El año que termina ha sido excepcional por muchos motivos. La pandemia y sus efectos sociales y económicos cogieron por sorpresa a todo el mundo y los mercados no han sido una excepción. El deterioro económico, pero, sobre todo, la incertidumbre y la volatilidad, han dado lugar a acontecimientos que han roto todos los esquemas de los analistas, que nunca los imaginaron ni para 2020 ni para ningún otro año.

Pagar por el petróleo

La noche del 20 de abril de 2020 pasará, sin ninguna duda, a los anales de la historia económica. En ese preciso momento, el mercado pudo contemplar atónito cómo el precio del barril de petróleo no solo experimentaba una caída con velocidad récord y hasta mínimos nunca vistos, sino que llegaba a cotizar en negativo durante algunos minutos. Nunca hasta entonces los inversores se habían visto obligados a pagar por la materia prima o, al menos, no más tarde de 1983, fecha en la que comenzó a registrarse el precio del crudo.

Detrás de este acontecimiento se encuentran varias razones. Por una parte, la menor demanda de petróleo por la paralización de la actividad que trajo de la pandemia y, sobre todo, el miedo a que no se recuperara en el futuro próximo habían hecho caer el precio durante los días antes. Una fuerte reducción de la demanda de crudo habría obligado a algunas explotaciones a dejar de producir por no poder almacenar los volúmenes, dado que no hay tanques suficientes para hospedar el crudo sobrante. Por otra, aquella fecha era la víspera del fin de la negociación de los contratos futuros del West Texas de mayo.

El Ibex 35, de los infiernos al cielo

Si una palabra puede definir el comportamiento del Ibex 35 en este 2020 es volatilidad. Puede decirse que el selectivo español comenzó el ejercicio con optimismo, llegando incluso a superar los 10.000 puntos en febrero. Sin embargo, la pandemia dio al traste con sus planes, como ocurrió con todo aquello que tiene que ver con la economía.

El índice que reúne a las 35 cotizadas españolas con mayor liquidez sufrió el 12 de marzo, víspera del confinamiento más severo que se vivió en España, la mayor caída de su historia. Ni más ni menos que un 14,06% se desplomó el Ibex 35 en una sesión de infarto en la que todas las empresas registraron caídas inimaginables. La menor fue del 7%.

Fruto de esta caída y de otras el selectivo llegó a perder a mediados de marzo un 36% de su valor en comparación con el cierre del año anterior. El índice ha marcado este año varios desplomes récord y ver a las compañías con mayor capitalización del país caer a dos dígitos dejó de ser algo inédito para convertirse, incluso, en habitual durante las peores semanas de la pandemia.

Un hundimiento tan fuerte siempre tiene una contrapartida positiva y el momento más dulce del Ibex 35 llegó en noviembre. La victoria de Joe Biden en las elecciones presidenciales frente a Donald Trump y las buenas noticias sobre el desarrollo de varias vacunas impulsaron al selectivo, que marcó una subida récord del 25%. No en el acumulado del año, sino solamente en el mes de noviembre. Un rebote propio de ejercicios enteros en tiempos de bonanza llegó en tan solo 30 días fruto de la emoción de los inversores, ansiosos hasta entonces de recibir cualquier buena noticia.

Interés negativo del bono español

El Tesoro español ha registrado en 2020 una emisión de deuda récord necesaria para financiar a la economía y todas las medidas de salvamento a empresas y familias y lo ha hecho durante todo el año con un interés creciente por parte de los inversores. Tanto, que ha llegado a cobrar por el interés del bono a diez años, algo que no había ocurrido jamás hasta entonces.

Este hito, que había sido registrado con anterioridad por economías vecinas a la española, como Portugal, llegó el mismo día en que el Banco Central Europeo (BCE) lanzó su último programa de compras de deuda, una situación que, sin duda, motiva a los inversores para confiar en los bonos de España.

El BCE salvó al euro… otra vez

Y es que que Mario Draghi ya no esté al frente del BCE no significa que su famoso Whatever it takes pierda validez. Su sucesora, Christine Lagarde, bien lo sabe. Pocas semanas después de aterrizar a los mandos del supervisor bancario, la ex directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) y su nuevo equipo se vieron obligados a salir al rescate de la zona euro. Era la segunda vez que el BCE se convertía en el salvador de la moneda única en menos de una década.

En un primer momento, la respuesta del supervisor fue tibia, si bien el fuerte deterioro económico que las casas de análisis y el propio BCE iban adivinando para este año y su traslado al empeoramiento de los parámetros macro obligaron al supervisor a sacar su artillería pesada en varias ocasiones. Si en marzo parecía muy elevada la cifra de 120.000 millones de euros en compras de deuda, cuando llegó diciembre y la última reunión del BCE del año el mercado ya estaba pidiendo que el bazuca llegara a los 2 billones de euros. Cifras sin precedentes que se están convirtiendo en el calmante perfecto para las primas de riesgo, especialmente de la española y la italiana, que volvieron a temblar el pasado mes de marzo.

El agua empieza a cotizar

La sociedad está ya acostumbrada a ver cómo materias primas como el petróleo o el trigo, esenciales en el día a día, cotizan en los mercados mundiales, pero es posible que nunca hubiera imaginado que ocurriría lo mismo con el agua.

Los derechos de uso y aprovechamiento de este bien común de titularidad pública, el recurso más delicado del planeta, cotizan desde hace algunas semanas en el mercado de futuros de Wall Street, una situación polémica que hace a muchos replantearse cómo un bien tan básico puede convertirse en una mercancía.

El fin de la Administración Trump

Una vez que Donald Trump accedió a la presidencia de Estados Unidos en 2016, todo era posible. Gran parte del mercado daba por segura la revalidación de su mandato este año antes de la pandemia, pero, una vez más, 2020 sorprendió a todos los analistas. La victoria de Joe Biden en las elecciones del pasado noviembre se podía adivinar en las semanas anteriores, pero el ajustado resultado, que tuvo en vilo al mundo durante días, terminó por confirmar los augurios.

No fue hasta entonces que el mercado se creyó definitivamente el fin de la Administración Trump que tantos vaivenes le ha generado, especialmente a la bolsa, con la que el todavía presidente interino siempre ha jugado a golpe de tuit.

2020 ha destrozado todas las expectativas de un mercado que a finales de 2019 pensaba que la guerra comercial entre Estados Unidos y China era lo peor que podía esperar. Ha sido un año de sorpresas, la mayoría negativas, pero, desde luego, se ha convertido un ejercicio que ningún analista olvidará jamás.