Rebajas en una tienda de GameStop.

Rebajas en una tienda de GameStop. WIKIMEDIA CREATIVE COMMONS

Economía | Finanzas

Inversores contra bajistas en el ‘caso GameStop’: de la revolución a la manipulación

Una compañía en problemas, millones de usuarios compinchados a través de una red social y grandes fondos de inversión están protagonizando estos días una historia de película que, pese a invocar la leyenda de Robin Hood, no se desarrolla en los bosques de Sherwood, sino en el parqué de Wall Street. Por si no había tenido suficiente el mercado con la materialización en 2020 de un montón de acontecimientos que nunca llegó a imaginar, esta semana los miembros de una comunidad de traders alojada en Reddit y llamada WallStreetBets han dejado atónitos a analistas, fondos y participantes de la Bolsa al propiciar el rescate de GameStop de las garras de los fondos bajistas en un acto que se debate entre ser considerado una revolución o un delito.

El guion de esta película tiene todos los elementos de una buena historia, pero el reparto de los papeles del héroe y del villano está siendo complicado. La opinión pública se divide entre considerar como un rescate romántico o como un delito de manipulación de mercado a la compra desatada de acciones de GameStop lanzada por los usuarios de WallStreetBets, que no busca ganar dinero, sino el fin último de subir el precio de la acción de esta cadena de tiendas de videojuegos y librar a la compañía del ataque de los bajistas.

¿Son los hedge funds los villanos? Los llamados fondos de cobertura suelen tener mala fama porque utilizan herramientas menos habituales que otros vehículos de inversión y son conocidos por su operativa bajista, que consiste, básicamente, en apostar en el mercado a que el precio de un valor va a caer. Es decir, lo contrario a lo que busca un inversor corriente con la compra de acciones, que es sacar beneficio de un incremento en el precio.

Para ello, los inversores a corto toman prestada la acción de un inversor y la venden poco después con la esperanza de que el precio baje y se pueda volver a comprar más tarde a un precio más barato. Tras obtener el beneficio por la caída del precio, devuelven la acción al accionista original, que recibe una comisión a cambio. Se trata de una operativa permitida en los mayores mercados del mundo, aunque no está exenta de controversia.

«La venta en corto se asocia a menudo con escabrosos titulares que predicen la quiebra de empresas, abusos del mercado y la preocupación de los responsables políticos de que esta práctica perjudique los mercados financieros», explica Duncan Lamont, responsable de investigación y análisis de Schroders. No obstante, tiene una función beneficiosa para el mercado, como ayudar a detectar una burbuja en un valor o sector. En definitiva, en opinión de este experto, la reputación de los cortistas «se ve injustamente empañada por las acciones de unos pocos especuladores».

La actividad de estos bajistas está permitida, pero en ocasiones, especialmente en momentos de crisis, se suele restringir para evitar que sus intereses tumben a una compañía. Precisamente, los miembros de WallStreetBets iniciaron su campaña para subir el precio de la acción de GameStop y poner coto a estos inversores de posiciones cortas. Y lo consiguieron con creces: en apenas diez días el precio se incrementó un 730%.

«Hay una ironía poética en todo esto: algunos de los fondos de cobertura que se quedaron cortos probablemente tuvieron pocas dudas sobre el despliegue de las mismas tácticas contra sus contrincantes débiles», afirma Andrew Beer, gestor de Dynamic Beta Investments, gestora asociada a iM Global Partner.

Paralelismo

La situación ha llevado, además, a establecer un paralelismo entre la actividad de estos cortistas y el fenómeno iniciado por los foreros de Reddit. La premisa es que los hedge funds aprovechan su fortaleza financiera para apostar a que el precio de una acción va a bajar y tener ganancias por el camino mientras que los miembros de WallStreetBets han unido sus fuerzas para contrarrestar ese poder. La diferencia estriba en que los segundos se pusieron de acuerdo para mover el precio de una acción, mientras que los primeros no lo hacen. O, al menos, no de forma pública.

Entonces, ¿son los foreros los villanos de la historia? Entre los expertos del mercado existen diferentes posturas en torno a la legalidad de la práctica que los ha hecho famosos. «En teoría no es legal, pues la Securities Exchange Act de 1934, que vino tras la crisis de 1929, prohíbe la manipulación de los precios por parte del mercado. [Esta actuación] Sí se corresponde con los fundamentales [de la ley]», explica a El Independiente Francisco Quintana, director de Estrategias de Inversión en ING.

No obstante, el experto explica que sería prácticamente imposible condenar a los protagonistas de este fenómeno, principalmente porque el objetivo de su acción no era sacar provecho económico de la subida del precio, sino rescatar a una empresa de la quiebra. «Cuando [una manipulación de mercado] se ha llevado ante los jueces en el pasado, suelen requerir que se pruebe la mala intención y no parece claro que ese sea el caso», señala Quintana, que apunta, además, que «sería imposible perseguir» a cada usuario del foro de Reddit, que cuando inició su defensa de GameStop estaba compuesto por unos dos millones de usuarios (degenerates, como se llaman a sí mismos) y ya cuenta con más de seis millones.

Otros expertos, sin embargo, dudan de que exista un conflicto legal en la actuación de los de WallStreetBets. «Habría que verlo. Se trata de órdenes [de compra] de inversores particulares e independientes», apunta, por su parte, Joaquín Robles, analista de XTB. «Lo curioso es que los inversores no compraron esta acción porque pensaran que tenía buenas perspectivas de negocio, sino para condicionar la posición de un fondo de cobertura», recuerda este experto.

Esta falta de consenso sobrevuela también a la SEC, la autoridad de los mercados de valores de Estados Unidos, que no se ha mostrado contundente al respecto y se ha limitado a explicar que está vigilante estos días para «evaluar la situación y revisar las actividades de entidades reguladas, intermediarios financieros y otros participantes del mercado» como parte de su misión de «proteger a los inversores y mantener mercados justos, ordenados y eficientes».

En España, su homóloga, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), que en alguna ocasión ha defendido las bondades de la existencia de los bajistas, como su capacidad de llamar la atención sobre posibles burbujas, ha sido más rotunda. El supervisor considera que si una situación así se juzgara en este país constituiría un delito de manipulación de mercado, lo que conlleva multas que pueden llegar a ser millonarias.

No en vano, en el Código Penal se recoge como delito la difusión de «noticias o rumores» que ofrezcan «a sabiendas datos económicos total o parcialmente falsos con el fin de alterar o preservar el precio de cotización de un instrumento financiero» por parte de quienes «obtuvieran, para sí o para tercero, un beneficio», entre otros supuestos.

En todo caso, al igual que ocurre en Estados Unidos, en España es difícil encontrar herramientas que pudieran evitar que se produjera una situación similar. No así respecto a los cortos, pues en algunas ocasiones la CNMV ha prohibido su operativa (la última vez que lo hizo fue durante las primeras semanas de la pandemia) para frenar el ataque sobre un valor cuando existe mucha volatilidad.

¿Habrá consecuencias?

Más allá de las consecuencias legales que este fenómeno pudiera tener para sus protagonistas, en el mercado ha surgido temor en torno a que esta actuación se replique en otras jurisdicciones o con otros valores. Para los expertos consultados, sin embargo, se trata de un peligro limitado, con poca capacidad de hacer estallar los mercados financieros.

Es necesario tener en cuenta que este fenómeno ha sido posible porque la capitalización de GameStop era baja, así como su liquidez, por lo que parece difícil que esto pudiera pasar, por ejemplo, con un valor del Ibex 35 o una gran compañía del S&P 500. «No pensamos que a partir de ahora esto se vaya a convertir en una práctica habitual de los inversores minoristas», apunta Robles, de XTB.

«Puede producir desconfianza en el mercado, pero no va a transformar la naturaleza de los mercados. No es un riesgo sistémico», señala Quintana, de ING, que, sin embargo, sí cree que podría ser «la gota que colma el vaso» respecto a las cotizaciones actuales, que en su opinión aún deben «digerir» el efecto de los retrasos en la vacunación sobre la recuperación económica. «Me preocupa en el sentido de que pueda ser el detonante de un inicio de la corrección, pero no sería la razón de la corrección», apunta, y añade que sería «improbable» que este fenómeno se repitiera con más cotizaciones.

Eso sí, de esta experiencia puede salir la lección de que los inversores minoritarios son capaces de coordinarse a través de las redes sociales para tomar posiciones en empresas.

Robin Hood en 2021

Esta historia tiene un tercer protagonista y candidato a héroe o villano. Lejos de los bosques de Sherwood, el autodenominado Robin Hood de este siglo se dedica al trading y, más concretamente, a hacer accesible a los minoristas la inversión en valores o, como ellos mismos lo llaman, a «democratizar las finanzas». Se trata de la plataforma Robinhood, famosa por su política de no comisiones, que levanta en el resto del sector financiero las sospechas sobre el origen de sus ingresos.

Antes del caso GameStop, esta popular aplicación había dado nombre a la comunidad de los robinhooders, como se conoce a los inversores minoristas que entran en masa en acciones y rompen los esquemas de los traders. De hecho, esta firma de inversión, que se ha hecho muy popular entre los jóvenes durante los últimos meses, es la vía principal por la que los usuarios de WallStreetBets han llevado a cabo la desatada compra de acciones para inflar la cotización de la cadena de tiendas de videojuegos.

La ingente actividad registrada en la plataforma convirtió en realidad los temores que ya surgían en la tarde del miércoles entre los usuarios del foro. El jueves, «en vista de la reciente volatilidad», Robinhood se vio obligado a restringir las transacciones en relación con algunos valores, como las acciones de la propia GameStop, lo que, en definitiva, dejó tirados a miles de usuarios que querían proseguir con el rescate de GameStop y llevar el precio de su acción por encima de los 1.000 dólares.

Un umbral muy lejano aún al cierre del pasado viernes, en 325 dólares por acción, precio al que llegó tras una semana de infarto y mucha volatilidad que ha dejado pérdidas millonarias en grandes fondos, como el hedge Melvin Capital Management, pero también, aunque sea a menor escala, en muchos minoristas que quisieron aprovechar la euforia para sacar un beneficio.

Esta circunstancia ha metido a esta historia en el Congreso de Estados Unidos. «Esto es inaceptable. Necesitamos saber más sobre la decisión de Robinhood de bloquear a los inversores minoristas las compras de acciones mientras los hedge funds son libres de negociar acciones como quieren. Como miembro del Comité de Servicios Financieros, apoyaré una audiencia si es necesario», compartió la congresista Alexandria Ocasio-Cortez hace unos días en su cuenta de Twitter.

Esta experiencia deja claro el gran poder de las redes sociales, pero, más allá del romanticismo de esta historia de película, que también ha dejado perjudicados por el camino, continuará, con toda seguridad, el debate sobre el papel de los bajistas y sus prácticas, permitidas en los mayores mercados de valores del mundo y desde hace muchos años, prácticamente desde que se constituyó la primera bolsa de valores, en el siglo XVII. Al fin y al cabo, en el mundo real, al contrario que en el de los cuentos, es difícil marcar la línea que separa al héroe del villano.

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