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Los cánones ferroviarios suponen el 45% de los costes de explotación de Renfe

La compañía que preside Isaías Táboas prevé pagar 1.271 millones de euros a Adif en 2023 por el uso de las infraestructuras. El gestor defiende que se encuentran entre los más bajos de Europa

Dos trenes de Renfe en Sevilla.

Dos trenes de Renfe en Sevilla. EFE/José Manuel Vidal

Los cánones ferroviarios son junto a los salarios una de las grandes partidas de costes de Renfe. En concreto, el peaje que paga al Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) por el uso de vías y estaciones se lleva cerca del 45% del presupuesto de costes operativos. En concreto, la previsión es desembolsar 1.271 millones de euros en el ejercicio 2023 por este concepto, según detalló este jueves Isaías Táboas durante su comparecencia ante el Congreso para explicar el presupuesto del próximo ejercicio.

Adif ha decidido congelar los cánones para 2023 y 2024, aunque la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se muestra partidaria de que se amplíen las bonificaciones a los operadores. La compañía que preside María Luisa Domínguez mantendrá el sistema para incentivar el aumento de las frecuencias en los trenes de largo recorrido que, según las líneas, puede llegar hasta un 50%, según ha apuntado ante la misma comisión. De hecho, ha defendido que su propuesta de cánones hace que se encuentren «entre los más bajos de Europa».

Para gastos de personal, Renfe había estimado un coste de 1.089 millones de euros. Aunque el montante deberá ser revisado tras el acuerdo alcanzado recientemente por el Gobierno con los sindicatos mayoritarios para incrementar los sueldos en la función pública. El número medio de empleados afectados por la subida salarial será de 18.672 personas, según Táboas.

La tercera partida que más quebraderos de cabeza está dando a la compañía ferroviaria son los costes energéticos. La empresa pública viene advirtiendo del impacto en sus cuentas del sobrecoste de la electricidad que usa para mover sus trenes. En el caso concreto de la alta velocidad, Táboas destacó que la factura eléctrica pasó de suponer un 7% de los costes en 2019, al 20% «en el momento actual».

Ante la escalada de precios, la compañía dice haber puesto en marcha un «ambicioso» plan de contención del gasto corriente. También ha explorado con Adif y con las otras compañías ferroviarias privadas un cambio en la fórmula para comprar la energía que les suministra la empresa pública que preside María Luisa Domínguez.

Este sentido, ha destacado el esfuerzo que están realizando para la compra conjunta de energía a varios meses vista, «con el objetivo de evitar las oscilaciones del mercado». Además, la compañía continúa avanzando en diversos proyectos para la generación de energía eléctrica y el autoconsumo, como la instalación de placas fotovoltaicas conectadas a las subestaciones de Adif, o la instalación de placas fotovoltaicas en bases y talleres de mantenimiento.

En función de la previsión de ingresos y gastos, la perspectiva para el próximo ejercicio pasa por alcanzar un resultado bruto de explotación (Ebitda) positivo de 555 millones de euros. La incorporación de las amortizaciones (415 millones de euros) y del resultado financiero al EBITDA previsto sitúa el resultado antes de impuestos para 2023 en 98 millones de euros positivos.

Táboas también ha dicho que tras el anuncio de la francesa SNCF de romper la colaboración a través de la empresa Elipsos, Renfe está trabajando en la futura explotación de servicios comerciales de alta velocidad entre Barcelona-Lyon, y en la línea Madrid-Barcelona-Marsella, con el objetivo de llegar hasta París. Asimismo, también está participando en licitaciones para la prestación de servicios públicos en varias regiones francesas, que aún no han sido adjudicadas.

Precisamente este jueves, la SNCF anuncia la puesta a la venta de los billetes de alta velocidad para la conexión entre Barcelona y París, que prestará de forma individual a partir del 11 de diciembre. La compañía gala comienza sus operaciones con billetes a 39 euros para cubrir los 1.000 kilómetros de distancia de ambas capitales en un tiempo de alrededor de seis horas y media.

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