Economía

Naranjas, ruina para el agricultor y negocio para el supermercado: "Se enriquecen a nuestra costa"

Los agricultores denuncian que están vendiendo las naranjas por debajo del precio de producción

Naranjas colgando de un árbol bajo el sol

Naranjo Pixabay

Producir un kilo de naranjas en España en la campaña 2021/2022 es sinónimo de perder dinero, según denuncia Carles Peris, responsable de cítricos de Unión de Uniones de Agricultores y Ganaderos: «La naranja española se ha vendido esta campaña por debajo de los costes de producción». El desequilibrio entre lo que reciben los agricultores y lo que pagan los consumidores en los supermercados sume a los trabajadores del sector primario en la ruina mientras las grandes comercializadoras aumentan su margen de beneficios. «Las comercializadoras se enriquecen aún más a costa del agricultor. La bajada de precio en los lineales de los supermercados es menor del descenso en lo que se ha pagado a los productores», manifiesta Peris.

En marzo de 2021 un agricultor recibía 0,29 € por cada kilogramo de naranjas, frente a los 0,18€/kg que ha percibido en el mismo mes de este año, según datos del ‘Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos‘ de COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos). El coste de producción se sitúa en «unos 0,24 €/kg», apunta Peris, lo que evidencia el incumplimiento de la Ley de la Cadena Alimentaria que prohíbe producir a pérdidas. «El agricultor se encuentra entre la espada y la pared porque es el que menos poder de negociación tiene», lamenta Peris, que alude a que en numerosas ocasiones «se prefiere vender a 0,12 €/kg que a nada», ya que la naranja perece. «Estamos viendo que los grandes supermercados son los que tienen la posición de dominio, fijan el precio y en estas situaciones de incertidumbre y especulación siempre acaban ganando más dinero y el productor no ve ningún beneficio repercutido», apostilla.

Tanto fuentes de COAG como el propio Peris señalan un motivo como principal responsable de la devaluación del precio de la naranja en origen: «Al inicio de nuestra campaña hubo una importación de naranjas de Sudáfrica que provocó que arrancásemos más tarde la recolección y por tanto ya te hace entrar en el mercado con precios más bajos. Esa presión e inestabilidad ya no te la quitas en todo el año. Además, la demanda ha bajado, lo que hace que los precios se hundan del todo». Respecto a las importaciones, Peris pide que «se impongan los mismos estándares que solicitan a los productores nacionales».

Cuánto recibe el productor y cuánto paga el consumidor de naranjas

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación reconoce en su Boletín semanal de precios de fruta y hortalizas más reciente que «la cotización de la naranja es la más baja de las últimas diez campañas por estas fechas con la excepción de la 2018/19, situándose un 59,8% por debajo que el año pasado y un 54,2% menos que la media de las cinco campañas anteriores para la semana 15». Este bajón lo han sostenido únicamente los agricultores según manifiesta Peris, que indica que «los supermercados venden las naranjas al mismo precio que siempre y pagan menos que nunca por ellas».

El Índice de Precios en Origen y Destino de los alimentos de COAG muestra que la diferencia porcentual entre origen y destino para la naranja es de un 711%, «es abismal», comenta Peris. Es decir, el precio de la naranja de origen se multiplica por 8,11 hasta que llega al consumidor.

El reclamo de Unión de Uniones de Ganaderos y Agricultores ha sido transmitido por un escrito a la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA) para que investigue si se ha producido un incumplimiento de la Ley de la Cadena Agroalimentaria; «Se hace necesario que el órgano administrativo correspondiente investigue y clarifique qué es lo que está sucediendo y se sancione a aquellos operadores que incumplen la normativa». Peris solicita la implantación de estudios por parte de la administración que fijen una horquilla de precios de producción «para tener una referencia clara y un registro de contratos para ver la realidad del campo» y no perpetuar esta situación que convierte a los agricultores en «esclavos de las grandes superficies».

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