China es ya el segundo mercado del que más productos importa España, solo por detrás de Alemania. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha puesto rumbo esta semana hacia el gigante asiático con ánimo de requilibrar una balanza comercial que no hace más que inclinarse hacia el lado de Pekín.

Las importaciones se han duplicado desde que el jefe del Ejecutivo accedió a La Moncloa en 2018 mientras las ventas españolas hacia ese país no terminan de despegar. Un 11% de lo que importamos ya procede del gigante asiático, al que apenas enviamos el 2% de nuestras exportaciones.

En términos absolutos, España envió a China 7.971,6 millones de euros en productos y servicios mientras que las importaciones sumaron 50.249,5 millones. Por ello, el déficit comercial alcanzó los 42.278 millones de euros en 2025. Es más del doble que los 20.633 millones que arrojaba en 2018 cuando Sánchez tomo los mandos del país tras la moción de censura contra Mariano Rajoy.

Las cuatro visitas -con esta- del jefe del Ejecutivo a país que gobierna Xi JinPing -con quien se reunirá este martes- no han servido para dar la vuelta a la tortilla o, al menos, para invertir el sentido de la balanza.

Ahora, en pleno choque de España con Estados Unidos por el conflicto abierto en Irán por Donald Trump, y en un clima de tensión comercial entre Washington y Pekín, Moncloa vuelve a ser punta de lanza en el acercamiento desde la Unión Europea al gigante asiático e insiste en buscar nuevas vías de negocio para las empresas españolas. Y pone el foco en industria, agricultura y tecnología. El punto fuerte de España en el alimentario es la carne de cerdo.

Pero el Gobierno quiere complementar esa potencia. Sánchez visitó este lunes en Pekín las instalaciones de la tecnológica Xiaomi y se reunió con el fundador Lei Jun. La presencia de capital chino en España ha ido creciendo en los últimos años, con 4.698 millones de euros en 2024 y está especialmente enfocado en automoción, servicios financieros y maquinaria industrial. La transición energética y la movilidad sostenible son terrenos abonados.

A nivel europeo, el acercamiento imprimido por la administración española hacia la gran potencia asiática se mira con recelo. De hecho, Bruselas intenta frenar el desembarco de productos chinos y para ello ha suprimido ya la exención de derechos de aduana para los pedidos de bajo valor. Algo que afecta de lleno a gigantes del comercio como Shein o Temu. También ha tratado de poner barreras a la llegada masiva de coches eléctricos.

En estos momentos, el gigante asiático es el primer fabricante de vehículos del mundo. De sus factorías salieron el año pasado 34,5 millones de vehículos, el doble que de las europeas. Y siete de cada diez coches eléctricos que se fabrican en el planeta proceden de una factoría china. En poco más de tres años las marcas chinas han pasado de tener un 9,7% mercado eléctrico español a representar un 23,3%, según datos de la patronal Anfac.