El director general de Personal de Adif, esto es, el responsable máximo de Recursos Humanos del administrador de infraestructuras ferroviarias con 14.000 empleados, ha durado menos de un mes en el cargo. Juan Manuel Santos Martín ha presentado su renuncia a la presidenta, Isabel Pardo de Vera. Según ha podido saber El Independiente en exclusiva, Santos Martín fue expedientado y arrestado en 1981 cuando, en calidad entonces de teniente del Ejército, decidió firmar el conocido como Manifiesto de los 100, un texto que en el que se acusaba a los medios de comunicación de «maltratar a las Fuerzas Armadas «y que vertía frases de simpatía hacia los militares golpistas que ejecutaron el Golpe de Estado del 23-F, liderado por el teniente coronel Antonio Tejero.

Santos Martín apenas ha durado un mes en el cargo

Santos ha dimitido y la dirección de Adif ha aceptado los motivos, según confirma el propio gestor ferroviario. Al parecer su adhesión al manifiesto se había convertido en un runrún en la empresa pública, llegando incluso a oídos al ministro de Fomento José Luis Ábalos. Según varias fuentes, el propio Ábalos habría tomado cartas en el asunto y pedido explicaciones, lo que finalmente ha llevado a Juan Manuel Santos Martín a presentar su baja. Fue nombrado en agosto.

Dos meses de arresto

Su trayectoria militar concluye, no obstante, en 1981. Según publicó ABC entonces, Santos Martín fue expedientado y condenado a dos meses de arresto en el Ejército. Según fuentes próximas a Santos Martín, el arresto fue eliminado de su hoja de servicios, disponible en el Ministerio de Defensa. En 1985 fue condecorado con la Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco por su dedicación al servicio.

Entre los firmantes estaba el ultraderechista Blas Piñar, fallecido en 2014 a los 95 años. Su publicación, a través de la agencia Europa Press, causó un revuelo sin precedentes en la cúpula militar, ya que se produjo la víspera del Consejo de Guerra contra los golpistas. El Ejecutivo de entonces era frágil, presidido por Leopoldo Calvo-Sotelo. Fue suscrito por un centenar largo de jefes y oficiales, rango en el que entraba entonces el hoy dimisionario jefe de Personal de Adif.

Su adhesión al manifiesto ha llegado a oídos de Fomento

Según su perfil de Linkedin, Santos Martín ha estado desvinculado desde entonces (1981) del Ejército, donde cursó la Enseñanza Superior Militar y perteneció a la 36º promoción. A continuación estudió un máster en la IESE Business School de la Universidad de Navarra y ha trabajado en recursos humanos en diferentes lugare: UTi Worldwide, la Escuela de Negocios de la Cámara de Comercio de Sevilla o en la Fundación Delivering Better Lives.

«Uso torticero»

Fuentes del entorno del dimisionario aseguran que está abatido. «Dimite para evitar que un uso de ese hecho basado en la mala fe y la manipulación más burda pueda dañar en lo más mínimo la imagen de la presidenta de Adif, Isabel Pardo de Vera, así como la reputación de la compañía», declaran. Además, Santos Martín «se reserva el derecho de acudir a los tribunales para actuar contra quienes pretendan utilizar dichos actos de manera torticera».

Santos Martín se reserva el derecho de acudir a los tribunales por el «uso torticero»

Su estampa («pecados de juventud», según algunos directivos del ente público) en el polémico manifiesto lleva días planeando sobre el ambiente de la empresa propietaria de la red convencional y de alta velocidad. El Manifiesto de los 100 estuvo dirigido contra de, sobre todo, los medios de comunicación críticos con los golpistas. «Los insultos y ataques a nuestros compañeros los consideramos dirigidos a la colectividad con las consecuencias que ello de lugar, pues tenemos el Código de Justicia Militar para corregir debidamente al que cometa alguna falta, y nuestra fama y prestigio no puede estar en boca de cualquiera», se leía en un párrafo.

En otro apartado, el manifiesto avisaba de que «cualquier información, reportaje, comentario o juicio de valor sobre la institución militar que pueda contribuir a su perfección y difusión, debe ser expuesto con conocimiento de la realidad castrense, con profundo respeto al ente militar y su misión, y total exclusión de espíritu destructivo en su planteamiento».