Economía

La España nuclear: siete viejos reactores con fecha de caducidad

Nuestro país cuenta con cinco centrales nucleares operativas creadas en los años 80 cuyas licencias vencerán en 2030. En estos años las centrales han almacenado más de 16.500 elementos combustibles irradiados.

La central nuclear de Ascó, en Tarragona.

La central nuclear de Ascó, en Tarragona. csn

La suya es una historia de extremos. De maldita a imprescindible, de amenaza mundial peligrosa y altamente contaminante a energía ‘verde’ sostenible. El pulso entre detractores y defensores no ha dejado de librarse desde hace décadas, sólo ha rebajado su intensidad. La historia de los años 80 y la de este segundo decenio de los 2000 es un viaje desde el blanco y negro al color. Del horror de Chernóbil a la apuesta europea por una energía creciente en la UE y en todo el mundo. Hoy sus instalaciones no dejan de crecer en muchos puntos del planeta, en número y potencia, y la dependencia energética de las economías hacia sus centrales, también.

La Comisión Europea quiere que invertir en energía nuclear sea viable al considerarla una opción ‘verde’. Que la apuesta por esta modalidad que genera ya una cuarta parte de la electricidad consumida por los europeos se refuerce y consolide su futuro. España se ha mostrado en contra, «sería una paso atrás». El Gobierno se ha situado en el bando de Alemania, Luxemburgo y Austria. Sin embargo, quizá no sea suficiente para tumbar la pretensión de la Comisión, que divide a los países de la UE, con Francia como principal valedor y Alemania como muro a derribar. Se estima que se requerirá de cerca de una veintena de Gobiernos de la UE para frustrar la pretensión comunitaria.

Por el momento, el Ejecutivo de Pedro Sánchez continúa en su posición de poner fin a las centrales nucleares en la ruta de la transición energética en marcha y que apuesta por energías 100% renovables. Sus ministros lo han recordado esta semana, las centrales están abocadas a ser desmanteladas. Las autorizaciones para la actividad de las centrales nucleares de nuestro país se siguen concediendo pero con fecha de ‘caducidad’ fijada en 2030. La última autorización ha sido la del segundo reactor de la central de Ascó, en Tarragona, hasta octubre del año 2031.

España no es una potencia nuclear en el panorama internacional, pero tampoco un agente despreciable en el mapa de reactores. En la clasificación que hace Naciones Unidas a través de su Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) nuestro país aparece en el décimo lugar, detrás del Reino Unido. Lo hace por el número de reactores de los que dispone y la potencia operativa que generan.

22% de la electricidad, nuclear

Actualmente son siete los reactores –en cinco centrales nucleares– que están operativos. A ellos se suman otras tres centrales que actualmente se encuentran cerradas. Son cifras muy alejadas de la potencia nuclear del planeta que, según la estadística de la OIEA, es Estados Unidos: 93 reactores y una capacidad eléctrica neta de 95,5 GW(e).

Tras ella aparece Francia, el primer país europeo y el más interesado en el cambio que Europa quiere imprimir a su política nuclear. El presidente Macrón lleva años apostando por dar un impulso a esta energía y prepara ya la construcción de otras seis centrales que sumar a los 56 reactores en 27 centrales de los que ahora dispone y (61,3 GW (e) de capacidad eléctrica neta. El país vecino ya prepara la construcción de seis reactores más y un plan de inversiones que supera los 46.000 millones de euros en un intento por alcanzar la autonomía energética. Ni siquiera China, Japón o Rusia se acercan a sus cifras: 53, 33 y 38 reactores respectivamente.

El documento que ha partido en dos a los Gobiernos europeos es por ahora un borrador. Fue hecho público el último día del año pasado, cuando Europa despedía el 2021. El 31 de diciembre el concepto de la ‘taxonomía’ irrumpió en portadas e informativos. Se trata de un sistema de clasificación de actividades consideradas medioambientalmente sostenibles y por tanto susceptibles de inversiones que faciliten la transición ecológica. Con ello, se colaboraría en el cumplimiento de las políticas climáticas y ambientales de la Unión. De prosperar, incluir en esa lista a la energía nuclear, -además de al gas natural-, supondrá una profunda revolución.

«Seguir destrozando el planeta»

No sólo Gobiernos como España, Austria, Dinamarca, Portugal o Alemania se han opuesto. Los principales movimientos ecologistas han alzado la voz en contra de la propuesta. Greenpeace ha tildado la medida de «licencia para un lavado de cara verde» para algunas de las compañías más contaminantes: «Las empresas estarán encantadas de tener el sello de aprobación de la UE para atraer inversiones que les permitan seguir destrozando el planeta, quemando gas fósil y produciendo residuos radiactivos», asegura la directora de programas de Greenpeace para la UE, Magda Stoczkiewicz. Desde Ecologistas en Acción, su portavoz, Sara Bourehiyi, alerta del riesgo que supondrá abrir la puerta a este tipo de inversiones bajo el sello de ‘verdes’ y sostenibles cuando sólo contribuirán a seguir «agravando aún más la crisis climática».

En nuestro país, según datos del Foro Nuclear que agrupa a la industria del sector, la energía eléctrica producida por los reactores nucleares instalados en nuestros país representa el 22,2% del total de la producción eléctrica neta. Es decir, algo más de una quinta parte de la electricidad producida en 2020 –últimos datos hechos públicos- tendría origen nuclear.

Un peso de la energía nuclear que descendió a comienzos de los 2000 hasta 2009, cuando inició un repunte que hoy se prolonga. Desde este organismo subrayan que “por décimo año consecutivo” la nuclear es la fuente que más electricidad genera en el sistema eléctrico español, por delante de otras fuentes como la eólica (21,8%), la procedente de los ciclos combinados (17,5%), la hidráulica (12,1%), la fotovoltaica (6%) o el carbón (2%).

El sector nuclear español lo manejan apenas tres grandes compañías eléctricas como Iberdrola, Endesa o Gas Natural y, en menor medida, Nuclenor e Hidroeléctrica del Cantábrico.

El mapa geográfico de la energía nuclear se limita a cuatro ubicaciones: Tarragona, Guadalajara, Valencia y Cáceres. Son estas provincias las que albergan las cinco centrales y siete reactores que suministraron en 2020 un volumen de electricidad de entre 7.000 y 9.000 GWh de media cada una de ellas.

España no ha creado más centrales desde hace de tres décadas. Las que hoy está operativas fueron puestas en marcha en los años 80. Se trata de instalaciones en muchos casos envejecidas y cuyo mantenimiento supone un desembolso millonario para sus propietarias. Cada año se estima en cerca de 300 millones de euros el mantenimiento de las cuatro centrales.

Centrales de 40 años

La más antigua tiene 40 años, se trata de la central de Almaraz, en Cáceres. Su primer reactor fue puesto en marcha en mayo de 1981. Dos años después llegaría el segundo. Pero el origen de la energía nuclear en nuestro país es aún más antiguo. Hay que remontarse hasta el 14 de julio de 1968 para encontrar la que fue primera instalación nuclear española. La central de Zorita, la central José Cabrera, está hoy cerrada.

También hay proyectos frustrados. A comienzos de los 80 la central nuclear de Lemóniz se convirtió en un símbolo de la energía nuclear en España. El debate entre partidarios y detractores se instaló en la sociedad española y, en particular, en Euskadi. Allí, ETA decidió apropiarse de la bandera nuclear para ‘socializar’ su lucha terrorista. Lo hizo con tiros y bombas, con el asesinato de los ingeniero José María Ryan y José Pascual y Ángel Pascual Mugica y a dos trabajadores de la central, Andrés Guerra y Alberto Negro. La presión violenta terminó por hacer fracasar el proyecto. Hoy las ruinas de aquella central, ya en manos del Gobierno vasco, se adaptarán para convertirse en un polo de investigación y producción acuícola que abarcaría una superficie de casi 70.000 m2.

Además de los dos reactores de Almaraz, en esos mismos años se pusieron en marcha los dos reactores de la central de Ascó. En 1983 y 1985 fueron activados los de este centro de Tarragona. Un año después, en 1984, lo hizo la central de Cofrentes (Valencia). Tres años más tarde se puso en marcha el reactor de Valdellós (Tarragona), que aún está operativo, y en 1988 la central de Trillo, en Guadalajara.

Además del de José Cabrera y la fallida central de Lemóniz, por el camino de la historia nuclear de España también se quedó la central de Santa María de Garoña, en el límite entre Burgos y Alava. Funionó desde 1973 y hasta el año 2017. Sus instalaciones se encuentran ahora en un largo proceso de desmantelamiento. A ellas se suma el cierre del primer reactor de Valdellós.

442 reactores en el mundo

En muchos casos se trata de instalaciones en proceso de desguace y que aún se emplean para el almacenamiento del combustible irradiado. Las centrales operativas lo hacen en las piscinas habilitadas al efecto en sus propias instalaciones y, una vez colmadas, en los llamados Almacenes Temporales Individualizados (ATIs). Actualmente existen ATis en la antigua central José Cabrera –en fase de desmantelamiento-, en la central de Trillo, en Ascó y en Almaraz. En la central de Santa María de Garoña –en predesmantelamiento- también se ha habilitado un almacén, así como en Cofrentes. A finales de 2020 se estima que el número de elementos combustibles “irradiados” que había almacenados en las centrales de nuestro país era de 16.542, la mayor parte en piscinas.

El futuro de la energía nuclear parece haberse despejado, al menos en el panorama internacional. Actualmente en el mundo la producción y demanda de energía crece y en el caso de la nuclear lo hace a un buen ritmo. Se estima que desde 2012la generación de este tipo de energía ha crecido un 8%. Actualmente 32 países en el planeta cuentan con este tipo de reactores y se calcula que el 10% de la energía consumida en le planeta es de carácter nuclear. Entre ellos, suman nada menos que 442 reactores y una capacidad energética de 392 GW(e).

El continente que más crece actualmente es Asia, donde la construcción de centrales crece a mayor ritmo que en el resto de continentes. Se trata en la mayoría de los casos de reactores antiguos que requieren severos controles de mantenimiento y seguridad. Casi siete de cada diez supera los 30 años de vida útil. UN 20% llega a los 40 e incluso existen algo menos de media docena de reactores en el mundo con medio siglo de vida útil.  

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