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Cuántos coches se venden y otras pistas que nos avisarán si viene otra crisis

Economía

Cuántos coches se venden y otras pistas que nos avisarán si viene otra crisis

La afiliación a la Seguridad Social, la confianza de los hogares o las compras en pequeños comercios son termómetros a tener en cuenta en plena desaceleración económica

La ministra de Economía, Nadia Calviño, asumía esta semana que «antes o después volverá a haber una crisis». Puede parecer una premonición, pero es más bien una obviedad: ese engranaje más humano de lo que parece que se llama economía tiene, como la vida misma, sus ciclos y altibajos. Sin embargo, en un momento en el que la economía española se desacelera y la discusión se centra en si lo hace mucho o poco, esas palabras pueden resultar inquietantes. ¿Habrá otra crisis a la vuelta de la esquina?

Se cumplen 10 años de la caída de Lehman Brothers, ese suceso que partió en dos el concepto de too big to fail (demasiado grande para caer) y dejó en evidencia a los analistas de medio mundo. Sin embargo, sigue siendo necesario tratar de prever qué va a hacer la economía en el futuro próximo.

En el ámbito privado para, por ejemplo, poder anticipar decisiones empresariales, y en el público para algo tan evidente como es poder saber qué recursos dispondrá el Gobierno para desplegar sus políticas. Para ello, los analistas manejan una serie de indicadores, primero para conocer en qué momento se encuentra el ciclo económico, y otros para adelantar lo que vendrá, puesto que reaccionan antes que el conjunto de la economía.

Cada uno tienes sus preferidos en virtud de las debilidades que se van detectando, pero algunos de estos indicadores, los que podríamos llamar termómetros de la economía, son ampliamente compartidos y pueden ser una guía para no perderse en los próximos trimestres, cuando estalle el cruce de mensajes, entre los que anticipan un escenario pesimista y los que se empeñen en quitar hierro a la coyuntura.

Afiliación, ventas minoristas y producción industrial

El economista y profesor de la Universidad de Alcalá, José Carlos Díez, se remite a la metodología desarrollada en Estados Unidos por el National Bureau of Economic Research (NBER) a la hora de delimitar el ciclo económico, que se resume en tres factores básicos: la afiliación a la Seguridad Social, las ventas minoristas y la producción industrial.

La economista senior de Funcas, María Jesús Fernández, coincide en que tanto la afiliación como los indicadores de producción industrial son robustos y están disponibles con muy poco retardo –el Ministerio de Trabajo y el INE los ofrecen con carácter mensual– y ofrecen un fotografía muy fiable del momento económico.

Los analistas coinciden en que la afiliación a la Seguridad Social es el dato más fiable

Respecto al primero de ellos, el economista jefe para España de BBVA Research, Miguel Cardoso, asegura que «no hay otro indicador que por calidad y periodicidad pueda competir» con la afiliación a la Seguridad Social.

¿Y qué es lo que ha pasado? Pues que los datos de empleo del mes de agosto no fueron positivos. La propia ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, hablaba de «preocupación» esta semana. Y es que, la Seguridad Social perdió en agosto una media de 202.996 afiliados (-1,07%) respecto al mes anterior, lo que situó el número de ocupados en 18.839.814 cotizantes.

El descenso de la afiliación en agosto en una constante en toda la serie histórica, coincidiendo con el fin de la temporada estival. De hecho, desde 2014 (-0,58%) esta caída se ha visto acentuada de mantera paulatina en 2015 (-0,78%), 2016 (-0,81%) y en 2017 (-0,97%). ¿Por qué? porque la creación de empleo está íntimamente ligada a la actividad económica y esta se va frenando poco a poco en paralelo al menor crecimiento del sector turístico, el pulmón del PIB.

La producción industrial, el conocido en la jerga de los economistas como IPI –por las siglas que le atribuye el Instituto Nacional de Estadística–, mide la evolución de lo que producen las ramas industriales, desde las industrias extractivas hasta la energía. Pues bien, entre enero y julio de este año se han producido cuatro descensos en tasa mensual, uno de ellos del 3% (el primer mes del año) y del 1,9% (en abril), y el mayor incremento ha sido del 1,2%, registrado en febrero. De los últimos cuatro meses, el IPI solo se incrementó en mayo un 0,7%. Así es que el sector industrial se ha embarcado en una menor producción que anticipa una menor demanda.

En el caso del comercio minorista, este dato que se conoce también con carácter mensual, da la idea de lo que los consumidores van a comprar a los comercios más próximos para abastecerse. En este caso, de los último cuatro meses se han registrado caídas respecto al anterior en tres de ellos, salvo en junio, cuando apenas aumentó un 0,2%.

Con estos tres datos, se puede decir de inicio que la economía española se desacelera y que, como precisa el Gobierno desde diversos frentes, por el momento la ralentización no presenta parámetros alarmantes.

¿Qué ocurrirá en el futuro?

Eso ya es más fácil de prever, pero los indicadores adelantados pueden ayudar. En este caso, el Ministerio de Economía cuenta con su particular ‘bola de cristal’, el conocido como Indicador Sintético de Actividad (ISA), que mete en una coctelera estadísticas como las ventas de las grandes empresas, la entrada de turistas, las importaciones no energéticas o el crédito a las empresas y familias. Con el resultado, Economía es capaz de hacer un diagnóstico bastante aproximado de la deriva que tomará el PIB en los siguientes meses.

En estos momentos, dicho indicador anticipa un crecimiento del PIB del 2,8% para este año, tres décimas menos que en 2017 y medio punto por debajo del nivel de 2016. Sin embargo, es de esperar que el crecimiento se reduzca finalmente al 2,7% puesto que otros indicadores que lo acompañan dejan entrever el efecto de la desaceleración.

Entre los que incluye Economía en su acervo y que también ponen sobre la mesa economistas como Gonzálo García, analista de mercados de AFI o Almudena Semur, secretaria general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), se encuentran la contribución de la demanda externa, las ventas de las grandes empresas, el sentimiento económico o la producción en la construcción.

Pero hay otros, como la venta de coches o las expectativas de los hogares en su situación económica, que también son de obligada consulta. Todos ellos deberían estar en la retina de los economistas durante los próximos trimestres.

Venta de coches y viviendas

En una transición de los más concreto a lo más abstracto, una buena guía son las compras de vehículos. ¿Por qué los coches? Porque son compras que se financian en el medio plazo, a lo largo muchas veces de una década. En ese sentido, cuando repuntan las ventas de coches los analistas interpretan que hay confianza suficiente como para embarcarse en una compra así.

La venta de automóviles dice mucho de la confianza de los consumidores en la economía

Puede ser que haya más trabajo y que este sea más estable y eso empuje a muchas personas a lanzarse a cambiar de coche. En cambio, cuando este indicador se frena muestra que los españoles o tienen menor capacidad de compra o ahorran preparándose para las vacas flacas. En estos momentos, la matriculación de vehículos goza de buena salud.

Según datos de la patronal de fabricantes de automóviles y camiones (Anfac), en los ocho primeros meses del año se ha registrado un crecimiento del 14,6%, hasta las 973.542 unidades respecto el mismo periodo año anterior. Destacar que el canal de las empresas experimentó un crecimiento del 85,7% en el mes de agosto.

Un termómetro similar son las ventas de viviendas, que hablan, más que de la confianza del consumidor, de su poder adquisitivo en un momento determinado y de las condiciones de acceso a la financiación.

La compraventa de vivienda se situó en junio en las 54.164 transacciones, lo que supone un ligero aumento interanual del 0,2%, y del 4% en la serie corregida de estacionalidad, según el último informe del Centro de Información Estadística del Notariado. Es un buen dato que los analistas creen que tendrá continuidad, al menos mientras no se materialice el esperado repunte de los tipos de interés.

Esta buena salud se detecta también en las condiciones de financiación, que siguen siendo laxas y asequibles para los compradores, lo que se refleja en un incremento en la concesión de créditos hipotecarios y también al consumo.

Es cierto que los créditos totales siguen presentando tasas negativas, pero expertos consultados recuerdan que esto es otro indicador positivo, por cuanto reflejan un avance de las amortizaciones más rápida que la concesión de crédito nuevo. Las cifras del Banco de España reflejan que el crédito a los hogares para la compra de viviendas caía en el torno del 3% hasta 2017 y ahora lo hace por debajo del 2%.

La confianza del consumidor

Todo ello redunda en otro indicador clave para los economistas, la confianza del consumidor, más concretamente en la marcha futura de su economía doméstica. Porque habitualmente los hogares son más pesimistas cuando se trata de la economía en general que respecto a sus propias finanzas. De ahí que la entrada en este caso en una tendencia descendente suela ser signo de que algo no va bien, habitualmente en el empleo.

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la confianza de los consumidores volvió a superar en agosto los 100 puntos por tercer mes consecutivo, tras llevar cuatro meses por debajo de esta cifra (febrero, marzo, abril y mayo). Por ello, la percepción de los consumidores se considera positiva, ya que cuando está por debajo de los 100 puntos se entiende como negativa.

Sin embargo, dentro de los dos indicadores que componen el índice de la confianza del consumidor, el de situación actual registró un descenso de 2,4 puntos, hasta 99,3 puntos, mientras que el indicador de expectativas cayó 4,9 puntos en agosto, hasta los 105,6 puntos. El retroceso de las expectativas de los ciudadanos es resultado de un descenso de 6,3 puntos en la valoración sobre la evolución futura de la economía y de la caída de 7,1 puntos de las expectativas sobre el empleo y de 1,2 puntos en la valoración sobre la situación futura de los hogares.

A la vista de estos resultados, parece que la confianza de los hogares va a menos, aunque en niveles positivos y, sobre todo, la confianza en la situación propia no es la que más cae.

Las ventas de las empresas

Otros dos indicadores más hablan de la evolución económica de las empresas, lo que incide indirectamente en la evolución futura del empleo. Se trata de las ventas de las grandes compañías y el PMI, una encuesta que se elabora a partir de las opiniones de empresas representativas y que a nivel local se denomina Índice de Gestoras de Compras.

Éste último indicador es uno de los termómetros macroeconómicos más extendidos, ya que da información de la marcha futura de empresas manufactureras, que está sintiendo estos días el frenazo del comercio exterior, o de servicios, a partir de información sobre sus pedidos, su nivel de producción o su ‘stock’ de compras. Es decir, que si esas cifras decaen suele ser porque la demanda comienza a apagarse.

El último dato avanzado publicado por IHS Markits reflejaba este viernes que en el mes de septiembre ha registrado el primer estancamiento de los pedidos para exportaciones de la eurozona desde 2013, lo que ha afectado de forma negativa al crecimiento económico del sector manufacturero. Un aviso en toda regla.

En el caso de las ventas de las grandes empresas, que también anticipan el tono de la economía y su exposición a los riesgos procedentes del exterior, se trata de otro indicador que habla de la aportación del sector exterior, pero también de la demanda interna. Como muestra, estas ventas crecen en tasa interanual a un ritmo del 3,4%, frente al 3,7% de 2017, sobre todo por el freno de las exportaciones –del 5,5% al 5,2%–, pero también por las ventas interiores –del 3,1% al 3%–.

Las finanzas y el Big Data

Otros factores que consultan los analistas son aún más complejos y, en los últimos años, dependen incluso del Big Data. Cardoso explica que, a nivel externo, una medida de incertidumbre que normalmente adelanta la evolución de la economía, sobre todo si el impacto negativo y el detonante es el mercado financiero, es la volatilidad en bolsa. Pero también la curva de tipos de interés sirve como indicador.

«Normalmente tiene una pendiente positiva. Esto implica que para tomar crédito a largo plazo hay que pagar un premio frente a si lo tomo a corto plazo. Si se invierte, esto puede ser señal de que el mercado piensa que los tipos van a caer pronto (normalmente por una recesión) y por lo tanto, pide menos rentabilidad a largo plazo», señala, para añadir que  «desde hace unos meses esto viene preocupando».

Sin embargo, hay otro elemento más que merece toda la atención estos días: la incertidumbre política. En el servicio de Estudios de BBVA manejan un indicador que mide, a partir del análisis de datos y con periodicidad mensual, este grado de inseguridad.

Aunando todos estos termómetros parece difícil anticipar una conclusión clara, ya sea positiva o negativa, pero se observa que, como señala el Gobierno, al menos en estos momentos, la situación sigue siendo sólida. De ahí que el Gobierno rechace todo tipo de alarmismos.

Sin embargo, la situación recuerda mucho a aquella de hace algo más de una década cuando el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero negaba la incipiente crisis. Tantos años después la economía ya no es tanto esa cosa aburrida de la que hablan las páginas salmón, los españoles saben más de lo que se les habla, y tienen a su disposición un termómetro para saber cuándo sube y cuándo baja la temperatura económica.

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