Ninguna sucesión es sencilla cuando se ha ejercido un poder de forma tan personalista como lo hizo César Alierta en Telefónica. De la multinacional con sede en el distrito madrileño de Las Tablas se dijo durante muchos años que era el gran ministerio fuera del Palacio de la Moncloa, pues allí se tomaban decisiones empresariales, pero también se trataba influir en política. No es casualidad que el Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC) estuviera presidido por Alierta, como tampoco lo es que en la nómina de esta compañía estuvieran algunos rostros representativos del mundo de la política.

Álvarez-Pallete fue en su día príncipe del grupo en el que reinaba Alierta. A partir de 2016, tomó el relevo en el trono. Sobre su mesa, encontró una deuda de 52.000 millones de euros. Al poco, llegó un primer gran golpe, como fue la prohibición por parte de la Comisión Europea de la venta de la filial británica O2 a Hutchison Whampoa, lo que impidió ingresar 13.500 millones de euros. En octubre de ese año, Telefónica anunció un recorte del dividendo para 2016 y 2017. A principios de diciembre, la acción había caído el 17% con respecto al día en el que Álvarez-Pallete fue designado como presidente, que fue el 8 de abril.

El presidente de Telefónica no realizó los cambios en la cúpula de Telefónica por la vía rápida, sino que se tomó un tiempo. En cualquier caso, poco a poco salió del alto mando y del Consejo de Administración todo el núcleo duro de Alierta. Entre ellos, el propio expresidente, quien, no obstante, todavía abandera la Fundación. Una potente organización que sólo en 2018 invirtió 82 millones de euros.

Fuentes de la alta dirección de Telefónica lamentan los palos que algunos de los ejecutivos de ‘la vieja Telefónica’ han puesto en la rueda del anterior equipo directivo.

Fuentes de la alta dirección de Telefónica lamentan los palos que algunos de los ejecutivos de ‘la vieja Telefónica’ han puesto en la rueda del anterior equipo directivo. Algunos de estos hombres abandonaron la compañía con indemnizaciones millonarias y han demostrado cierta ‘deslealtad’, a su juicio.

Estos informantes no ocultan su molestia por algunos de los mensajes que parten desde la sede en Gran Vía de la Fundación Telefónica.

El caso de Elliott

Entre los movimientos que más inquietud han causado se encuentra el que se produjo hace casi un año, cuando llegó a oídos del actual equipo directivo que el fondo estadounidense Elliott había contactado con algunos de los directivos más representativos de la anterior etapa para obtener información sobre la situación de la compañía.

Las versiones, en este sentido, son diferentes. Por un lado, algunos medios publicaron que ese interés era real, en un momento histórico en el que este hedge fund ha apostado fuerte por el sector de las telecos. Por otro, hay alguna de las voces más cercanas a Álvarez-Pallete que considera que aquello fue poco menos que una ‘gamberrada’. Con la intención de desestabilizar.

Hay que tener en cuenta que Elliott posee actualmente el 9,5% de las acciones de Telecom Italia y sus presiones han sido decisivas, entre otras cosas, para que el grupo despidiera en 2018 a su consejero delegado, Amos Genish.

El fondo de inversión capitaneado por Paul Singer también cuenta con el 1,2% del gigante estadounidense AT&T, donde últimamente también ha levantado la voz para provocar un cambio de rumbo en el grupo. Conocido el espíritu batallador de este hedge fund, no era difícil provocar que se encendieran señales de alerta en Telefónica difundiendo la información de que existía un posible interés de Elliott por entrar en el grupo.

Discrepancias sobre Latinoamérica

También han llamado la atención en la sede central de Telefónica las declaraciones que realizó hace unos días el expresidente de Telefónica España, Luis Miguel Gilpérez, quien en un desayuno organizado por Deusto Business School y Software AG –recogido por La Información– cuestionó el ‘repliegue’ que ha realizado la multinacional española en Sudamérica, donde existe un potencial mercado de 500 millones de personas.

Entre los movimientos más importantes que se han realizado en los últimos años se encuentran las desinversiones en Centroamérica, el frustrado intento de sacar a bolsa la filial argentina o la puesta a la venta del negocio en México, en una operación que tampoco se consumó.

En su discurso, Gilpérez, consejero de Telefónica Brasil, puso de ejemplo de liderazgo empresarial a Alierta y a Carlos Slim. Curiosamente, el primero, expresidente del grupo –y con conocidas tiranteces con Álvarez-Pallete-. El segundo, uno de sus grandes competidores en Latinoamérica. Posteriormente, añadió: «Hoy se mira demasiado a lo que ocurre en los mercados de capitales, cuando lo que hace falta es la ambición, atrevimiento y convicción para llevar las compañías adelante».

Crisis sectorial

En Las Tablas, se observa con atención la evolución del negocio de las ‘telecos’, que no ha sido especialmente positiva en todo el mundo durante los últimos tiempos. También la de la propia Telefónica, que causa dudas en los inversores internacionales, como se observa en la depreciación que ha sufrido la acción en los últimos años. El pasado verano, su precio bajó de la barrera psicológica de los 6 euros y actualmente se encuentra en 6,75.

El Consejo de Administración del grupo celebrará una reunión ‘de gran importancia’ los próximos 26 y 27 de noviembre en Barcelona que será inusual por su duración y por su localización. La intención es definir el futuro del grupo para los próximos meses y consensuar algunas decisiones financieras relevantes, según explican fuentes de la compañía.

Desde la alta directiva, inciden en que pese a los movimientos desestabilizadores que han protagonizado algunos ‘históricos’ del grupo y pese al difícil momento del negocio de las telecomunicaciones, el Consejo apoya la gestión del actual equipo directivo, en el que también podrían producirse cambios tras la reunión de la próxima semana.

Fuentes oficiales del grupo han declinado hacer ningún comentario sobre esta información.