Economía ENTREVISTA

Alex Acero: "Mucha gente quiere ligar con Siri"

El responsable del asistente por voz de Apple analiza los retos de la industria en el marco del I Congreso de Inteligencia Artificial de Alicante

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Alex Acero: "Mucha gente quiere ligar con Siri"
El responsable de Siri en Apple, Alex Acero, tras su intervención en el I Congreso de Inteligencia Artificial de Alicante.

El responsable de Siri en Apple, Alex Acero, tras su intervención en el I Congreso de Inteligencia Artificial de Alicante. EFE

Resumen:

«Poner en el mercado esta tecnología ha sido muy impactante», explica Alex Acero, director senior del departamento de Siri en Apple. Este español es el encargado de dirigir el equipo encargado de Siri, el asistente de voz más famoso del mundo que tiene en los iPhone más de 500 millones de usuarios que ya lo utilizan «activamente».

Al pedirle a Acero que recuerde una de las funciones de Siri de la que esté más orgulloso, no duda en recordar una vez que Siri sirvió para que un conductor nada más tener un accidente de coche que tenía las manos inmovilizadas pudiera salvarse por decir ‘Oye, Siri, llama a la policía’. Como el asistente se activa inmediatamente sin necesidad de apretar ningún botón, gracias a ello le pudieron ir a rescatar. «Imagina la satisfacción que te da saber que hemos salvado una vida», comenta el ingeniero que ha asistido al I Congreso de Inteligencia Artificial de El Independiente.

Hace 35 años lo recolucionario era hablar ‘por’ un móvil, cómo imaginar que podríamos hablar ‘con’ el teléfono mismo

Acero, que hoy en día es una de las personas más influyentes del mundo tecnológico en todo el mundo, acabó la carrera de Telecomunicaciones en la Universidad Politécnica de Madrid en 1985. Acababa por entonces de salir al mercado el primer teléfono móvil de la historia, el mítico ladrillo Motorola que pesaba 800 gramos y medía 25 centímetros. Ya era bastante revolucionario para la época poder hablar desde cualquier parte con uno de estos portátiles, como para poderse imaginar que tres décadas después además de hablar por un móvil, podríamos hablar con el teléfono mismo.

«En los 80, no se conocía bien y era una tecnología en fase de investigación, no la utilizaba nadie», recuerda Acero, que con veintipocos ya apostó por el reconocimiento de voz para su trabajo final de carrera. Fue a EEUU a hacer el doctorado en la Universidad Carnegie Mellon y pasó 20 años en el departamento de Microsoft «mejorando los algoritmos», comenta con naturalidad.

Pero la posibilidad de hacer algo realmente práctico en este campo le llegó con la oportunidad de dirigir el departamento de Siri, donde lleva desde 2013. En estos años el asistente de Apple no solo ha aprendido diferentes idiomas, también ha aprendido a procesar cualquier pregunta. «Después de 25 años investigando este tema, de repente vi que por fin podía ser algo más que conferencias y algoritmos. Siri era mi oportunidad de tener un impacto real en la vida de la gente».

Acero acertó. La voz es el futuro y en los últimos tres o cuatro años está empezando a hacerse realidad. Ahora que los asistentes de voz salen de los teléfonos para llegar también al hogar con aparatos como Alexa de Amazon, Google Home y el HomePod de Apple, poco a poco muchas de las interacciones que estábamos acostumbrados a hacer con las pantallas pasarán a ser «diálogos» con las máquinas. En vez de teclear lo que necesitamos, nos iremos acostumbrando a pedírselo directamente hablando con ellas.

«Aunque no creo que las pantallas desaparezcan nunca del todo», matiza Acero. «A veces es más rápido leer algo que escucharlo. Pero poco a poco la gente los usa cada ve más y ven que funciona», añade con entusiasmo. «Cuando Siri salió tenía muchas deficiencias pero estaba claro que iba a ser el futuro y lo estamos consiguiendo. El deep learning va a cambiarnos la vida porque aspira a ser la réplica de nuestros cerebros a nivel artificial. Todavía solo hace una fracción de lo que podrá, pero aumenta a un ritmo vertiginoso. Y eso no sabemos dónde va a llegar».

Enamorarse de Siri no es ciencia ficción

Acero trabaja en Cupertino para que Siri no solo sea un asistente básico al que pedirle que marque un número de teléfono, busque una dirección o encienda y apague las luces de un hogar conectado, que es para lo que más se usan estos asistentes hoy en día. Su equipo de 60 ingenieros en Silicon Valley trabaja para enseñarle a hablar con soltura, casi como si fuera humano.

«No digo que los robots de ciencia ficción que nos quieren conquistar no vayan a llegar, pero no creo que lo vea ni aunque siga trabajando 20 años más en esto», afirma Acero, siempre muy cauteloso en sus predicciones porque «es algo muy arriesgado de hacer en tecnología, prefiero decir que me he dejado la bola de cristal en casa». Lo que sí se atreve a vaticinar  en un futuro mucho más cercano, » es que se pueda conversar con Siri. Es muy complicado porque no solo se trata de la parte verbal, sino de la inteligencia que requiere. Lo más difícil es lograr la comprensión y el razonamiento. Pero eso sí que creo que será posible antes de que me jubile».

Siri están investigando sistemas para tratar de detectar síntomas de depresión en los usuarios de Siri y poder ayudarlos de alguna manera

Entre las cuentas pendientes de las máquinas está la falta de empatía. «Una de las razones porque las personas prefieren a veces hablar en vez de escribirnos es porque queremos expresar o escuchar los sentimientos del otro. Por eso tenemos que trabajar en que el tono de la respuesta de Siri sea el adecuado. Si estas buscando algo y Siri no lo encuentra no te gustaría que te dé malas noticias con tono de alegría», explica. Por eso en el equipo de Acero también hay psicólogos además de ingenieros. «También necesitamos lingüistas para traducir bien el lenguaje natural al lenguaje de programación y para que nos ayuden a pronunciar bien todas las palabras en cada idioma».

Analizando los audios de los usuarios para mejorar el sistema, el equipo de Acero se encuentra a menudo  «que mucha gente habla con Siri como si fuera una persona». De hecho, nos desvela el director del departamento de Cupertino que están desarrollando sistemas para tratar de detectar síntomas de depresión en los usuarios y poder ayudarlos de alguna manera: «Notamos, por ejemplo, que hay gente muy triste. Si alguien le dice a Siri que está pensando en acabar con su vida, es importante que Siri, además de detectar cuál es su estado de animo del usuario, le ofrezca ayuda. Estamos investigando para que Siri pueda servir de ayuda». Y añade, con pesar: «Se nos cae el alma al transcribir ciertas conversaciones y ver que hay gente en ese estado tratando de hablar con Siri».

Pero de momento las claves para interpretar el estado de ánimo están en las frases que se le dicen a Siri, porque notar si alguien está o no deprimido o solo con el tono de la voz es muy complicado. «A veces no es fácil para las personas», explica el experto. «El  otro problema es qué haces una vez que lo detectas. Nos ha pasado a todos darnos cuenta de que un amigo o una amiga está triste y tampoco sabes bien qué hacer en muchas ocasiones».

«Querríamos que Siri fuera como su amigo», afirma Acero. «Que le dijera unas palabras de ánimo a la persona que le está contando sus problemas

«Querríamos que Siri fuera como su amigo», afirma Acero. «Que le dijera unas palabras de ánimo a la persona que le está contando sus problemas, como dicen los amigos». De eso se encargan los psicólogos que están en el equipo de Siri. No saben programar ni son expertos en inteligencia artificial, su labor es diseñar una personalidad para el asistente de voz y darle forma a los diálogos, es decir, lo que tiene sentido que Siri responda a cualquiera de las preguntas que le hacen. «Estamos trabajando también en la parte social detrás de la interacción humana. ¿Qué es lo que quiere alguien que pide amor a Siri o que le pregunta: ‘Oye, Siri, qué vas a hacer esta noche?». A insinuaciones como esta, Siri responde con ironía prefabricada: «Estoy ocupada atendiendo a los usuarios». También le cuenta chistes a los usuarios que se lo piden, que por lo visto también es un pasatiempo curioso que divierte a muchos usuarios de esta tecnología.

«También mucha gente quiere ligar con Siri», reconoce Acero. «Es difícil saber con exactitud cómo de en serio lo intentan, pero aunque muchos están jugando, no todos lo hacen en broma. A lo mejor saben que no es más que una fantasía, pero  sorprende la de cosas que le pueden llegar a decir». Al fin y al cabo, cuanto más frecuente sea relacionarnos con estos asistentes por la voz y más sofisticados se vuelvan, más familiares se volverán para nosotros. «No me parece descabellado que alguien se pueda llegar a enamorar de Siri como en la película Her«.

De hecho, para este ingeniero apasionado de la inteligencia artificial, desarrollar asistentes de voz cada vez más sofisticados no solo es un reto tecnológico, también le ve una función social. «Pensamos que es importante que Siri pueda hacer compañía a las personas en el futuro», explica. «Nos gustaría que cumpliera una función social. A las personas mayores que están solas y no tienen con quién hablar, les daría un servicio emocional si pudiera mantener una conversación con la gente que está sola».

Aunque Acero reconoce que pueda llegar a plantear dilemas éticos, cree que las preocupaciones que más deberían ocuparnos al analizar esta tecnología son los asuntos relacionados con la provacidad. «La legislación tendrá que ir avanzando en este campo», apunta. ¿Qué pasa con las conversaciones que tenemos con las máquinas? ¿Quién más las oye? Acero presume de lo cuidadosa que su empresa es con la privacidad. «Aunque analizamos lo que Siri nos dice, el identificador no está sincronizado con los emails ni con las noticias que lees ni con las tarjetas de crédito. Y al cabo de 5 años se elimina. Apple tampoco lo comercializa a terceros ni utiliza esta información para hacer ventas de ningún tipo». En el departamento que dirige Acero se analizan millones de mensajes intercambiados con Siri «pero solo para mejorar el sistema», puntualiza. «Internamente ni siquiera podemos darle esos datos a otros grupos de la empresa».