S&P sigue los pasos de Fitch y eleva a notable el rating de España.

El ministro de Economía, Román Escolano. Europa Press

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Recuperación con trampa: los hogares vuelven a endeudarse, pero con bajos salarios

La perspectiva de reducción del paro y creación de empleo ha dado alas al consumo y al endeudamiento en víspera de un incremento de tipos de interés

La recuperación económica en España es un hecho. Así lo perciben todos los agentes económicos, cada uno desde la atalaya de sus intereses. En el caso de los hogares tienen mucho que ver con el empleo. Y lo que dice el Gobierno, de acuerdo con el Programa de Estabilidad 2018-2021 que se remitirá en próximos días a Bruselas, es que la tasa de paro será inferior al 11% en 2021. Por ello, lo que se percibe es que perder el trabajo a día de hoy no es una situación tan desesperada como en los años más duros de la crisis y, en consecuencia, crece el consumo interno al tiempo que se reduce lo que se conoce como el ahorro preventivo.

Analistas consultados por El Independiente consideran que esto puede ser una trampa, puesto que los españoles están embarcándose de nuevo en un proceso de endeudamiento, (tras haber realizado el mayor esfuerzo de desapalancamiento de la historia desde que estalló la crisis) confiados en la bonanza económica, llevando su tasa de ahorro hasta mínimos, pero con empleos en muchos casos peor pagados y, sobre todo, con una perspectiva de subidas incierta, todo ello a las puertas de una nueva subida de tipos de interés.

En este contexto, un alza del coste de la deuda podría impactar de lleno en las finanzas familiares y ello, a su vez, podría tener un efecto perjudicial en forma de freno del consumo y del crecimiento económico. No obstante, también hay voces autorizadas que recuerdan que los hogares han acumulado grandes niveles de riqueza financiera durante la crisis que podrían servir de colchón ante cualquier eventualidad.

El optimismo prende entre los hogares

Desde la compañía de calificación Axesor se pone de relieve la supuesta paradoja de que, ahora que se acaban de sanear las cuentas públicas y a enjugar el déficit público, se está produciendo «un deterioro de las finanzas de los hogares».

Los españoles han sido tradicionalmente ahorradores. La anomalía, señalan, surgió en el periodo 2003-2007, cuando la disminución de la tasa de ahorro y el esfuerzo inversor en vivienda convirtió a los hogares en deudores. Pero la situación volvió a cambiar de signo por pura supervivencia. Con la llegada de la crisis el sector hizo un importante esfuerzo de desapalancamiento, soltando un lastre de más de 100.000 millones de euros hasta el pasado año.

Sin embargo, esa dinámica se rompió en el verano de 2017. En un marco de elevado dinamismo del consumo y reactivación de la inversión, las familias redujeron al cierre del pasado año su tasa de ahorro a mínimos de la serie histórica iniciada en 1999, hasta el 5,7% de su renta disponible, y registraron incluso una necesidad de financiación del 0,3% del PIB, algo que no sucedía desde el año 2008.

Esto se explica porque, aunque su renta bruta disponible creció un 2% en 2017, tasa idéntica a la del año anterior, el gasto en consumo de los hogares creció al mayor ritmo de la última década (4,2%), como recuerdan desde el Instituto de Estudios Económicos (IEE).

En paralelo, ya en febrero de 2018, la deuda de los hogares volvió a crecer un 0,2% respecto al mes anterior, hasta los 704.400 millones de euros, con un incremento del apalancamiento por créditos al consumo del 7,8% respecto al mismo mes del año anterior.

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«Entre las razones de la caída del ahorro está la aspiración de vivir por encima de sus posibilidades, decisión que se consolida cuando las expectativas sobre la economía mejoran. Una mayor confianza en mantener un trabajo, así como en la mejora de la situación económica general avalan un mayor gasto, incluso avalan la decisión de endeudarse», explican en Axesor, antes de advertir que «los aumentos de renta provienen, en gran medida, de la creación de empleo de bajos salarios, cuya propensión a consumir es más elevada que el resto».

Los efectos perniciosos del consumo

¿Dónde está la trampa? Axesor alerta de que un consumo excesivo o, dicho de otra manera, un ahorro demasiado bajo, acaba teniendo un impacto negativo en el potencial de crecimiento de una economía. Es decir, que la percepción de una economía y un mercado de empleo a pleno rendimiento puede ser el principio de una desaceleración.

«El mayor endeudamiento conlleva una mayor carga financiera y reduce la capacidad de respuesta del sector ante variaciones no esperadas en los tipos de interés, en su renta o en el valor de sus activos.  Y todo ello puede intensificar los efectos de cualquier shock económico o político adverso, afectando negativamente al crecimiento económico», añade la firma. En definitiva, hace la economía más vulnerable por culpa da una percepción de fortaleza.

No se debería perder de vista que la economía española es aún una economía muy endeudada: el pasivo de los hogares sigue siendo del 61,5% del PIB y está en su mayoría indiciado al euríbor, más sensible a los movimientos del BCE que a los del mercado de deuda. «A lo anterior, hay que añadir que el hecho evidente que los tipos de interés actuales promueven el gasto, no el ahorro. Y que esos bajos tipos también alientan la subida del precio de los activos, lo que puede elevar la sensación de riqueza de las familias y alentar el consumo», añaden.

Subida de tipos en un año

En línea con estas tesis, el director de Coyuntura y Estadísticas de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), Raymond Torres, señala que la próxima subida de tipos de interés podría poner en aprietos a muchas familias que han reducido ya su tasa de ahorro a niveles mínimos y se han vuelto a endeudar. «Eso es una trampa, porque se están tomando decisiones de consumo en función de las perspectivas de empleo cuando lo más importante es la renta disponible», añade.

Torres considera que, en cualquier caso, las familias que se están lanzando a contratar hipotecas, por ejemplo, lo están haciendo en mayor medida que antes con tipos fijos, lo que podría ser un antídoto contra el viraje en la política monetaria del BCE. No obstante, considera que el riesgo, de momento, se está concentrando en el crédito al consumo.

En cualquier caso, Torres ve el crecimiento del endeudamiento como una síntoma de agotamiento del consumo. Del mismo modo, la secretaria general del IEE, Almudena Semur, también considera que «la moderación salarial, la reducida tasa de ahorro junto con el agotamiento de la demanda embalsada generada durante la crisis , así como la inflación al alza, moderarán el crecimiento del consumo, que crecerá, pero no a los ritmos de años anteriores». «Una buena parte de este consumo se financiará a base de endeudamiento», añade.

BBVA recuerda que la riqueza financiera ha aumentado

El economista jefe para España del Servicio de Estudios del BBVA, Miguel Cardoso, matiza estas apreciaciones. En primer lugar, explica que la tasa de ahorro es un flujo, es decir, que mide la diferencia entre las rentas que entran y los gastos que salen de los hogares. En este sentido, recuerda que durante la crisis, buena parte del ahorro acumulado durante la crisis se encuentra a buen recaudo en depósitos y que esta riqueza no aparece reflejada en la tasa de ahorro.

Según datos del Banco de España, la riqueza financiera neta de las familias españolas se situó en 1,373 billones de euros en el cuarto trimestre del año 2017, lo que supone un aumento del 3,8% respecto al mismo periodo de 2016, por lo que ya equivale al 118% del PIB.

De esta forma, la riqueza de los hogares se mantiene por encima de los niveles previos a la crisis económica, ya que en el primer semestre de 2007, rozaba el billón de euros. Esto pone de manifiesto que, como señala Cardoso, las familias han aprovechado los años de crisis para reducir su deuda y elevar su riqueza.

Además, el economista señala que en una economía con un tejido empresarial en el que más del 95% de las empresas son pymes y micropymes, muchas familias cuentan como parte de su ahorro el que recae sobre sus empresas.

Por todo ello, Cardoso no cree que la situación sea preocupante, y en todo caso ve riesgos para los hogares que han aprovechado las mejores condiciones crediticias para gastar más en lugar de ahorrar y siempre que se produzca una subida brusca de tipos de interés.

Años de devaluación salarial

Toda esta situación se conjuga con un contexto de endeudamiento pero de bajos salarios. De acuerdo con el criterio de CCOO, la devaluación salarial se puede analizar desde la perspectiva de los recortes en la nómina, a través de los descuelgues que ha facilitado la reforma laboral, o desde la perspectiva de la caída de los ingresos salariales, que puede tener más causas. Por ejemplo, la pérdida del trabajo y su recuperación, pero en una ocupación de salario inferior, pasar a trabajar de jornada completa a parcial, etc.

El efecto combinado de estos factores ha dado lugar, según el sindicato, a un recorte medio de los salarios (descontada la inflación) del 7,6% entre 2008 y 2015, a partir del Índice de Precios del Trabajo (IPT) que elabora el INE.

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Al mismo tiempo, el Banco de España ha señalado en diversas ocasiones que, aunque seguirá cayendo la tasa de paro en los próximos años, esta mejora del empleo no se verá acompañada de mejoras salariales significativas, entre otras cosas porque el empleo que se crea se centra en sectores menos productivos y cualificados.

Visto de otro modo, los españoles han vuelto a endeudarse, pero en lugar de asumir bienes por encima de su valor, como ocurrió durante la burbuja inmobiliaria, lo han hecho con trabajos, en muchas ocasiones, infravalorados.

Ese plus de crecimiento del consumo como consecuencia de decisiones de gasto que se pospusieron durante la crisis debería tener ya poco recorrido, de manera que es de esperar que el consumo ralentice su ritmo de crecimiento en los próximos trimestres, según apuntan desde Axesor. Ello frenaría la tendencia actual de caída de la tasa de ahorro de los hogares, que, a su juicio, «no es sostenible ni debería caer mucho más, pues se generarían desequilibrios no deseados».

¿Qué ha hecho el Gobierno?

Hasta ahora, el Gobierno ha dado claros pasos para servir de ejemplo al sector privado en material salarial. En cuestión de un año, ha acelerado la subida del salario mínimo interprofesional (SMI) hasta un 15% en 2020, ha pactado una subida salarial para los funcionarios del 8,7% en tres años ; ha iniciado un proceso de consolidación de 350.000 plazas en el sector público, junto a unas ofertas de empleo público más generosas que en los últimos años.

También ha elevado las pensiones más bajas (pendiente de que se concrete la subida de las pensiones con el IPC) y, sobre todo, ha aprobado una rebaja del IRPF  que confía en que incremente el consumo de las familias y los ingreso tributarios. Ese es el argumento que se maneja en Hacienda cuando se cuestiona que una rebaja del IRPF por importe de 700 millones de euros en 2018 vaya a generar, junto al avance del PIB, un retorno en forma de incremento de la recaudación por IRPF del entorno del 6%.

Según Hacienda, el hecho de concentrar la rebaja fiscal entre las rentas más bajas responde a que son estas las que más propensión tienen a gastar cuando ven incrementado su poder adquisitivo. Igual que aquellos pensionistas con rentas más bajas. Y todo ello, en favor de mayores ingresos tributarios.

Sin acuerdo en el sector privado

Sin embargo, la patronal CEOE-Cepyme y los sindicatos CCCOO y UGT siguen lejos de cerrar un acuerdo salarial para este año y próximos, lo que no impide que se sigan cerrando convenios colectivos en las empresas y los sectores. ¿Qué salarios se pactan? Hasta la fecha las salariales acordadas en los convenios colectivos se han situado por debajo de lo pactado, lo que arroja poca confianza en lo que puedan pactar los agentes sociales.

Mientras hay o no acuerdo para este año, la subida salarial pactada este año ronda el 1,5%, en línea con la inflación media esperada para este año por el Gobierno. Es decir que, al menos de momento, los salarios crecen al ritmo que el coste de las cosas, lo que no deja margen a priori para incrementar de forma inercial la tasa de ahorro.

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