivio incuestionable. Si a la carga actual de deuda del Tesoro se le aplicaran los tipos medios de 2011 el país tendría que asumir un sobrecoste anual superior a los 15.000 millones de euros respecto al escenario actual.

Por eso es tan relevante para el país recobrar la confianza del mercado y atraer al mayor número de inversores posibles que puedan tomar el relevo del banco central cuando éste retire en los próximos meses su apoyo a la deuda.

El posible encarecimiento de la deuda por el fin de las compras del BCE es una gran amenaza para España

Para ello, España puede exhibir desde hace meses un saludable ritmo de crecimiento, que se ha plasmado en tres años consecutivos de expansión económica a ritmos de superiores al 3%. Sin embargo, obstáculos como la crisis catalana, habían impedido en los últimos que estos hitos se reflejaran en una mejora de la calificación de su deuda.

“La subida es importante por la señal que manda a los mercados y porque pone a España en el escalón A de ratings, que es donde creemos que debe estar. Creemos que las agencias de rating han infravalorado a España desde hace un tiempo y ahora están recuperando el terreno perdido”, observa Talavera.

Para ello, la economía española parece dispuesta a seguir ofreciendo argumentos para consolidar el prestigio recuperado. Y es que, desde diversos ámbitos, se apunta a que el país seguirá encabezando el crecimiento en Europa durante los próximos años. No en vano, esos buenos augurios son los que han llevado a S&P a mantener en perspectiva positiva la nota que otorga a España, lo que deja abierta la puerta a futuras mejoras en el medio plazo.

Sin duda a España le queda mucho camino por recorrer si espera recuperar la Triple A que llegó a lucir antes de que la crisis hiciera trizas la confianza en la economía española. Factores como la elevada deuda pública, la debilidad del mercado laboral, la recurrente tensión política promovida por las fuerzas separatistas y -con un carácter más estructural- el envejecimiento de la población son puntos débiles en el argumentario para reconquistar la matrícula de honor en los mercados.

La Champions League parece aún muy lejana para la economía española. Pero hoy el país puede celebrar que la zona de peligro ha quedado ya a años luz.