Economía

España gana la batalla de la deuda común en la UE pero aún debe sortear la oposición del Norte

Los Veintisiete deben debatir sobre la condicionalidad y ratificar o rechazar el plan de von der Leyen

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen EFE

España ha ganado el primer partido del fondo de reconstrucción europeo, cuyo diseño inicial contempla la emisión de deuda conjunta por parte de los Estados miembros de la Unión Europea, pero es pronto para cantar victoria. El plan, presentado el miércoles por la Comisión Europea, reconoce las peticiones que España e Italia llevan semanas haciendo sobre su financiación mediante deuda conjunta y su materialización a través de transferencias y no solo préstamos, si bien su triunfo se puede ver truncado en el debate sobre la condicionalidad que lleve aparejado el acceso a los fondos, en el que serán implacables los países del Norte.

El plan diseñado por el equipo de Ursula von der Leyen, que amplía la propuesta acordada por Francia y Alemania, representa un punto de partida muy positivo para España e Italia. La Comisión ha tenido en cuenta sus necesidades y concederá a estos dos países la mayor parte de los fondos. En el caso concreto de España, serán 77.324 millones de euros (15,4% del total) en forma de transferencias directas, es decir, a fondo perdido, y 63.122 millones (12,6% del total) a través de préstamos que, lógicamente, deberían devolverse después.

Esta propuesta es como una botella de vino muy caro en el estante de una tienda. Sería genial poder bebérsela, pero su función principal es hacer que las otras parezcan razonables»

El plan supone una victoria para España en varios sentidos. Por una parte, recoge el guante de su interés en que gran parte de los fondos se transmitan a los Estados a fondo perdido con el objetivo de evitar el sobreendeudamiento de los países. Una cuestión que para España será de vital importancia, habida cuenta de que su deuda pública terminará este año en torno al 115% del Producto Interior Bruto (PIB), lo que aumenta las posibilidades de que tenga que acudir a estos fondos europeos.

Por otra parte, el plan da por sentada la posibilidad de que los miembros de la Unión Europea emitan deuda conjunta para financiar el fondo, un aspecto en el que tanto Italia como España han incidido en las últimas semanas y que tuvieron que dar por perdido durante las negociaciones sobre los fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), que ya están disponibles.

Además, el plan supone un verdadero cambio de escala en el importe de las ayudas. Hasta el momento, tras el acuerdo del Eurogrupo, España tiene la opción de acceder a unos 24.000 millones de euros sin condicionalidad para sufragar gasto sanitario y apoyar la economía doméstica a través de préstamos solicitados al MEDE, pero ahora las cifras cobran una dimensión mucho mayor.

Desde luego, el Gobierno español ha acogido la propuesta con mucha alegría. Su presidente, Pedro Sánchez, expresaba ayer su satisfacción al considerar que el plan recoge «muchas demandas» de España, por lo que urge a los Estados a llegar a un acuerdo «pronto» sobre esta «base».

Cara B: la oposición de los «frugales»

Sin embargo, no todo es positivo para España en lo que respecta al plan europeo. El país sería el segundo mayor beneficiario de las ayudas, solo por detrás de Italia, como refleja el reparto diseñado por la Comisión Europea, pero estos fondos no serían gratuitos. Los países del Norte, como ya han avisado, no están dispuestos a asumir un plan de estas características sin que su acceso implique una condicionalidad, que podría materializarse a través de una imposición de equilibrio presupuestario o del desarrollo de las reformas estructurales que las instituciones europeas llevan años pidiendo a España tras la pasada crisis.

Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia no están cómodos ni con el porcentaje tan alto de transferencias ni con la falta de condicionalidad. Y este acuerdo requiere unanimidad»

El propio Banco de España reconocía en un artículo publicado esta semana que las ayudas comunitarias deberían venir acompañadas de «una condicionalidad» siempre que fuera unida al crecimiento.

«Este instrumento debe ser eficiente, solidario, equilibrado y con una condicionalidad en el uso de sus recursos ligada a los propios objetivos de la estrategia de recuperación, con especial énfasis en potenciar las palancas de crecimiento», señalaba la institución.

«Los “frugales” [Países Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia] no están cómodos ni con el porcentaje tan alto de transferencias ni con la falta de condicionalidad. Y este acuerdo requiere unanimidad», reflexiona Francisco Quintana, director de Estrategia de Inversión de ING.

Por ello, es lógico pensar que el plan final será diferente a este, bien en cuanto a su volumen o bien en cuanto a la proporción entre transferencias y préstamos. «Esta propuesta es como una botella de vino muy caro en el estante de una tienda. Sería genial poder bebérsela, pero su función principal es hacer que las otras parezcan razonables», añade Quintana.

La oposición cobra sentido cuando se miran las cifras. De acuerdo con las estimaciones del economista jefe del Centre for European Reform, Christian Ondendahl, la cifra neta de la que se beneficiaría España descontadas las aportaciones que tendría que hacer a los mecanismos europeos se quedaría en unos 34.000 millones de euros, pero en el caso de países como Alemania el saldo resultaría negativo. Acceder a ello sería una mera demostración de solidaridad.

Los Estados están convocados el próximo 19 de junio a un Consejo Europeo en el que se debatirá este plan, si bien los analistas estiman que será necesario un segundo encuentro en julio para alcanzar un acuerdo. Los fondos no estarán disponibles, en todo caso, hasta 2021, a pesar de que el plan diseñado por la Comisión Europea contempla la liberación de 11.500 millones de euros ya este año a través de una modificación del marco presupuestario plurianual 2014-2020.

«El debate no se cerrará antes del segundo semestre. Cuanto más pronto se puedan reunir en persona los líderes de la Unión Europea, mejor», explican los expertos de Berenberg, que tienen en cuenta el plus que supone la negociación cara a cara frente a las videollamadas entre los jefes de Estado y de gobierno y sus equipos. Con todo, este plan representa “el inicio de serias negociaciones más que el final”, por lo que queda largo camino por delante. No se puede aún cantar victoria.

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