El Banco de España ha vertido un jarro de agua fría sobre los Presupuestos Generales del Estado del Gobierno para 2018. Duda de su previsión de ingresos que el Gobierno para este año, que de acuerdo con el texto alcanzarán niveles récord incluso con una rebaja fiscal en el IRPF milmillonario. Advierte de que esta previsión puede complicar la senda de consolidación fiscal cuando el déficit estructural, entendido como el saldo negativo sostenido de las cuentas públicas (el que le importa a Bruselas), sigue rondando el 3% del PIB, al margen de los factores coyunturales que han permitido cuadrar las cuentas en 2017.

Pero, sobre todo, avisa de que, en el caso concreto de las pensiones, las cifras de ingresos no dan de momento para evitar una pérdida significativa de poder adquisitivo de los pensionistas.

El gobernador del Banco de España, Luis María Linde, ha lanzado estas advertencias en la primera de las comparecencias sobre Presupuestos que estos días tendrán lugar en la comisión correspondiente del Congreso de los Diputados.

Linde ha desinflado el triunfalismo del Gobierno. La economía española sigue creciendo un ritmo fuerte, pero siguen haciendo falta, a su juicio, reformas que sustituyan el impulso temporal que han proporcionado factores como la política monetaria expansiva que el BCE está a punto de empezar a revertir, y que conjuren además posibles episodios de “falta de confianza” derivados de la persistencia del conflicto catalán.

La clave está en los ingresos

Dadas esas cautelas, el gobernador del Banco de España ha llamado a la prudencia a la hora de fiar la consolidación fiscal al avance de los salarios y empezar a desarrollar una política de gasto más expansiva.

El proyecto de Ley de Presupuestos prevé unos ingresos tributarios, antes de la cesión a los entes territoriales, un 6% superiores a los de 2017, y un repunte de los ingresos por cotizaciones del 5,1%.

Pues bien, Linde estima que, dada la previsión macroeconómica y el impacto de los cambios normativos, como la rebaja fiscal prevista, haría falta “una respuesta de recaudación a la actividad superior a la observada históricamente”. “(La previsión de ingresos) parece optimista, pero no es imposible”, ha añadido.

Por ello, ha aconsejado “un seguimiento continuo de la evolución de la recaudación durante el ejercicio”, para poder hacer ajustes por el lado del gasto o de los ingresos antes de que se ponga en peligro el cumplimiento del objetivo de déficit del 2,2% del PIB en 2018.

En todo caso, el gobernador del Banco de España ha llegado a aconsejar al Gobierno que sería conveniente una “revisión” de los impuestos, para acomodarlos al nivel de gasto que se marque en cada momento. Y al mismo tiempo, ha considerado que es el momento de ‘cerrar el grifo’ de la financiación estatal a las comunidades autónomas a través de mecanismos como el Fondo de Liquidez Autonómico (FLA), para empezar a financiarse en los mercados.

Las pensiones son un problema

Pero si hay algo que preocupa al Banco de España a la hora de valorar la capacidad de generar nuevos ingresos del Estado, es el peso de las pensiones.

Si por un lado ha llamado la atención sobre la posibilidad de que los ingresos por cotizaciones no suban lo previsto, Linde también ha advertido que el envejecimiento podría incrementar el gasto por pensiones, sanidad y cuidados de larga duración entre 1,5 y 2 puntos porcentuales del PIB anuales hasta 2050. Estas partidas podrían comerse más del 21% del PIB para entonces.

Dicho esto, ha recalcado que los mecanismos de control de  gasto incluidas en la reforma de las pensiones de 2013 frenarán estas escalada, y que, en ausencia de ingresos adicionales, “el ajuste se produciría principalmente a través de una tasas de sustitución de las pensiones públicas”.

Dicho de otro modo, las nuevas altas en pensiones, que a su juicio “son elevadas en comparación internacional”, serían cada vez menos generosas, lo que “exigiría incrementos muy significativos de los ingresos del sistema”.

En todo caso, dado que en el Pacto de Toledo cobra cada vez más fuerza la posibilidad de volver a indexar las pensiones al IPC, Linde ha aconsejado que cualquier estrategia de reforma elegida aumente la transparencia, refuerce la relación entre las cotizaciones que se aportan y las prestaciones que después se cobran y “mantenga un mecanismo de ajuste que garantice el equilibrio financiero”.