Aquellos tiempos en los que se conjugaba el futuro para hablar de inversión socialmente responsable han quedado atrás. Cada vez son más los fondos que invierten en renta variable con criterios éticos, de buena gobernanza y respetuosos con el medio ambiente y, de hecho, están obteniendo mejores resultados este año que los que no se basan en ellos, pues sostenibilidad y rentabilidad representan una ecuación cada vez más estable.

La inversión socialmente responsable implica incorporar a las decisiones de compra de activos criterios financieros éticos, sociales y ambientales, que se unen a los financieros, más tradicionales. Así, a la hora de invertir no solamente se tienen en cuenta los resultados económicos de las empresas, sino también su gobierno corporativo y su papel respecto a la sociedad y el medio ambiente.

Las compañías que tienen elevadas exigencias en cuanto a su gobierno corporativo son más solventes en el largo plazo porque asumen menos riesgos»

Xavier Fàbregas

«Este análisis no solo permite minimizar el impacto de los riesgos potenciales de las inversiones, sino que también reduce el coste de capital, dado que las compañías que tienen elevadas exigencias en cuanto a su gobierno corporativo son más solventes en el largo plazo porque asumen menos riesgos», explica a este periódico Xavier Fàbregas, director de Caja Ingenieros Gestión. Así, estas empresas rebajan su coste de la deuda y de capital, pues les es más sencillo atraer inversores.

La crisis del coronavirus no ha hecho más que aumentar el interés por esta clase de activos, pero también su rendimiento. «Este tipo de activos son ahora más atractivos que nunca. Esto se debe a que está finalizando el reinado indiscutible de los combustibles fósiles como motor económico y se está acelerando una transición hacia una economía más verde», afirma Fàbregas, que añade que, precisamente, los sectores ligados a la combustión de carbono han registrado los peores ajustes en Bolsa.

En cuanto al rendimiento, explica que los fondos que invierten en renta variable con algún criterio de sostenibilidad «han obtenido, mayoritariamente, mejores resultados con caídas menores durante este año 2020». Esta clase de fondos con calificación ASG (siglas de ambiental, social y gobernanza) donde mejor se comportan es en Europa.

La responsable de Gestión Pasiva y ETF en UBS AM Iberia Nina Petrini, por su parte, analiza que tras el impacto inicial en los mercados de la crisis del coronavirus los inversores redujeron el riesgo de sus carteras, principalmente acciones, si bien las carteras sostenibles «no experimentaron una disminución tan brusca».

«Esto nos lleva a pensar que los inversores perciben los activos sostenibles como de menor riesgo que los tradicionales, considerando que la inversión sostenible es de largo plazo, y, en general, más resistente ante cualquier crisis repentina», añade la experta.

Mayor valor a futuro

Es por eso que las empresas que cuenten con una gobernanza enfocada en la sostenibilidad y el compromiso social «serán las que obtendrán mayor reconocimiento a largo plazo y también mayor será su valor de mercado», según Fàbregas.

Las compañías que aplican criterios ASG no solamente tienen mayores beneficios, sino también mejores valoraciones de activos, «ya que un coste del capital inferior se traduce en un mayor valor presente de los flujos de caja futuros, lo que se demuestra en la menor prima exigida a las inversiones».

Como explica Fàbregas, «solo las compañías realmente preparadas desde una perspectiva de la ASG tendrán ciertas garantías para continuar navegando con éxito en los nuevos tiempos que están por venir». Sus previsiones vaticinan «un muy buen comportamiento a futuro de estas estrategias», lo que permite concluir que la inversión responsable ha venido para quedarse.