Largas colas, cestas de la compra hasta arriba y estanterías vacías. Los españoles, bien en primera persona o en las pantallas de sus móviles, han asistido esta semana a la histeria por comprar papel higiénico, pollo, leche y todo tipo de alimentos para llenar la despensa. El avance del coronavirus en la Comunidad de Madrid y Álava y el cierre de colegios y universidades desató el consumo masivo a última hora del lunes, sin llegar a amenazar la capacidad de abastecimiento del sector. Pero no es la primera vez que una crisis provoca la ‘psicosis’ de los clientes.

Las huelgas de los transportistas

No hay que retroceder mucho en el tiempo. Fue en junio de 2008, a pocos meses de adentrarnos de lleno en la última gran crisis económica, cuando la huelga de transportistas y pescaderos por la subida del precio del gasóleo puso en peligro al abastecimiento de los supermercados. El litro de combustible pasó de 0,95 a 1,30 euros en un mes. Y el sector, como ya había hecho en 2005 o en 1990, decidió ponerse en huelga dejando a la gran distribución en vilo durante una semana.

Piquetes en los accesos a las grandes capitales —cómo se explica en el vídeo de Efe—, atascos en las gasolineras para llenar los depósitos y supermercados madrileños temblando ante la compra masiva de alimentos básicos como huevos, leche o fruta. Fue la primera reacción a una situación de incertidumbre. El problema entonces para los súper y los grandes mercas eran los camiones, llegaban menos. El objetivo era, según explicó El Mundo, obligar al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a establecer una tarifa mínima que evitará a los camioneros trabajar por debajo de sus costes y frenar la especulación en el sector. Fue un parón de pocos días, pero se saldó con decenas de transportistas detenidos, algunos vehículos quemados, dispositivos policiales y un camionero muerto durante un piquete tras ser atropellado por una furgoneta a la que intentaba cerrar el paso.

En 2005, los grandes y pequeños comercios aprovecharon el fin de semana del sábado 15 y domingo 16 de octubre para hacer acopio de suministros. El parón nacional de los transportistas era inminente y el ejemplo previo de Galicia, Asturias y Cantabria asustó a supermercados, hipermercados y consumidores. En estas regiones, las huelgas vaciaron las estanterías de los comercios de productos de primera necesidad. En Galicia, según el ABC, se hizo un llamamiento para que los camiones de transporte de medicinas, material sanitario o leche fueran protegidos por la Guardia Civil y las policías locales. Dos días después desde su inicio, los transportistas pusieron punto y final a la huelga al lograr acuerdos con el Ejecutivo y las cargadoras para compensar la subida de la gasolina.

El transporte fue también responsable del cierre de fábricas y mercados en octubre de 1990. En esta ocasión no fue por el precio del gasóleo, sino por las tarifas del transporte de mercancías por carretera. Fue un parón violento. Hubo piquetes subidos de tono y bloqueos en los puestos fronterizos con Francia. Paralizó fábricas y puertos, desabasteció gasolineras y, por supuesto, menguó la oferta de comercios de alimentación.

Temor a la Guerra del Golfo del 91

¿Pueden las obsesiones de un presidente iraquí hacer que los españoles acudan en masa a hacer la compra? Sí, pueden. Saddam Hussein creyó a mediados del año 90 que Estados Unidos comprendía sus planes para Kuwait (tomar el control de este país estratégico en el Golfo Pérsico) Pero no fue así. Saddam conquistó Kuwait en 24 horas y los americanos —cuenta el fallecido historiador Josep Fontana en su obra Por el bien del imperio— no podían permitir que las tropas iraquíes se adueñasen de las reservas de petróleo de la vecina Arabia Saudí. Comenzó así la tensión entre Irak y de un EEUU presidido por Bush padre que desembocó en el estallido de la Primera Guerra del Golfo el 18 de enero de 1991.

Durante los días previos a esa fecha, se palpaba entre los clientes españoles el «temor» a un conflicto bélico que derivase en «problemas de escasez», según atestigua la edición del ABC del 16 de enero de aquel año. Los consumidores compraron «cantidades poco habituales» de azúcar, aceite, sal o legumbres. Lo notaron en Dia, Pryca y El Corte Inglés. Simón Viñals, entonces responsable de Consumo en el Ayuntamiento de Madrid, achacó el fenómeno a «motivos psicológicos».

Este acontecimiento quedó grabado en el archivo audiovisual de Canal Sur. Entre el minuto 2:35 y 4:13 del siguiente vídeo se muestra un reportaje que la televisión andaluza emitió el 15 de enero de 1991.