Las secciones sindicales de Renfe de CCOO y UGT en Cataluña se han dividido de cara a la manifestación independentista del domingo en Barcelona. La sección de UGT ha emitido una «resolución en asamblea extraordinaria» desmarcándose del secretariado nacional de Cataluña, que ha apoyado la protesta. La sección homóloga de Comisiones Obreras ha hecho caso omiso a la decisión del sindicato rival.

La cuenta de twitter de Sociedad Civil Catalana se ha informado de esta desvinculación, que ha sentado mal en la dirección autonómica. No por nada, una dirigente de UGT-Cataluña y diputada de ERC, Dolors Bassa, fue enviada a prisión el pasado 23 de marzo por el juez instructor Pablo Llarena tras una vistilla. Llarena, que había dejado en libertad a Bassa en noviembre junto con Raúl Romeva, Jordi Turull (que iba a ser investido president) y Josep Rull, decidió revisar hace pocas semanas la situación procesal de los acusados tras redactar su auto de procesamiento por la declaración unilateral de independencia de Cataluña. UGT-Cataluña defiende sin ambages a Bassa.

«200 afiliados»

Varias fuentes sindicales en Cataluña rebajan la decisión de la sección sindical de UGT en Renfe a «una decisión que afecta a 200 afiliados». Los sindicatos CCOO y UGT mantienen fuertes tensiones -internas y externas- desde el agravamiento social y judicial del procès: tras el 1-O, las direcciones de ambas centrales en la región catalana decidieron sumarse a las huelgas convocadas contra la represión policial.

Las direcciones confederales en Madrid lo han transigido, porque el independentismo lo predica como poco la mitad de la militancia de los dos sindicatos. A nivel estatal, CCOO ha ido mucho más allá de UGT, a pesar de que el secretario general ugetista, el catalán Pepe Álvarez, no ve con malos ojos un referéndum soberanista: el líder de comisiones, Unai Sordo, presentó en pleno auge del desafío soberanista una propuesta para una consulta pactada y más autogobierno en Cataluña.

Tensiones intersindicales

En medio de aquel clima la dirección de Renfe decidió, por primera vez en democracia, convocar su consejo de administración en Barcelona para supuestamente «arropar» a los ferroviarios no independentistas que trabajan en esa comunidad.