El redactor jefe del diario alemán Der Spiegel, Steffen Klusmann, ha publicado este miércoles un durísimo artículo en español contra la posición de Alemania en relación con los eurobonos, en el que considera que el rechazo del país germano a esta alternativa de mutualización de deuda por la que luchan Italia y España es «insolidario, mezquino y cobarde».

El autor del artículo reflexiona sobre las razones del Gobierno de Angela Merkel para rechaza esta medida y, en concreto, sobre la obsesión de la canciller de no tomarla en consideración («No habrá eurobonos mientras yo viva», ha llegado a decir en alguna ocasión) y concluye que se debe al miedo a que el partido Alternativa para Alemania (AfD) «saque provecho de las ayudas para los vecinos europeos para su propia propaganda».

Sin embargo, aun teniendo en cuenta esa preocupación del Ejecutivo de Merkel el redactor jefe de Der Spiegel cree que la canciller «nunca tendría que haber permitido que esto llegara tan lejos» como para mostrar a sus ciudadanos la alternativa de los eurobonos como «una derrota» ante españoles e italianos.

«En lugar de decir honestamente a los alemanes que en una crisis como esta no existe alternativa para los eurobonos, el Gobierno de Merkel nos insinúa que con estos bonos algo estaría mal, que, a la postre, quienes los terminarían pagando serían los diligentes contribuyentes alemanes, dado que, al parecer, los italianos nunca han sabido manejar el dinero», apunta.

Los eurobonos son, precisamente, uno de los puntos calientes de las reuniones del Eurogrupo, que el martes volvió a fracasar en su intento por llegar a un acuerdo debido a la fuerte oposición de países como Países Bajos a los eurobonos y de Estados como Italia a un MEDE con condiciones.

«No han vivido por encima de sus posibilidades»

El artículo incorpora, incluso, una defensa a la gestión de los países del Sur, los más interesados y los que más luchan por los eurobonos: «La violencia de la pandemia por coronavirus ha ocasionado una tragedia en Italia y España, tanto desde el punto de vista humano como médico, también porque, después de todo, los dos países han ahorrado duramente, conforme a los deseos de Bruselas. Y no porque hayan vivido por encima de sus posibilidades».

Para Klusmann, Europa vive una situación excepcional en la que «dárselas de guardián presupuestario de las virtudes es mezquino y sórdido». «Quizás valga la pena recordar por unos instantes quién ayudó a financiar la reconstrucción alemana tras la guerra», añade.

«Si los europeos no muestran de inmediato que resistirán todos juntos a esta crisis, los populistas, los enemigos de la Unión Europea y los fondos de alto riesgo en Londres o Nueva York se harán una fiesta. Como ocurrió con Grecia, van a apostar por una quiebra estatal europea. Y esta vez van a ganar», reflexiona duramente Klusmann.

El periodista considera, en suma, que el uso de los coronabonos representaría «una fuerte señal para los mercados financieros, pero también para todas las personas en Europa». «Demostrarían que en las situaciones de mayor necesidad no nos abandonamos, que Europa es más que una coalición de ególatras, más que un mercado interior bien aceitado pero insensible con una moneda (todavía) común», concluye el autor.