«No podemos esperar más», afirmaba este lunes el presidente de la República de Italia, Sergio Mattarella. Dos meses después de unas elecciones que arrojaron un parlamento completamente dividido, con las fuerzas populistas como los actores principales, el país sigue navegando sin Gobierno y, lo que es peor, sin visos de poder conformarlo en el corto plazo.

La incapacidad de los principales partidos y, en especial, del antisistema Movimiento 5 Estrellas y de la derechista Liga Norte -los que más se han aproximado en este periodo- para encontrar puntos de acuerdo que permitan desbloquear la situación ha llevado al presidente Mattarella a plantear nuevas elecciones. Su intención sería, no obstante, la formación de un Ejecutivo profesional, de perfil técnico, que tuviera como misión la aprobación de unos los presupuestos para 2019, antes de la celebración de nuevos comicios en diciembre.

Pero ninguno de los principales partidos parece dispuesto a asumir este escenario de interinidad y presionan al presidente italiano para que la nueva cita electoral tenga lugar cuanto antes y, preferiblemente en Italia.

Esta situación empieza a causar inquietud entre los inversores, como se demuestra este martes en el negativo comportamiento de la bolsa y la deuda italiana. El Ftse Mib trasalpino registra recortes superiores al 2%, en lo que representa su peor desempeño en dos meses. La banca corre con la peor parte, con BPER Banca, BPM y FinecoBank sufriendo caídas en el entorno del 4%. Por su parte, en el mercado de deuda, la rentabilidad del bono trasalpino se eleva 9 puntos básicos, en su peor día del año, y se sitúa por encima del 1,85% por primera vez en seis semanas.

«No es un buen día para los activos italianos». Los mercados están comenzando a sentir la presión de las elecciones «, dijo Carlo Franchini, jefe de clientes institucionales en Banca Ifigest de Italia, en declaraciones a Reuters.

Los inversores temen que el estancamiento de la situación impida a Italia abordar a medio plazo sus problemas más acuciantes

Estas cifras suponen un giro notable en la actitud del mercado hacia los activos italianos. Desde las pasadas elecciones, los inversores se han mostrado sorprendentemente confiados en torno al país, que se había traducido, por ejemplo, en una escalada del 12% desde finales del pasado mes de marzo.

Para Nicola Mai, responsable de análisis de crédito soberano en Europa de Pimco, las claves del buen comportamiento que había mostrado hasta la fecha el mercado italiano se debía a una conjunción de factores, entre los que se encontraba la moderación en el discurso de los partidos vencedores en los comicios –mucho menos antieuropeo de lo que era hace tan solo unos pocos trimestres– y la confianza en que el actual crecimiento que registra Italia, en paralelo al que viene produciéndose en el conjunto de Europa, cuenta con unos fundamentos a prueba de incertidumbres políticas.

Pero el escenario de prolongada interinidad que se atisba en el país puede acabar dando fuerza a los recelos, máxime en un escenario en el que la recuperación económica europea parece estar perdiendo vigor e Italia mantiene pendientes serios retos económicos. «Los riesgos a corto plazo de la evolución macroeconómica y política parecen contenidos, pero persisten los desafíos a medio plazo derivados de la elevada deuda pública y el bajo potencial de crecimiento en un contexto de aún vacilante estructura de gobernanza en la eurozona», advertía May.

Unas nuevas elecciones en un plazo tan breve -algo inusitado en Italia, pese a su amplio historial de inestabilidad política- no solo encierra el riesgo de un resultado semejante al actual, sino que, de lo contrario, podría dar pie a un reforzamiento de los dos principales partidos actuales, cuyos planteamientos siguen viéndose como menos propicios para los mercados, especialmente por su retórica más beligerante ante Europa.

En este contexto, el euro alcanzaba este martes sus niveles más bajos en 2018, por debajo de los 1,19 dólares. En los últimos tres meses, ha visto esfumarse un 5% de su valor.