El precio de la vivienda mantiene la tónica ascendente. La valoración del metro cuadrado alcanzó durante el mes de mayo los 1.589 euros, lo que representa un avance del 3,05% más que en el mismo mes que el año anterior y un 1,08% más que el mes anterior, según un informe publicado por pisos.com.

El director de estudios de pisos.com, Ferran Font, ha explicado que, aunque la subida de los precios ha perdido algo de intensidad, la excepción la están protagonizando los mercados locales de primera línea, donde la presión generada por el interés del comprador e inversionista y el «lento» desarrollo de nuevas promociones provocan el tensionamiento entre la oferta y la demanda.

El repunte de los precios en mayo estuvo encabezado por las regiones turísticas, con Baleares y Canarias a la cabeza, con subidas superiores al 12%, seguidas de Cataluña, donde la vivienda se encareció un 11,8%. En el lado opuesto, Aragón, con un descenso del 6,1%, y Murcia y Extremadura, con recortes del 4,9 y el 4,4%, respectivamente, registraron los descensos más notables.

País Vasco, Baleares y Madrid se sitúan como las regiones con el metro cuadrado más caro

Con estos movimientos, País Vasco se situó como la región más cara, con un precio medio del metro cuadrado de 2.650 euros, seguida de Balerares (2.572 euros) y Madrid (2.125 euros). Entre las más baratas resalta Castilla-La Mancha con un precio de 876 euros, seguida de Extremadura (1.029 euros) y Murcia (1.108 euros).

 

Para Font, «estamos siendo testigos de un momento en el que el sector residencial gana madurez y modera poco a poco sus picos de crecimiento y descanso», que también ha señalado que es esencial que se diluya la brecha entre salarios y precios de venta para mantener la trayectoria expansiva del mercado dentro de márgenes aceptables.

Sobre «la tímida vuelta» de las hipotecas al 100%, Font ha insistido en que «no se puede volver a caer en la misma trampa». Así, el directivo ha asegurado que no se puede resolver el problema del acceso a una hipoteca con ofertas complejas en las que «el cliente firma lo que sea con tal de obtener financiación».

«Ya habíamos conseguido que los futuros propietarios fueran coherentes con respecto a sus finanzas, analizando su solvencia y su capacidad de endeudamiento, no sería justo que las entidades volvieran a asumir los riesgos del pasado», ha apostillado.