Su labor también es vital para que los españoles sigan alimentándose. Los agricultores, ganaderos, apicultores, pescadores y demás profesionales del sector primario acuden todos los días a sus puestos de trabajo a pesar de la pandemia del coronavirus para que los supermercados reciban productos frescos y los animales no mueran en las explotaciones.

Pero las limitaciones impuestas en del Real Decreto del estado de alarma como el cierre de tiendas y restaurantes para evitar el contagio están provocando importantes problemas a su día a día y acarreando cuantiosas pérdidas económicas.

Las jornaleras no llegan de Marruecos

En Huelva, donde continúa la campaña de recogida de la fresa, no hay manos suficientes para la labor porque las temporeras que todos los años llegan desde Marruecos no pueden entrar en el país desde el 13 de marzo por el cierre de fronteras con España, alerta Pedro Barato, presidente de la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), quien también pone el foco de las preocupaciones de los trabajadores del sector primario en los medios de transporte.

La mayoría de ellos se trasladaban a las explotaciones antes de la crisis del coronavirus en coches de cinco plazas o furgonetas de nueve y ahora el decreto impone que sólo puede viajar una persona por vehículo, pudiendo multar la Guardia Civil a quien no lo haga.

Este mismo viernes, el ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, insistía durante su comparecencia pública: «Estamos en estado de alarma y hay que ser muy serios. No podemos generar criterios de flexibilidad excesiva. En un vehículo tiene que ir circulando una persona».

La orden modifica completamente la rutina de los agricultores y provoca retrasos y altos costes. Algunas de sus tareas, coinciden en destacar las tres asociaciones agrarias ASAJA, Unión de Pequeños Agricultores (UPA) y Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG), requieren de al menos un acompañante.

Un agricultor planta viñedo en Campo de Criptana (Ciudad Real). Foto cedida por Jesús Lucerón.

Los apicultores necesitan ir con alguien a las explotaciones por si sufren una picadura que podría ser letal, para aplicarles la inyección de urbason o adrenalina que suelen llevar encima

Por poner algunos ejemplos, los apicultores necesitan ir con alguien a las explotaciones por si sufren una picadura que podría ser letal, para que un compañero pueda aplicarles la inyección de urbason o adrenalina que suelen llevar encima; algunas tareas agrícolas, como colocar los pesados aperos de labranza, requieren la ayuda de una segunda persona y los ganaderos que se acercan a alimentar a reses bravas también remarcan el peligro de hacer esta tarea en solitario.

Aún así, la mayoría de trabajadores trata de cumplir las normas para evitar el contagio y las multas, por lo que estos días se repite en los caminos rurales la inusual escena de furgonetas prácticamente vacías, únicamente con el conductor al volante.

Viñedos de Campo de Criptana (Ciudad Real). Al fondo, las furgonetas de cada trabajador.

Flores ornamentales de regalo en el súper

Otro de los sectores más resentidos por la pandemia del coronavirus es el de las plantas y flores ornamentales. Habían hecho sus plantaciones en previsión de los meses de venta máxima con el día del Padre, la Semana Santa, las comuniones o el día de la Madre. Pero ahora, «el cierre de mercados al aire libre y de las floristerías ha hecho que se quede pierda entre el 50 y el 60% de las producciones. Una vez cortadas, las hemos llevado a tiendas de alimentación para que las regalen y al menos alguien se lleve esa alegría en estos tiempos tan tristes», explica Lorenzo Ramos, secretario general de UPA.

Hemos pasado de estar con nuestros tractores en la calle reivindicando una subida de precios a llevarlos a los pueblos para limpiar las calles con agua y lejía»

El representante agrícola destaca el esfuerzo que está haciendo todo el sector para garantizar una alimentación «sana y segura, cumpliendo con todas las exigencias de la Unión Europea». «Hemos pasado de estar con nuestros tractores en la calle reivindicando una subida de precios a llevarlos a los pueblos para limpiar las calles con agua y lejía. Todos estamos muy implicados», destaca Ramos.

Los restaurantes no necesitan lechazo

El cierre de restaurantes y hoteles colapsa de lechazos (corderos lechales) las explotaciones ovinas de Castilla y León, según alerta Aurelio Pérez, ganadero de vacuno en Salamanca y secretario general de COAG Castilla y León.

Pérez recuerda que «el cordero -a diferencia del pollo que está siendo muy reclamado en los supermercados- no se consume en casa», por lo que ahora estos animales se hacinan en las explotaciones ovinas de toda la región generando un colapso que preocupa seriamente a los ganaderos. Se da además la circunstancia de que en unas semanas llega la paridera de primavera, la época del año con mayor producción, informan desde la coordinadora.

Los ganaderos plantean dos soluciones a la situación, aunque son tan costosas que reclaman el apoyo de las administraciones: una sería el almacenamiento, congelando los corderos hasta que pase la crisis del coronavirus, pero tanto el inmovilizado como la pérdida de valor, dado que el producto no podría ser vendido como fresco, supondría un gran trastorno económico. La segunda sería el engorde para la exportación a los países árabes, grandes interesados en obtener estos productos pero también causaría gastos añadidos.

«Nos cuesta encontrar piezas en ferreterías»

Los viticultores que por estas fechas plantan viñedo también encuentras dificultades para recibir el material que necesitan. Jesús Lucerón, joven agricultor de Campo de Criptana (Ciudad Real), explica que recibe la planta por medio de empresas de paquetería y estos días tardan más de lo normal en hacer la entrega.

En el caso de ir a comprarla a la cooperativa de su municipio, se ha establecido un sistema por el que los trabajadores dejan la planta a los agricultores en un lugar acordado previamente por correo electrónico con la factura correspondiente. Ellos se pasan a recogerla y hacen el ingreso a través de una transferencia bancaria.

Nos cuesta encontrar material en ferreterías, que están cerradas. Hoy mismo, otro agricultor me ha llamado para ver si podía prestarle mangueras de riego para las plantaciones de melón»

Lucerón explica que su trabajo diario y el de los trabajadores de su explotación se ralentiza por distintos motivos. «Nos cuesta encontrar material en ferreterías, que están cerradas. Hoy mismo, otro agricultor me ha llamado para ver si podía prestarle mangueras de riego para las plantaciones de melón pues no sabe dónde comprarlas. Yo le daré restos de año pasado y con eso y lo que le puedan dar otros, quizá se apañe», explica.

Los traslados individuales al viñedo también son un problema para él, aunque se está apañando: «Como los terrenos están desperdigados, cada día uno de nosotros se traslada a un sitio a hacer el trabajo que haga falta. Si coincidimos, entre un hilo de viñas y otro hay casi tres metros de distancia, además llevamos el kit obligado de mascarilla y guantes», aclara.

Lucerón también teme no encontrar a suficientes trabajadores para la campaña del melón, pues la plantación empezará en un mes y otros años la ha cubierto contratando a cuadrillas de hasta 25 jornaleros marroquíes. Con el cierre de fronteras, eso no será posible. «Quizá gente de la zona que se haya quedado en el paro por el coronavirus quiere venir a trabajar», reflexiona.