La crisis se ve cada vez más lejos. Tanto que ya se habla directamente de la próxima que vendrá. Es en parte porque siguen apareciendo indicadores y estadísticas que ofrecen la imagen de un ciclo que acaba y otro que empieza. La última la ofrecen los datos de población al cierre de 2018 del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el que se certifica que, un año más, se ha producido una creciente vuelta de españoles al país después de su salida en años anteriores en busca de oportunidades de empleo.

Durante el pasado año llegaron procedentes del extranjero hasta 83.728 españoles, más del doble que en 2014, el primero de la recuperación económica. El año en el que las estadísticas comenzaron a darse la vuelta. No obstante, en un país con más de tres millones de parados, aún hay un flujo constante de salidas.

En 2018 fueron 80.253 españoles los que cruzaron las fronteras, una cifra que se mantiene aún en los niveles de 2013. Eso y que los flujos de entrada y salida de estudiantes y recién licenciados es cada vez mayor.

Esto, de entrada, ofrece un saldo migratorio positivo de más de cerca de 3.500 personas, la primera entrada neta de españoles al país desde que se inició la crisis. Sin embargo, no todas estas personas son españoles que han salido y han vuelto.

Si se desglosan las entradas de españoles nacidos además en territorio español y las de aquellos nacidos en el extranjero, resulta que el saldo sigue siendo negativo entre los primeros –18.868 personas–, mientras que son los españoles nacidos en el extranjeros los que arrojan un saldo positivo de 22.343 individuos. Es decir, el saldo migratorio neto de los españoles se explica por la llegada de aquellos nacidos fuera del país.

Aún más en detalle, la estadística muestra que el retorno de españoles se concentra precisamente entre aquellos de 0 a 24 años, es decir, entre los hijos de aquellos españoles emigrados en años o décadas anteriores y que ahora retornan a España. De hecho, los datos también reflejan que el saldo migratorio sigue siendo negativo en las edades que rondan los 40 años, y vuelve a ser positivo a partir de los 50 años –los padres de los menores que retornan– y en las edades de jubilación (estos ya llevan arrojando un saldo positivo desde 2013).

Además, no todas las comunidades autónomas reciben más españoles de los que se van. Solo Asturias, Baleares, Madrid, Canarias, Galicia y Navarra están en esa situación.

El retorno del talento

Según las cifras que maneja el Gobierno, desde 2009 hasta 2019 se han detectado unas 900.000 personas que han emigrado en busca de mejores oportunidades de empleo, prácticamente un tercio de los 2,5 millones de españoles que viven actualmente fuera del país.

El retorno de los españoles emigrados y la atracción del talento es una de las cuestiones que más preocupan al actual Ejecutivo. Por ello, en los últimos días de legislatura aprobó un plan de retorno de españoles en el extranjero, con una dotación de 24,2 millones de euros en dos años, con el que se pretendía repatriar a 23.000 personas.

El plan incluye una batería de 50 medidas a desarrollar en colaboración con comunidades autónomas, ayuntamientos y hasta 60 empresas colaboradoras, que se destina a las personas que quieren volver, fundamentalmente jóvenes, pero también para personas ya retornadas.

Entre estas iniciativas destaca el establecimiento de una bonificación en la cuota de autónomos para aquellos españoles que decidan volver para iniciar un negocio. Concretamente, contarán una tarifa plana de 60 euros mensuales. Se estima que la medida podría alcanzar a unos 2.300 beneficiarios y supondrá un ahorro de 8,07 millones de euros para este colectivo.