La incertidumbre y el miedo son malos consejeros. Más aún en la economía. En estos días, ambas sobrevuelan los mercados del petróleo. Lo hacen a medida que las tensiones se acentúan en el Golfo y las amenazas de que el conflicto pueda volverse a agravar en cuestión de días se intensifican. Este viernes, el barril de crudo alcanzó el precio más alto desde que se inició la guerra de Irán el pasado mes de febrero: 117 dólares por barril. La cifra supone un encarecimiento de nada menos que el 60%.
Parecía que la situación podía reconducirse, pero los últimos acontecimientos han demostrado que el escenario es demasiado incierto y frágil como para confiar. Los últimos ataques hutíes contra objetivos de Arabia Saudí, entre ellos refinerías, han sido el revés que ha vuelto a cuestionar el suministro de petróleo.
Ataques a refinerías del Golfo
La refinería de Yanbu, punto clave del oleoducto Este-Oeste -que conecta el área de producción saudí con el mar Rojo y por el que se estaba evitando el tránsito por el estrecho de Ormuz-, ha sido un duro golpe para los mercados, al anular la principal vía alternativa de transporte y disparar inmediatamente los costes de los fletes marítimos y los seguros de los petroleros.
Esta parálisis logística no solo ha interrumpido el flujo de materia prima, sino que también ha afectado a la capacidad global de procesar derivados. Los ataques a las plantas del Golfo están disparando los márgenes de refinado y encareciendo de forma importante los productos finales como el diésel, el queroseno de aviación y la gasolina, cuyos precios escalan a un ritmo incluso superior al del propio barril de crudo.
Miedo a un ataque tras las elecciones en EEUU
Tampoco ha ayudado a estabilizar los mercados la información publicada por algunos medios de los EEUU en las que se asegura que Trump e Israel estarían preparando un nuevo ataque contra Irán tras las elecciones de mitad de mandato del próximo 3 de noviembre.
En el estrecho de Ormuz el tráfico de buques continúa siendo moderado. Por ahora, Trump descarta cualquier tipo de negociación con Irán que pueda reconducir la situación y prefiere advertir de que el escenario podría cambiar pronto. El presidente de los EEUU prefiere esperar a que se celebren las elecciones y acusar a Irán de encarecer el precio del petróleo como arma electoral contra el partido Republicano.
Caída de reservas e impacto en la inflación
La Agencia Internacional de Energía (AIE) ya ha advertido en su boletín de octubre que la recuperación del suministro es por ahora frágil. En su informe de septiembre constató que las existencias mundiales de barriles en el mercado habían caído en 506 millones respecto a febrero y que el envío de productos refinados desde Oriente Medio aún no se había recuperado. A esta escasez de inventarios se suma la duda sobre si la OPEP+ o EEUU estarán dispuestos a liberar reservas estratégicas de emergencia para aliviar la presión sobre los mercados.
En este contexto, la prima de riesgo se ha incrementado. El sobreprecio preventivo incide directamente en los contratos de futuros y amenaza con un impacto económico global severo. Un barril de Brent en los 117 dólares encarece el transporte y los costes industriales, reavivando con ello el temor a un repunte de la inflación.
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