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El derrumbe de OHL le cuesta otros 260 millones a los Villar Mir en solo cinco meses

La compañía, que ha fulminado más de un 83% de su valor en 2018, ha registrado pérdidas de 1.335 millones de euros hasta septiembre

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El derrumbe de OHL le cuesta otros 260 millones a los Villar Mir en solo cinco meses
El derrumbe de OHL le cuesta a los Villar Mir otros 260 millones en sólo cinco meses.

El presidente de OHL, Juan Villar-Mir, junto a su padre y predecesor, Juan Miguel Villar-Mir. EFE

Resumen:

Hubo un tiempo en que OHL se erguía como la empresa más prometedora del mercado español en el sector de construcción. Con un negocio ampliamente diversificado en negocios y regiones, el grupo dirigido por Juan Miguel Villar Mir pronto dejó atrás las turbulencias ocasionadas por la crisis financiera de 2008 y en 2012 ya presentaba unos beneficios récord, por encima de los 1.000 millones de euros.

Tal evolución tenía su correlato sobre el parqué, donde OHL era frecuentemente señalada como uno de los valores favoritos de los analistas. El año de sus beneficios récord, la cotización de la compañía registró un avance superior al 17,5% y un año después sus ganancias superaban el 37%, llevando las valoraciones del grupo cerca de los 3.500 millones de euros.

Sin embargo, su suerte estaba a punto de cambiar. Muchos de aquellos proyectos en los que se había cimentado su espectacular crecimiento aquellos años se revelaron como insalubles y la promesa de mayores beneficios pronto trocó en números rojos que amenazaron la estabilidad de una compañía sometida al peso de una ingente deuda.

Desde entonces, la histórica constructora, en la que Juan Villar Mir tomó el relevo de su padre a mediados de 2016, ha emprendido una intensa batalla para escapar airoso de sus problemas y reconstruirse. Un reto en el que OHL ha tenido que recurrir a ampliaciones de capital, reducciones de plantilla y venta de negocios con el fin de enderezar su marcha y recobrar el respaldo de los mercados. Pero ni uno ni otro fin parecen hoy más próximos que entonces.

La compañía, que llegó a valorarse en cerca de 3.500 millones de euros capitaliza hoy poco más de 200 millones

La compañía publicaba en la tarde de este miércoles unas cifras de negocio aterradoras. El grupo constructor ha completado los nueve primeros meses de 2018 con unas pérdidas atribuibles de 1.335 millones de euros y un Ebitda negativo de 467,5 millones. Justo antes, sus acciones habían sellado un nuevo descalabro bursátil: cedieron un 18%, prolongando una agonía que le ha llevado a restar un 35% de su valor en siete jornadas consecutivas de caídas. Y ese castigo queda en poco si se amplía el foco: solo en 2018, los recortes superan ya el 83% y su capitalización apenas supera ya los 200 millones de euros.

Las continuas promesas desde la dirección del grupo de que lo peor había quedado atrás y OHL encaraba ya la fase de recuperación de su negocio han ido quedando una tras otra en papel mojado, agrandando su descrédito ante los inversores. “Año tras año, a cada presentación de resultados se rehacían los números, se retiraban las previsiones realizadas apenas semanas antes y aparecía información desconocida que te obligaba a meterle un tajo a la valoración del grupo”, señala un analista que cubre la evolución de la compañía.

A los expertos hace tiempo que no les cuadran los números en torno al grupo ni las actuaciones de su dirección. Tras cerrar la venta de su negocio de Concesiones por cerca de 2.000 millones de euros, el grupo ha afrontado 2018 con una holgada posición de caja que, sin embargo, ha preferido no emplear en la refinanciación de su deuda, por la que asume unos costes financieros elevados en el entorno de mercado actual. “Es difícil de entender. Te lleva a cuestionarte si no están previendo un deterioro adicional que les obligue a echar mano de ese dinero”, indica otro analista.

Ni siquiera la obtención de nuevos contratos despierta las esperanzas de los inversores debido a su mayor desempeño

El descrédito de la compañía es de tal calibre que ni siquiera la consecución de nuevos proyectos logra despertar algo de esperanza entre los inversores. El pasado 5 de octubre el grupo anunció la obtención de su mayor contrato en Estados Unidos, por un importe superior a los 200 millones de euros. Pero el impulso inicial de la noticia pronto se evaporó. “Cada proyecto que ganan se acaba convirtiendo en fuente de nuevas pérdidas. A veces piensas que es casi mejor que no accedan a nuevos contratos”, apuntan con resignación fuentes del mercado.

Así, los expertos reconocen que con los números conocidos en la mano la valoración de OHL debería ser superior a la actual, “pero nunca sabes que nueva sorpresa negativa está por salir”.

El desmoronamiento de un grande

En este contexto, la sucesión de movimientos en el capital y la dirección del grupo no han hecho sino acrecentar la desconfianza de los inversores. Especialmente el paso dado el pasado junio por el Grupo Villar Mir, que por primera vez cedió la mayoría en el accionariado de OHL al vender una participación del 12%.

En un movimiento justificado por las necesidades de liquidez a las que debía hacer frente el hólding familiar, el paso atrás dado por los históricos propietarios de la constructora, producido poco después de la presentación del plan estratégico del grupo fue entendido como una señal nada alentadora. Y las noticias posteriores no harían sino afianzar esa sensación.

El 12% de OHL que los Villar Mir vendieron en junio por 98 millones hoy solo se valora en

Desde entonces, las acciones de OHL no han logrado detener la sangría, hasta el punto de que el 12% que entonces vendió el Grupo Villar Mir por 98 millones de euros, hoy tendría una valoración de mercado de tan solo 25 millones de euros. De hecho, el 38,3% que aún controla la familia Villar Mir se valora hoy en menos de la cantidad por la que vendió ese 12%. Hoy su participación en el grupo capitaliza 82 millones de euros, 262 millones menos que en el momento de aquella operación, hace ahora cinco meses.

Envuelto en diferentes escándalos judiciales, el emblemático empresario Juan Miguel Villar Mir ha visto cómo el conglomerado que comenzó a levantar hace ahora 30 años, tras la compra de Obrascón a Altos Hornos de Vizcaya, se ha ido desmoronando de forma vertiginosa sin que ninguno de los pasos dados hasta ahora haya logrado revertir la situación.

Con los dramáticos resultados de estos nueve primeros meses de 2018, que defraudan las expectativas del mercado en casi todas sus líneas, la dirección de OHL ha lanzado la idea de que se acerca un punto de inflexión y que a partir de ahora “se espera una recuperación gradual de la actividad, centrándose en la rentabilidad y la generación de caja orgánica en su negocio recurrente”. Enderezar el negocio del grupo será, sin duda, un enorme reto para el equipo que dirige José Antonio Fernández Gallar. Convencer al mercado de que esta vez sí será parece aún más difícil.