A nadie escapaba, cuando Santander anunció el 7 de junio de 2018 que se había hecho con el control de Popular por un euro, que para las arcas del banco que preside Ana Botín el coste de la operación sería mucho más elevado. La maltrecha entidad, que había sido intervenida por el BCE por la fuga masiva de liquidez, requería profundas inversiones para sanear su balance y adecuarla a los estándares de su nuevo propietario. No en vano, Santander puso en marcha una macroampliación de capital por valor de 7.000 millones de euros nada más conocerse la adquisición.

Lo que puede ser más llamativo es que el banco que preside Ana Botín haya dedicado un esfuerzo económico nada despreciable a reformar la nueva sede de Banco Popular, situada a las afueras de Madrid, en torno a la carretera A2. Proyectado por Arquitectos Ayala y construido bajo la gestión de Bovis, Popular no dudó en destinar 144 millones de euros para levantar una sede de 120.000 metros cuadrados y dotada de altas calidades para acoger a alrededor de 3.000 trabajadores de su división corporativa.

Al coste de ese edificio, Santander ha sumado ya, desde inicios de este año, otros 10 millones de euros en remodelar un edificio que está destinado a alojar a la división de Santander España, que dirige Rami Aboukhair. Pese a heredarlo sin estrenar, el banco se ha embarcado en una serie de obras y modificaciones en el edificio, que no han hecho sino engordar la factura de la sede. Solo en el mes de junio, la entidad destinó unos cinco millones de euros a estas renovaciones, que se dividían en casi tres millones de euros a obras en el edificio y otros dos millones para la sustitución de mobiliario.

Fuentes conocedoras de las obras explican que, con independencia del coste, algunas de estas obras pueden justificarse por la diferente cultura corporativa que Santander querría reflejar en el edificio y por sus distintas necesidades. Entre éstos, se incluiría la exigencia de configurar espacios más abiertos que los que estaban previstos en el proyecto inicial o la división de despachos para dar cabida a más directivos en una misma zona. Con un área de trabajo que abarca unos 25.000 metros cuadrados, estas obras requieren, inevitablemente, una inversión considerable.

La exigencia de extender un ascensor privado hasta la planta -4 ha obligado a reorganizar tres plantas de párking

Sin embargo, otros gastos parecen responder a meras cuestiones estéticas o, incluso, a “caprichos” de los propios ejecutivos de la entidad, que habrían exigido costosas obras cuya importancia puede resultar más cuestionable, según estas mismas fuentes. Explican así que, por ejemplo, en el despacho más grande del edificio, que está conectado a un comedor se ha ordenado modificar el trazado del pasillo que une ambas estancias para sustituir el diseño en zigzag original por un recorrido en línea recta. Esta obra ha implicado, entre otras cuestiones, relocalizar los baños que se interponían en el recorrido.

Según fuentes conocedoras, en el edificio existen varios despachos de gran tamaño, que rondan los 400 metros cuadrados, y están unidos a una especie departamentos para directivos, equipados con pequeños gimnasios, terraza, varias salitas con sofás y comedor.

En la misma línea, las fuentes consultadas por este periódico se muestran sorprendidas por la reforma que ha obligado a extender el recorrido de un ascensos que unía la planta -1 del edificio, en la zona de aparcamientos, con un despacho privado. Ahora, quien ocupará ese despacho tiene previsto aparcar en la planta -4 y ha solicitado que se modifique el recorrido del elevador para conectarlo directamente con su plaza de parking, obligando a una reconfiguración de las restantes plantas del aparcamiento, ya que las obras han implicado el traslado de alrededor de 150 plazas.

La zona de parking ha sido lugar de otras decisiones onerosas y, a primera vista, poco reflexivas, ya que los operarios se han visto impelidos, en primera instancia, a retirar los bordillos, para facilitar la capacidad de maniobra de los trabajadores que aparquen sus coches en el garaje corporativo. Posteriormente, se ordenó volver a levantar los bordillos, al considerarse que su ausencia fomentaba que los conductores entraran demasiado rápido en el parking.

Los despachos más grandes de la sede están unidos a departamentos equipados con comedor, terraza o gimnasio

El listado de obras de reforma también incluye la sustitución de la madera que recubría los ascensores por espejos; la reorganización de baños ya construidos, cambiando la ubicación de los sanitarios de lugar, sin motivo aparente; o el desmontaje de un amplio jardín provisto de plantas muy valiosas y que estaba unido a un despacho, debido a que el nuevo usuario del mismo es alérgico. Fuentes que han participado en estas operaciones explican que, tanto en el caso de las maderas de los ascensores como en el de las plantas, ha resultado imposible su reutilización en otras ubicaciones, por lo que han sido desechadas directamente. Además, el banco ha optado por ocultar bajo moqueta centenares de metros cuadrados de suelo de granito, cuyo coste en el mercado ronda los 50 euros por metro.

Algunos empleados de Santander España ya se encuentran ubicados en su nueva sede, aunque no está previsto que el grueso de la plantilla se desplace a su nueva ubicación hasta después del verano.

Banco Santander obtuvo en el primer trimestre un beneficio de 2.054 millones de euros, tras ganar 6.619 millones en el conjunto de 2017. En los tres primeros meses de 2018, la entidad generó en España un beneficio de 455 millones, un 18% del total, tras registrar un crecimiento en la región del 26%, tras incorporar el negocio de Popular.

Tras la adquisición de Popular, Santander puso en marcha un ERE que afectó a 1.100 trabajadores del área de Servicios Centrales -el 70% de ellos provenientes de Popular- y está previsto que el próximo año inicie otro proceso de reducción de plantilla que se centrará en la red.