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Epidemia de histeria por el coronavirus: por qué nos volvemos locos y cómo vencer el miedo

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Epidemia de histeria por el coronavirus: por qué nos volvemos locos y cómo vencer el miedo

Estantes vacíos en un supermercado en Madrid durante la crisis del coronavirus. C.C.

Resumen:

Esto es ridículo», «nos estamos volviendo todos locos», era algunos de los comentarios que más se escuchaban este martes en la cola de la caja de un supermercado de Pozuelo, en Madrid. A las 10 de la mañana, apenas 30 minutos después de la apertura, la espera para pagar era de una hora y cuarto. Del papel higiénico, la leche entera y las lentejas ya no quedaba ni rastro.

Sí, muchos comentaban la locura de comprar. Pero con el carro lleno. En la Comunidad de Madrid, la noticia a última hora de la tarde del lunes del cierre de todos los colegios e institutos para frenar la expansión del coronavirus cayó como un jarro de agua fría en las familias, que se miraban en el espejo de Italia y empezaban a pensar en hacer acopio de comida. Una hora más tarde ya había colas en algunos supermercados y por la noche era casi imposible hacer pedidos en webs como la de Carrefour o Amazon.

Pero, ¿nos estamos volviendo locos? ¿Es ridículo hacer una cola de más de una hora para comprar comida en la situación actual? Elena Herráez, coordinadora del grupo de Urgencias y Emergencias del Colegio de Psicólogos de Madrid, reconoce que «hay un episodio de histeria colectiva que está llevando a algunas personas a tomar medidas desproporcionadas».

Y la causa se resume, según la psicóloga sanitaria, en una palabra: incertidumbre. «Estamos en una situación totalmente nueva, lo más parecido que recordamos lo tenemos en la posguerra. No sabemos qué va a pasar y es una reacción muy humana la de intentar protegerse», explica, y cree que se produce además una reacción contradictoria en la gente. «Sí, piensan que las medidas que toman son ridículas, pero a la vez dice, si llega, por si acaso, que a mí no me pille desprevenido», añade.

Coincide Joan Ramón Villalbí, presidente de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas), en que el miedo generado y su reflejo en la actitud, por ejemplo, de acudir al supermercado a hacer compras masivas «no resulta especialmente llamativo y responde a la evolución normal de una epidemia de estas características».

La comunicación y la sobreinformación

El Covid-19 es la primera epidemia global de estas características en la era de las redes sociales. Las anteriores, de ébola, SARS o gripe A, o bien no se transmitieron de forma tan generalizada o la información no circuló tan rápido, como fue en el caso de la gripe A en 2009. «La ciudadanía está sometida a un bombardeo constante de información donde resulta muy difícil distinguir lo verdadero de lo falso», indica Villalbí.

Elogia sin embargo el presidente de Sespas la labor informativa de las Autoridades Sanitarias, que asegura están actuando «con una coordinación admirable». Desde hace semanas, el portavoz para la enfermedad, Fernando Simón (director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias) comparece diariamente y la actualización de los datos de la epidemia se publica dos veces al día en la página del Ministerio de Sanidad. «Las autoridades están haciendo un gran esfuerzo de puesta al día de datos, de comunicación por parte de expertos y de enlace intenso y colaborativo con las comunidades autónomas y entidades europeas», subraya Villabí.

En esa constante comunicación que desde el inicio ha mantenido el Gobierno, el agravamiento de la situación en la noche del domingo – que produjo el lunes el cambio de escenario de alerta – sí ha contribuido ha alimentar la preocupación de la gente. «Se debe a que son medidas muy molestas, que causan mucha incertidumbre y que la gente, incluso los propios expertos lo reconocen, se desconoce hasta qué punto van a ser efectivas», afirma Villalbí, quien sin embargo las defiende como necesarias porque «no solo eliminar el virus, también ralentizar la evolución de la epidemia va a permitir que se pueda controlar y que no se alcance la situación vivida en otros países como Italia o China».

En cuanto a la comunicación oficial, Herráez considera que el lenguaje utilizado es clave para contribuir a controlar esa histeria. «Sustituir términos como crisis o epidemia por enfermedad y suavizar el lenguaje puede contribuir a mejorar el malestar de la gente

A esta incertidumbre han contribuido en buena medida las redes sociales. Su inmediatez (véanse las imágenes de supermercados sin género el lunes por la tarde) y la gran cantidad de información que se mueve (como el bulo de que la exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, padecía coronavirus difundido el martes por la mañana).

Del miedo a la afectación en las relaciones

El problema de esta situación, resalta Herráez, es que el efecto del estrés y la ansiedad que está generando el coronavirus «termina generando irritabilidad y malestar». «Todos necesitamos una rutina y cuando hay medidas como las que se están aplicando que la rompen, nos dejan en situación de alerta continua y eso acaba generando roces a nivel interpersonal», indica Herráez.

En este contexto, los psicólogos de Madrid llaman a la calma y han lanzado unas recomendaciones para quienes sufren miedo y ansiedad por el coronavirus con el objetivo de intentar controlarlo:

  • Identificar los pensamientos que nos generan malestar. Pensar constantemente en la enfermedad puede hacer que aparezcan o se acentúen síntomas que incrementen el malestar emocional.
  • Reconocer las emociones y aceptarlas. Si es necesario, compartir la situación con las personas más cercanas para encontrar la ayuda y el apoyo que se necesita.
  • Cuestionar la información que se recibe: buscar pruebas de realidad y datos fiables. Conocer los hechos y los datos fiables que ofrecen los medios oficiales y científicos y evitar información que no provenga de estas fuentes, evitando información e imágenes alarmistas.
  • Informar a los seres queridos de manera realista: En el caso de menores o personas especialmente vulnerables como ancianos, no mentirles y proporcionarles explicaciones veraces y adaptadas a su nivel de comprensión.
  • Evitar la sobreinformación, estar permanentemente conectado no hará que estén mejor informados y podrían aumentar la sensación de riesgo y nerviosismo innecesariamente.
  • Contrastar la información antes de compartirla. Si usa redes sociales para informarse, procurar hacerlo con fuentes oficiales.

Herráez anima a la gente, además, a «mantener en la medida de lo posible las rutinas diarias y tratar de organizarnos lo mejor posible con el apoyo que tengamos». La psicóloga insiste en que «es normal la sensación de miedo, porque es un riesgo desconocido, pero hay que ser conscientes de la importancia de la actitud personal en el control de la epidemia».

En democracia, la importancia de la «responsabilidad individual»

Ese mantenimiento de la calma es especialmente importante en un país democrático, como explica Villalbí, al comparar la situación española como la de China. En el país asiático, donde la epidemia ya va perdiendo fuerza, «se tomaron medidas muy drásticas propias de un Gobierno autoritario. En España y en general en los países con un contexto democrático, el éxito del control va a pasar además de por las medidas más drásticas, sobre todo, por las medidas de responsabilidad individual, de higiene ciudadana y de autoprotección».

Y si finalmente se padece la enfermedad o se tiene cerca algún familiar cercano con ella, los psicólogos madrileños aconsejan «no alarmarse inncesariamente, pues la mayoría de la gente se cura» y «apoyarse en la experiencia que tiene de situaciones similares, la percepción puede ser de gravedad pero hay que pensar en cuantas enfermedades se han superado», concluyen.

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