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Los hipermercados se lanzan a vender ropa usada

Uno de los expositores de ropa de segunda mano de Carrefour.

Uno de los expositores de ropa de segunda mano de Carrefour. Carrefour

El comercio de ropa de segunda mano es una tendencia en auge y un negocio que no para de crecer. Al margen de las plataformas digitales, grandes cadenas de distribución como Alcampo y Carrefour comienzan a adentrarse en este segmento en España con la instalación de corners dentro de sus hipermercados.

Las dos enseñas de origen francés han tejido acuerdos con dos socios diferentes para implementar estos puntos de venta de ropa de segunda mano. Por un lado, Alcampo ha establecido una alianza con la ONG Cáritas, que desarrolla un proyecto Moda Re-. En total, la compañía del grupo Auchan tiene ya tiene cuatro corners en centros de Barcelona y este viernes va a dar el salto a Madrid, con un puesto en su hipermercado de Fuenlabrada.

Carrefour, en cambio, ha optado por que la gestión sea compartida con el operador de origen galo Patatam, especializado en la venta de prendas de segunda mano y que también tiene un acuerdo con la compañía de moda y complementos Kiabi.

La empresa francesa captó el pasado mes de junio siete millones de euros de tres fondos (el español Creas, el suizo Quadia y el francés Colam Impact) para impulsar su negocio y su idea es contar con 100 puntos de venta en 2022 en nuestro país. La empresa recolecta las prendas a través de un grupo de minoristas asociados y otros puntos y los clientes reciben un vale que pueden canjear en esas empresas.

Aunque Carrefour tiene más extendido el modelo de la venta de ropa usada en Francia, la compañía se limita en nuestro país a la instalación de puntos en centros específicos de Madrid y Barcelona. Su propósito -defiende la empresa- es «fomentar la economía circular textil» y mejorar la sostenibilidad de su negocio.

Desde el pasado verano, Carrefour ha comercializado ya más de 4.000 unidades de ropa de bebé, infantil, mujer y hombre, que antes de salir a la venta, son revisadas para asegurar que cumplen los requisitos de higiene y seguridad establecidos.

Al margen de estas dos grandes cadenas de hipermercados, el gigante alemán de la moda Zalando también ha puesto en marcha una iniciativa para incrementar las ventas en este segmento. Tras un primer año de andadura, la compañía ha multiplicado por diez su crecimiento y ha pasado de vender 20.000 productos a más de 200.000 en 13 de los 23 mercados europeos en los que funciona. De hecho, España fue el primer país en el que introdujo esta categoría y ahora ha querido reforzarla con una campaña de marketing denominada ‘Sin Dramas’.

«El mercado en España va en aumento con plataformas que están en auge como Vinted o Wallapop, pero también surgen otras plataformas nuevas como Ecodicta o Micolet que son proyectos nuevos de start-ups, con un interés de lo que viene de Europa», explica Gema Gómez, de Slow Fashion Next, un grupo de profesionales expertos que ayuda a otros profesionales a aumentar el valor e impacto de sus marcas.

Existen otras compañías como Percentil, que envían una bolsa a casa del usuario, donde puede introducir ropa y complementos que ya no utilice. «Lo recogemos gratis, lo gestionamos todo y te damos un dinerillo extra con el que no contabas por deshacerte de esa ropa», explica la compañía.

El formato de las ONG

Aunque no cuentan con corners como los de Alcampo o Carrefour, compañías como Inditex o El Corte Inglés también desarrollan proyectos con Cáritas. En este caso, se limitan a un servicio de recogida de prendas usadas que luego entregan a la organización. Con el proyecto Moda Re-, se generan 993 puestos de trabajo, de los que 498 son para personas en exclusión social. En total, Cáritas cuenta con 6.147 contenedores instalados en las calles de 1.491 municipios y una red de cerca de 100 tiendas propias.

Por su parte, la Fundación Humana es otro de los gigantes de la ropa usada en España con 48 tiendas repartidas por varias ciudades. A lo largo de 2020, la organización vendió 4,28 millones de prendas que fueron recogidas en 5.200 contenedores. Según datos que facilita la organización, la compra de ropa de segunda mano ha aumentado en Madrid un 43% en los últimos años, donde cuenta con 22 puntos de venta.

«Las empresas profesionales de reciclaje textil pagan el contenedor que ponen en la calle tres veces más caro que las ONG y además tienen que pagar a sus trabajadores», recuerda Marina López, de la Asociación de Moda Sostenible de España. Según denuncia, las cuentas de las ONG no son todo lo claras que deberían y con el envío de ropa a países de África para su posterior venta en mercadillos «destruyen el tejido productivo local».

En efecto, según detallan desde Humana, las prendas depositadas en sus contenedores tienen dos destinos. La mayor parte se trata en las plantas de preparación que tiene en Madrid y Barcelona y el resto se vende a empresas de reutilización y reciclado. Según la propia ONG, el 54% de lo que recoge se destina a reutilización y sólo un 14% se vende a través de las tiendas segunda mano de Humana en España. Otro 40% se exporta, principalmente a África, para ser vendido a precios bajos. Con ello dicen poder generar recursos que destinan a proyectos de cooperación al desarrollo.

Sólo un 14% de lo recogido se vende en las tiendas segunda mano de Humana en España. Otro 40% se exporta para ser vendido

Otro 37,5% de lo que se deposita en los contenedores se encuentra en un estado que no permite su reutilización, por lo que es vendido a empresas de reciclaje textil para que elaboren otros productos (mantas, aislantes o trapos para la industria de automoción). Además, otro 7% no se puede reutilizar ni reciclar ni valorizar energéticamente y se envía a centros de tratamiento de residuos.

«Me parece muy bien que se compre ropa de segunda mano porque hay que buscar alternativas al consumo que tenemos. Aunque si hubiera un control del consumo y la producción, no sobraría ropa por todos lados. Las grandes empresas lo están implantando porque hasta hace poco quemaban el excedente de producción», concluye López.

La Unión Europa prepara ya una nueva normativa que obligará en 2025 a los ayuntamientos a hacerse cargo también de la recogida de los residuos textiles mediante la instalación de nuevos contenedores en las calles.

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