Las posibilidades de ser parado de larga duración crecen a partir de los 45 años.

Las posibilidades de ser parado de larga duración crecen a partir de los 45 años. EFE

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¿La crisis económica ha terminado?

Economía

¿La crisis económica ha terminado?

Crisis, what crisis? Corría el verano de 2008 y el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero seguía negando que España se aproximaba a una nueva crisis económica, como aquel personaje bajo la sombrilla en medio de un paisaje desolado de la portada del disco de Supertramp. Inexorablemente en calma.

La ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, había dejado amueblada una Ley de Suelo con la que el Gobierno confiaba en desinflar, que no explotar, la ‘burbuja’ inmobiliaria asfixiando la especulación para llevar a la economía española a un patrón de crecimiento más sostenible, no tan cimentado en el ‘ladrillo’. No había nada que temer, se iría retirando el champán en medio de la fiesta, pero poco a poco, para que nadie se diera cuenta.

Sin embargo, España crecía por encima del 3% como un gigante con pies de barro y entonces llegó la caída de Lehman Brothers, el 15 de septiembre de 2008, y se llevó por delante un sistema bancario mundial en el que el español se encontraba en una situación especialmente vulnerable, con unos balances completamente alicatados de créditos inmobiliarios, que poco después se convirtieron en una trampa. El aterrizaje suave de la economía que preveía el Gobierno de Zapatero no fue posible y acabó en accidente.

En medio del desastre, el resto de la historia es bien conocida. La crisis financiera se trasladó a la economía real. España destruyó empleo como nunca antes. Todos esos desempleados, en su mayoría hipotecados, se habían pillado los dedos. El sector de la construcción pasó de ser el motor económico a su mayor lastre.

Solo el ‘ladrillo’ se dejó más de un millón de empleos en la cuneta con pocos visos de volver a encontrar ocupación dada su baja cualificación; ni siquiera aplicando una austeridad salarial persistente durante años, mientras se precarizaba el empleo.

Los sucesivos Gobiernos, por momentos completamente desbordados, se la jugaban al ensayo y el error, haciendo del Estado un salvavidas, recurriendo al déficit y la deuda para mantener en marcha la economía; tensionando las costuras fiscales al máximo, hasta el borde del rescate, para ganar tiempo y salir de la crisis con nuevos cimientos.

Después de años informando sobre todo este proceso, a los periodistas les quedaba la sensación de que en algún momento tendrían que dar ese titular que anunciaría el fin de la crisis, como los que soñaban con el fin de ETA en los años 80.

Sin embargo, tras un via crucis de más de un a década, con la economía creciendo otra vez muy por encima de la media europea –otra vez en Champions en el argot de aquel Gobierno de Zapatero–, una vez recuperados los niveles de rentas previos a la crisis y con el empleo retomando cifras récord, parece que ya nadie va a salir a decir que todo ha acabado. ¿Por qué? ¿Seguimos o no dentro de la crisis?

¿Por qué no se anuncia el fin de la crisis?

Los bordes de los ciclos económicos se difuminan y se habla ya del próximo periodo que viene de vacas flacas sin dar por cerrado por completo el anterior.

A estas alturas, el concepto de crisis no es igual para todos los niveles de renta y, como señala el investigador del Real Instituto Elcano, Miguel Otero, «esa palabra ha perdido parte de su valor y se ha entrado en una nueva fase después de muchos cambios».

En todo caso, para los que se niegan aún a cerrar la puerta de la crisis, el argumento es que persisten heridas abiertas en forma de empleo de mala calidad y bajos salarios, de desigualdad. Así es que, por unas cosas o por otras, nadie firma el alta del paciente.

¿Qué dicen los expertos?

Un grupo nutrido y plural de economistas han explicado sus impresiones a este periódico y todos coinciden en varias ideas. En primer lugar, la crisis no ha sido la misma para todos los españoles y su salida tampoco; señalan que no tendría mucho sentido comparar dos economías tan distintas, la que entró en la recesión y la que ha salido del túnel; y, por último, admiten que en todo caso, quedan cuestiones por reparar en términos de empleo, que para unos son los rescoldos de la crisis pasada y para otros una característica de una nueva realidad emergente.

Otero habla de los diferentes estratos de la crisis económica, desde el más material y doméstico, hasta uno casi teórico. De entrada, señala que al hablar de su final, todo depende de dónde se sitúe el punto de vista.

Es obvio que para una buena parte de la sociedad, se ha superado. Entran dentro de este bloque aquellos que, por ejemplo, no perdieron su empleo durante la crisis. Sin embargo, es indudable que no ha terminado para los alrededor de tres millones de parados que aún esperan acceder a un empleo, más aún para el alrededor del millón y medio de desempleados de larga duración. Esto desde la óptica socioeconómica.

No obstante, puestos a decidir, Otero considera que, «a nivel material, la crisis ya se ha superado» desde el momento en el que las cotas de renta y empleo se han recuperado casi por completo. También porque los niveles de tensión social alcanzados en años como los de 2009, cuando la destrucción de empleo no tuvo parangón, y 2011, con el cambio de Gobierno y la reproducción de la recesión, se han reducido de manera palpable.

No obstante, Otero recuerda que la confianza en las instituciones y en los partidos políticos se mantiene en valores muy bajos, lo que demuestra que la respuesta crítica a la gestión de las crisis aún tendría ramificaciones.

En este sentido, la economista senior de Funcas María Jesús Fernández recuerda que, mientras que España ha recuperado los niveles de PIB per cápita, cabría pensar que la peor fase económica de la democracia ha acabado, pero insiste en que, más allá de los conceptos que manejan los economistas, está «lo que se entienden en el lenguaje corriente por crisis». En este sentido, la cuestión «es una nebulosa».

De nuevo, entiende que, aunque el nivel de vida se ha deteriorado, esto no deja de ser un concepto subjetivo. Por tanto, Fernández considera que, con los indicadores económicos sobre la mesa, «lo que se puede decir es que hemos salido de la crisis y hemos entrado en otra fase con importantes cambios estructurales y con niveles de vida inferiores a los antes».

Volver atrás es volver a los desequilibrios

El Economista Jefe para España del BBVA Research, Miguel Cardoso, sugiere un punto de vista diferente a la hora de abordar estas reflexiones. Se pregunta si conviene buscar el hito del fin de la crisis planteando una vuelta al punto de partida, porque recuerda que entonces España presentaba importantes desequilibrios económicos en los que no conviene reincidir.

Entiende más bien, que hay algo que nunca se volverá a recuperar. Considera que buena parte del descontento generado por la crisis tiene que ver con las altas tasas de desempleo que ha abonado, pero también con la frustración de muchas expectativas laborales que serán difíciles de cumplir.

Muchos trabajadores tenían expectativas de tener a estas alturas un salario que de media sería un 20% superior al actual, y ahora «vamos a tardar muchos años en recuperar el nivel de vida al que aspirábamos», señala Cardoso.

Otra cosa, coincide en términos generales con el resto de los economistas, es lo que dicen los indicadores macroeconómicos. Las rentas han vuelto a los valores precrisis, y aún hay margen para que la porción de tarta que corresponde a los salarios aumente del 47% del PIB actual al 49% que se considera adecuado.

Sin embargo, Cardoso cree que volver al principio como un dogma implicaría también retornar al déficit por cuenta corriente o a un sector de la construcción sobredimensionado.

Los salarios y la calidad del empleo

Lo que no se puede obviar es que los españoles sufren a día de hoy unos niveles de renta inferiores a los previos a la crisis y que la calidad del empleo se ha deteriorado, con un rebrote de la temporalidad y, sobre todo, con mayor rotación laboral.

Pero además, puede que las cifras de empleo que enarbola el Gobierno no den la visión real de la situación. De momento, el Gobierno ha anunciado que la afiliación a la Seguridad Social roza los niveles máximos de julio de 2008, antes de aquella caída de Lehman Brohers. Además, el paro registrado se sitúa en mínimos de los últimos 10 años.

Sin embargo, estos son registros administrativos. Porque la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre demuestra que los niveles de empleo precrisis están lejos de haberse recuperado, tal y como recuerda la economista senior de Funcas.

En efecto, los 19,4 millones de ocupados aún no alcanzan los 20,6 millones del segundo trimestre de 2008, ni los 3,3 millones de desempleados están cerca de converger con los 2,3 millones de ese mismo periodo.

El investigador de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) Marcel Jansen se fija también en esta disparidad para sostener que las heridas de la crisis no se han cerrado completamente. En su opinión, antes deben recuperarse las tasas de desempleo y reducir el paro en términos absolutos hasta los niveles previos a la crisis.

En términos más generales, Jansen recuerda que «hay nichos de personas con muchos problemas», entre ellos los 1,5 millones de desempleados de larga duración, con escasa formación y edad avanzada, en muchos casos.

Pero sobre todo, el economista cree que «las palabras clave son calidad de empleo». De un lado, recuerda que los salarios siguen siendo bajos y que la temporalidad se caracteriza ahora por incorporar una mayor rotación entre empleos. Por tanto, en su opinión, no se trata tanto de volver al punto de inicio en el empleo en términos cuantitativos, sino también de mejorar los niveles de calidad del empleo.

El economista y profesor de la Universidad de Alcalá de Henares José Carlos Díez también cree que hay una serie de indicadores que aún no se han recuperado y que podrían llevar a no dar por cerrada la crisis. Se trata de la tasa de paro, que actualmente ronda el 14%, casi el doble que en los mejores momentos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

Y dentro del desempleo, Díez recalca las tasas de desempleo juvenil, que aún roza el 20%, y el paro de larga duración, que aún agrupa a más de 1,5 millones de personas. Pero, sobre todo, el economista cita la pérdida de rentas salariales experimentada durante la crisis sobre todo entre las franjas de menor renta.

La crisis que viene

Un signo de que ya se ha dado por amortizada la crisis en muchos casos, sin anuncio que medie, es que el debate se centra ya en si España se aproxima a un nuevo ciclo crítico. La discusión, ahora que la economía vuelve a crecer muy por encima de la zona euro, es si este avance esta superando el crecimiento potencial de la economía. De ser así, se estaría produciendo una brecha de producción o un output gap positivos.

Este concepto es una estimación de la diferencia existente entre el ritmo crecimiento real de la economía y su potencial. Si es positivo, la literatura económica demuestra que se tenderá a reproducir desequilibrios económicos, como mayores tensiones salariales ante la falta de mano de obra, un incremento de los costes laborales y un tendencia inflacionista.

Los expertos se debaten ahora entre si España presenta ya una brecha positiva o negativa. La Comisión Europea y el Banco de España opinan que la barrera del crecimiento potencial se ha superado, aunque estiman que de momento no hay indicios de desequilibrios. España estaría creciendo dentro de un patrón más equilibrado.

En cambio, el Gobierno cree que la brecha de producción aún no se habría cerrado. De nuevo, la visión del Gobierno es más optimista desde el punto de vista de los márgenes de la economía. En su argumentario, la inflación aún es reducida y queda mucho margen de empleo por recuperar. De nuevo, hay quien ve al Gobierno como aquel tipo debajo de la sombrilla.