Imagen de la central de Compostilla, en León

Imagen de la central de Compostilla, en León Endesa

Economía | Empresas

El plan de Endesa para cerrar todo su carbón y cambiarlo por renovables y nuevas industrias

La eléctrica prepara proyectos verdes milmillonarios en los entornos de las centrales térmicas que cierra y lanza concursos internacionales para atraer inversores para asentar otros negocios en las zonas afectadas

Durante décadas el carbón fue el núcleo del negocio de generación eléctrica de Endesa. La compañía ha sido tradicionalmente el mayor operador de centrales de carbón de España, pero ahora ya prepara el cierre y desmantelamiento de todas sus plantas. Un proceso que se alargará durante años, y que conllevará la sustitución de las antiguas centrales por inversiones milmillonarias en nuevas plantas renovables y la atracción de otros inversores que pongan en marcha nuevos proyectos industriales en las zonas afectadas.

Endesa ya cuenta con la autorización de cierre de sus centrales históricas de Andorra, en Teruel, y de Compostilla, en León. Y está a la espera de recibir el permiso formal para clausurar también las plantas de As Pontes, en A Coruña, y de Litoral, en Almería. De su antaño enorme parque de centrales de carbón, la compañía se va a quedar sólo con la mitad de los grupos de la de Es Murterar, en Mallorca, y sólo por seguridad de suministro (se cerrará cuando esté conectado el segundo cable entre la Península y la isla, previsto para antes de 2026).

La estrategia de Endesa para impulsar la descarbonización de su negocio de generación eléctrica se articulará a través de los denominados Futur-e, con planificaciones específicas para cada uno de los emplazamientos en que hoy se encuentran las centrales térmicas y cuyo desarrollo se alargará durante la próxima década. Cada planta tendrá un Futur-e, cada uno diferente y adaptado al entorno.

Según destacan desde la compañía, su estrategia contempla no sólo cambiar carbón por renovables, aunque esta sustitución sea la piedra angular del plan de futuro del grupo. Y es que también se apuesta, en la mayoría de las ubicaciones, por lanzar concursos internacionales para que otras empresas aprovechen los terrenos -cientos de miles de metros cuadrados- y las infraestructuras para lanzar sus propios proyectos industriales no energéticos.

Un ‘megaproyecto’ verde en Teruel

La reconversión verde de las antiguas plantas de carbón de Endesa tendrá en Teruel su punto neurálgico. La compañía ha prometido desarrollar un megaproyecto de renovables con una potencia conjunta de de 1.725 megavatios (MW) y un total de 1.487 millones de euros de inversión con el que sustituir el cierre de la central térmica de Andorra.

El plan incluye la que sería la mayor planta solar en construcción de Europa con 1.585 MW, y también 139 MW de parques eólicos y un sistema de almacenamiento a gran escala de casi 160 MW. El objetivo es instalar las nuevas renovables de manera progresiva entre 2021 y 2026, completándose casi medio siglo después de la puesta en marcha de la planta térmica de Andorra.

Con este megaproyecto renovable Endesa estima que se generarán 17.000 empleos durante fase de construcción y en torno a 450 para la fase de operación y mantenimiento por aproximadamente 25 años.

Endesa acaba de adjudicar el desmantelamiento de la central de Andorra y en breve lo hará con Compostilla

El arranque de los trabajos es inminente y se compatibilizará de manera simultánea la demolición y las actuaciones para levantar los futuros parques de energía verde. Endesa acaba de adjudicar el contrato para el desmantelamiento de la antigua central, que se desarrollará durante los próximos cuatro años y que forma parte de la inversión de más de 60 millones destinada a dejar el emplazamiento de la planta de carbón en condiciones para poner en marcha las futuras plantas renovables.

En las próximas semanas, Endesa tiene previsto adjudicar también el contrato de desmantelamiento de la central de Compostilla, que se alargaría durante cuatro años igualmente y tendrá un presupuesto de un 62 millones. Ubicada en pleno Bierzo, a sólo unos kilómetros de Ponferrada, es una de las localizaciones históricas de la compañía y uno de los motores económicos de la comarca. Compostilla I se puso en marcha en los cincuenta y Compostilla II, la que ahora se cierra, a principios de los setenta.

El plan de futuro para la zona no pasará sólo por Endesa. La eléctrica planea el desarrollo de proyectos renovables con una inversión de unos 600 millones de euros para poner en marcha plantas con una potencia de hasta 700 MW. Pero el grupo, siguiendo el ejemplo desarrollado por su matriz Enel en Italia, también ha lanzado un concurso internacional para encontrar proyectos empresariales sostenibles para el entorno (del sector TIC y comunicaciones, siderometalúrgico, industria agroalimentaria, logística, reciclaje…).

El proceso ya se encuentra en su última fase, en la que la compañía, junto a administraciones y agentes locales y también el Gobierno central, estudian las propuestas seleccionadas para la revitalización económica del territorio aprovechando los 330.000 metros cuadrados de terreno y activos existentes en la central.

«Colaboramos en estos concursos con las administraciones locales, autonómicas y estatales para consensuar el mejor plan posible para cada una de las zonas. Endesa no se va ni se desentiende de estas zonas en las que lleva décadas operando, sino que permanece con una actividad más diversificada y sostenible cara a las próximas décadas», subrayan desde el grupo. «Somos los facilitadores de la implantación de los proyectos empresariales, ya que firmaremos con los promotores de los mismos acuerdos de uso de los terrenos donde ahora se ubican las centrales, que son propiedad de Endesa».

Cierres adelantados

Los planes iniciales de Endesa pasaban por mantener operativas a medio plazo las centrales de Litoral y de As Pontes, e incluso hizo inversiones millonarias para cumplir los nuevos requisitos ambientales exigidos por la Unión Europea para que ambas pudieran seguir funcionando.

Pero el cambio de las condiciones en el mercado energético –con la subida de los derechos de emisión de CO2 y la rebaja del precio del gas- hicieron que quemar carbón dejara de ser rentable. Y la compañía decidió adelantar el cierre de ambas plantas porque no preveía que el escenario de mercado fuera a cambiar. En este caso la adjudicación de los los trabajos de desmantelamiento no se producirá hasta 2021.

Endesa ha proyectado la instalación de nuevas renovables en las regiones en que se localizan ambas centrales. La compañía pretende instalar 1.520 MW de nuevas fotovoltaica y eólica en Almería, con una inversión por encima de los 1.200 millones de euros, generando unos 700 empleos directos de media anual durante los seis años de construcción y 110 para la operación y mantenimiento durante los siguientes 25 años.

Y los planes para Galicia contemplan el desarrollo de hasta 1.505 MW de nueva capacidad eólica hasta 2026, con una inversión de unos 1.581 millones de euros y una generación de 1.250 empleos mientras dure la construcción de los parques y otros 125 mientras los explote. En paralelo a ambos programas de nuevas renovables, la compañía desarrollará igualmente concursos internacionales para atraer alternativas empresarias para sendas zonas afectadas.

El ocaso del carbón en España

El pasado 14 de diciembre fue el primer día en que España –en realidad la Península, en este caso Baleares va casi por libre- produjo toda su electricidad sin utilizar nada de carbón en siete décadas. El primer ‘cero’ de car´bon desde que en 1949 se inaugurara la primera central térmica del país.

Desde entonces se ha repetido al menos otra media docena de veces. No fue una anécdota. Fue un síntoma. La señal definitiva del auténtico principio del fin del carbón para el sistema eléctrico español y que este verano, el pasado junio, se ratificó con el hito de la desconexión de ocho de las trece plantas térmicas que seguía operativas en todo el país. Son las ocho centrales en las que las eléctricas no ejecutaron las inversiones de desnitrificación y desulfurización que exigía Bruselas para acatar los requisitos de reducción de emisiones.

Este año se producía el cierre definitivo de un 60% de toda la capacidad de generación eléctrica con carbón que tenía España. Se formalizó el apagón permanente de las centrales de Lada (Asturias) y Velilla (Palencia) de Iberdrola; para las de Meirama (A Coruña), La Robla (León) y Narcea (Asturias), de Naturgy; para de Puente Nuevo (Córdoba), de Viesgo; y también para la central de Andorra (Teruel) y de Compostilla (León), de Endesa.

Se trataba pues de la puntilla definitiva para un declive que no tiene marcha atrás y que continuará el año que viene, con los cierres anunciados por Endesa (Litoral y As Pontes) y la clausura de Los Barrios (Cádiz) de Viesgo. Tras todos esos cierres sólo quedarán en marcha dos centrales en la Península (las asturianas de Aboño y Soto de Ribera, de EDP) y otra en Mallorca (la de Es Murterar, de Endesa).

Una cascada de cierres de centrales de carbón, al tiempo que se produce una histórica crisis económica, que van a poner a prueba los planes de transición justa comprometidos por el Gobierno y pactados con las eléctricas y con los sindicatos con la premisa de no dejar a nadie atrás en este cambio de modelo energético.

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