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Francisco González: los privilegios de un presidente de honor

El presidente de BBVA, a punto de dejar el cargo ejecutivo, aspira a hacer uso del jet privado y mantener su servicio de seguridad, chófer, secretaria y despacho VIP

Francisco González, presidente de BBVA.

Francisco González, presidente de BBVA. EP

Francisco González (Chantada, Lugo, 1944), el último banquero de la vieja guardia, deja el día a día de BBVA, pero mantiene parte de sus privilegios. A partir de enero se despide de la presidencia ejecutiva del grupo, pero su doble nombramiento como presidente de honor del banco y de la fundación le permite seguir disfrutando del trato exclusivo del que gozaba hasta ahora.

FG -tal como se le conoce en el sector financiero- dispondrá de servicio de secretaría, seguridad (cuenta con un nutrido dispositivo) y chófer. Fuentes cercanas al ejecutivo aseguran que el banquero también espera tener acceso al jet privado que solía utilizar, extremo que ha rechazado el banco oficialmente.

“FG da por hecho que puntualmente hará uso de su Gulfstream G650. De no ser así, será una de las cosas que más eche de menos, ya que hace más de una década que no sube a un avión comercial ni sabe lo que es la sala VIP de un aeropuerto”, comenta una fuente cercana al banquero gallego.

Francisco González, tras más de 20 años en el banco, es el primer ejecutivo que ocupa un cargo honorífico

Está previsto que el directivo deje la sede del grupo, el edificio de la Vela, para evitar inmiscuirse en la labor de su sucesor, Carlos Torres Vila. Ocupará, sin embargo, una planta noble dentro del Palacio del Marqués de Salamanca, en el madrileño Paseo de Recoletos, donde se ubican la sede de la Fundación BBVA, la actividad de Microfinanzas y la oficina del distrito centro. Fuentes conocedoras señalan que un ala del señorial palacio se reservará a su uso y que se habilitará un gimnasio.

La designación de FG como presidente de honor no ha sido una sorpresa dentro de la casa. Varios directivos y empleados confiesan que lo que les hubiera resultado realmente desconcertante hubiese sido lo contrario. FG es y, sobre todo, se siente parte de BBVA y, aunque en los últimos años él mismo ha defendido una salida sin fisuras, su entorno siempre lo ha puesto en duda.

El consejo del jueves 20 de diciembre fue un hito para el grupo. Aceptó la dimisión de su primer espada, tras más de 20 años en la casa, al tiempo que le concedió cargos honoríficos que, hasta ahora, nunca habían existido en la institución. Tampoco nunca antes un directivo había dejado una huella tan profunda en la transformación de la entidad, impulsando su internacionalización y convirtiéndola en una de las mayores instituciones financieras del mundo.

Una vida dedicada al banco

González aceptó la presidencia con 51 años y una cuenta corriente con muchos ceros. Ya era millonario, no necesitaba trabajar, pero sí necesitaba el poder. Un año antes había vendido al banco americano Merrill Lynch su firma de inversión FG Valores y Bolsa por 3.700 millones de pesetas (30 millones de euros). En ese momento, como él mismo ha relatado en más de una ocasión, dudaba sobre qué hacer, más allá de jugar al golf con la satisfacción de completar los hoyos los días laborales.

“Después de vender mi empresa, sabía que iba a hacer cosas, pero no cuáles. Una sí: jugar más al golf, que es mi pasión. Conseguí jugar lunes, martes, miércoles y jueves, y el viernes empecé a darme cuenta de que eso me creaba una cierta insatisfacción. Fue, a finales de abril, cuando me llamó el Gobierno para dirigir Argentaria. Si me lo hubieran ofrecido dos semanas antes, hubiera dicho que no. No entraba en mis planes dirigir un banco después de haber trabajado durante 31 años”, relató el propio González en una entrevista publicada en XLSemanal.

El ejecutivo asumió entonces la copresidencia del recién creado BBVA junto a Emilio Ybarra, presidente de BBV. Ambos compartieron la bicefalia del grupo hasta la salida de Ybarra, obligado a dimitir por irregularidades contables y desvío de dinero a paraísos fiscales. Ante el estupor de la clase dirigente vizcaína, que vio cómo un plebeyo, un advenedizo en el sector financiero se hizo en 2002 con el poder absoluto del que durante 150 años había sido el bastión del poder económico y político de la oligarquía vasca. Por vez primera en la historia, ningún Ybarra ni Ampuero formaron parte del consejo de administración de BBVA, y las grandes familias del barrio de Neguri se vieron excluidas de la dirección del banco.

La nueva vida de González comenzará en enero, cuando Carlos Torres Vila asuma de facto la presidencia ejecutiva y su gran despacho en La Vela, con gimnasio y sauna incluidos, dejen de formar parte de sus dominios. Pese a sus cargos institucionales, será un banquero jubilado y, como tal, estará todo lo ocupado u ocioso que considere.

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