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En el corazón de Orlando, el tomate frito de toda la vida

ALFARO (LA RIOJA)
Fábrica de tomate Orlando, en Alfaro (La Rioja)t

Fábrica de tomate Orlando, en Alfaro (La Rioja) Orlando

En lata, en vidrio o, para los más jóvenes, en brick. El clásico, el casero, el artesano, con aceite de oliva virgen extra, sin sal ni azúcares añadidos o, incluso, ecológico. El rojo del tomate Orlando (The Kraft Heinz Company) habita en la cabeza de los consumidores españoles. Como la nevera, el horno, la encimera o la tostadora, el tomate Orlando es un elemento más de las cocinas. La popular marca, que nació hace 100 años como conservera de pescado en San Sebastián, cumple su centenario con retos como la optimización de los recursos hídricos, la transición hacia la descarbonización de sus fábricas y la exigencia de mantenerse como referencia de su mercado.

Uno de los valores que sustenta el éxito de Orlando es su sofrito, que en 1968 elevó a lo más alto el techo de su negocio. El triángulo formado en torno al Valle del Ebro por Navarra, La Rioja y Aragón nutre de tomates frescos la producción de tomate frito Orlando, mientras que Extremadura y Andalucía hacen lo propio con el concentrado de tomate. Se trata de un cultivo de «cercanía y calidad» con una clave: «La comunicación entre industria y agricultor. Orlando necesita a los agricultores tanto como los agricultores a Orlando», destaca Germán Soldevilla, ingeniero agrícola y responsable de campos de Orlando durante la visita a la fábrica de la misma en Alfaro (La Rioja), de la que dependen de manera directa más de 250 trabajadores. Soldevilla pone en valor el asesoramiento de Orlando a los productores, con los que mantienen una relación profesional de más de 30 años. «Utilizan una semilla que llamamos Heinz, de modo que los frutos tienen las características agroalimentarias que queremos», asegura el especialista.

Las explotaciones de los agricultores que surten de tomate a Orlando han de tener un mínimo de 4 hectáreas de extensión y dan una media de entre 1 y 5 toneladas de tomate al año. «Contamos con unas 400 hectáreas de cultivo de tomate, que, en el 98% de los casos, se riega por goteo. Todos los agricultores cosechan a maquina y un operario devuelve al campo las ramas que se cuelan y que sirven posteriormente de abono. Además, la misma cosechadora selecciona el tomate y el que está verde lo arroja a la tierra de nuevo», explica Soldevilla.

Las dificultades de la última campaña, fundamentalmente la escasez de lluvias y el encarecimiento de insumos como el fertilizante y el gasóil agrícola, ha lastrado la producción «entre un 20% y un 30%». En este caso, Orlando se ha limitado a reducir su producción, pero la medida más drástica ha sido adaptar sus contratos a la volatilidad que sufrían los agricultores. Soldevilla indica que los contratos se inician en enero «con un calendario personalizado para cada caso» y que se extienden hasta octubre. Durante el 2022 y principalmente por la crisis provocada por la invasión rusa en Ucrania, «Orlando ha revisado cada dos meses lo firmado antes de febrero y ha asumido los sobrecostes para sostener a sus agricultores», subraya Soldevilla.

Planta de Orlando en Alfaro (La Rioja)

Entre los hitos más relevantes de la centenaria historia de Orlando se encuentra el traslado en 1961 a la fábrica de Alfaro (La Rioja), que vende dos tercios de su producción en España y el resto lo exporta. De las 85.000 toneladas producidas el último año, 50.000 forman parte de la familia brik, 11.000 toneladas son salsas de tomate, 10.500 toneladas condimentos, 6.000 toneladas de kétchup Heinz, 3.000 toneladas platos preparados y 2.000 toneladas de salsas blancas para hostelería en su mayoría.

Uno de los puntos más imporantes del énclave de Alfaro es que sirve como piloto para el resto de fábricas de The Kraft Heinz Company, que cuenta con 80 factorías en todo el mundo. Enrique Sanz, responsable de la planta de Alfaro, señala la introducción de la tapa abre fácil para el formato brik como el mayor punto de inflexión en sus más de 20 años en la compañía así como la tendencia en el consumo de tomate: «Cada vez se busca más el tomate frito en detrimento del triturado. La penetración del tomate frito en el consumidor es del 88%, es altísima, cada persona lo toma dos o tres veces por semana. Desde la pandemia y ahora connla guerra en Ucrania y el temor al desabastecimiento ha aumentado la demanda por el efecto papel higiénico».

De cara al futuro, Sanz apunta a la reducción de consumo de gas «algo que ya hacemos gracias a electricidad que obtenemos de parques eólicos de la zona», así como la descarbonización. «Es el momento, no podemos fabricar contaminando lo mismo que hace 20 años. Este paso es muy caro y necesitamos la ayuda del Gobierno para poder darlo», comenta Sanz, que propone la utilización de Fondos Next Generation para ello. «Si las grandes empresas no marcan el camino, ¿quién lo va a hacer?», se pregunta el directivo de la fábrica de Alfaro, el laboratorio de Orlando en España, la marca del tomate de toda la vida, o, de al menos, los últimos 100 años.

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