La representante en España del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Francesca Fritz-Prguda, acaba de llegar de Melilla. A veces pierde la noción del espacio-tiempo porque no para de viajar. Su trabajo consiste en ayudar a los refugiados y aunque ahora nos reciba en su despacho de la sede madrileña de Acnur, lo que le gusta es trabajar sobre el terreno porque «no es posible representar a las personas desplazadas sin estar en contacto con ellas y escucharlas para velar por sus derechos».

Nació en Alemania, estudió Ciencias Sociales en Santiago de Chile, su madre era refugiada checoslovaca y su padre era germanochileno. «Y con tantas naciones en mi familia para mí era una extensión natural de mi biografía trabajar en Naciones Unidas», explica con una sonrisa. Y así empezó esta ciudadana que se define como «universal» a trabajar para Acnur en 1993. «Nunca me he arrepentido de estar trabajando aquí, por más que en muchas ocasiones veamos situaciones muy difíciles, porque no se me ocurre una causa más noble que ayudar para la protección internacional y la búsqueda de soluciones duraderas para las mujeres, los hombres y los niños desplazados».

Cuando hace 25 años empezó a trabajar en Acnur, en el organismo había unos 3.000 trabajadores. «Entonces el mundo tenía un par de millones de desplazados forzosos y ahora hay una cifra récord que nunca antes se había vivido en la Historia Moderna». Según la ONU, a cierre de 2015 la cifra superaba los 65 millones de personas. Y en 2016, ejercicio del que aún no se dispone de cifras oficiales, se espera que supere con creces esa cifra. Acnur también ha crecido: lo componen casi 116.000 trabajadores en 128 países.

Hay récord de refugiados y una crisis de presupuesto humanitario

«Los desplazados del mundo han aumentado de manera desmesurada en los últimos años mientras que las soluciones para estos hombres, mujeres y niños han ido disminuyendo cada vez más», alerta Fritz. «Proporcionalmente tenemos un presupuesto mayor que hace 25 años, pero los recursos están lejos de ser suficientes. Hay una crisis de presupuesto humanitario en el mundo. Nos vemos en situaciones en las que no podemos cubrir las necesidades más básicas, por ejemplo, para los desplazados internos en conflictos como Sudán del Sur o Somalia».

Pero la guerra que más refugiados ha generado en los últimos años y de forma más repentina es la guerra de Siria. Desde que empezó, hace seis años, ha provocado que más de cinco millones de personas se desplacen forzosamente, según Acnur. A esa cifra, que equivale a una cuarta parte de la población total del país, hay que sumarle los 6,3 millones de desplazados internos y más de 300.000 víctimas mortales.

Pero no hace falta irse tan lejos para encontrar una zona donde Acnur es necesaria. «La situación de los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta y Melilla es muy complicada», afirma Fritz, que acaba de llegar de visitar uno de ellos. «Lo que más atormenta a las personas que están allá es la incertidumbre de cuándo, dónde y cómo van a ser desplazados y cuál va a ser el futuro de su familia para rehacer su vida. Allí hay mucha gente que tiene fuera hijos o padres que, por edad, dependen de ellos, y mientras están allí no saben cómo van a poder rehacer su vida. Mucha de la gente que está en el CETI expresa su deseo de pedir asilo en España, pero pasan allí una estadía prolongada, una situación claramente inadecuada desde el punto de vista de la protección internacional».

Las mujeres y niñas no somos víctimas. Ni una refugiada ni tú ni yo

Fritz se reúne sobre todo con mujeres y niñas desplazadas para escuchar sus problemas y necesidades especiales. Pero no le gusta que se las identifique como la parte más débil del conflicto. «Porque yo lo que he visto a lo largo de mi carrera son, sobre todo, mujeres extremadamente fuertes y resilientes», afirma con vehemencia. «Y llenas de motivación para rehacer su vida y encontrar un espacio que les permita darles mejores condiciones de seguridad a ellas y sus familias. Muchas veces las mujeres tenemos necesidades especiales, por ejemplo, relacionadas con el embarazo o con la posibilidad de caer en redes de explotación sexual. Pero al mismo tiempo, ellas tienen también una fuerza especial y mucho que ofrecer a la sociedad en la que se quieren integrar. Las mujeres y las niñas tenemos necesidades especiales, pero no somos víctimas. Ni una refugiada ni tú ni yo».

Programa piloto

«España es un gran país, con una tradición impresionante de solidaridad y acogida», dice Fritz. «Pero últimamente a nivel de asilo y de protección internacional España ha hecho muy poco. Y puede y debe hacer muchísimo más porque, además, la sociedad se lo pide al Gobierno». Como ejemplo, le vale una cifra: España sólo gestiona el 1,5% de todas las solicitudes de asilo en toda la Unión Europea.

Sin embargo, cree que el cuello de botella logístico y burocrático que frenaba las tramitaciones de acogida a refugiados en España desde otros países de la Unión Europea como Italia y Grecia está cambiando. «Nos dio mucha alegría que el Ministro Zoido dijera que España quería cumplir con sus compromisos en el plazo, que equivale a 9.000 personas. Me parece ambicioso que se vaya a lograr, pero desde Acnur ofrecemos todo el apoyo».

Fritz cree que no sólo faltan recursos, también falla el proceso de reasentamiento y acogida para que la ayuda sea más eficaz. «La vía que más nos interesa es desarrollar nuevas formas legales y seguras, desde agrupamiento de familiares a becas estudiantiles para jóvenes que no han podido seguir con sus estudios y ahí falta voluntad política para reconocer que España puede hacer más».

Sin embargo, esa falta de acción institucional no tiene nada que ver con la implicación ciudadana. «Vemos un compromiso extraordinario de la sociedad española con los refugiados: Acnur tiene medio millón de donantes regulares en España. Es una cifra récord proporcionalmente. Los españoles son líderes en el mundo».

Acnur prepara un programa piloto en España para que las familias españolas ayuden a los refugiados

Viendo la avalancha de solidaridad en España, Acnur ha propuesto un programa piloto al Gobierno español para favorecer la acogida de refugiados por parte de familias solidarias que se quieran implicar. El programa, todavía en proyecto, se está desarrollando en colaboración con las autoridades canadienses, país de larga tradición de acogida en el que hace años que funciona este tipo de implicación de la sociedad civil.

En Canadá, estas vías de ayuda privada a los refugiados funcionan, por ejemplo, a través de asociaciones universitarias en las que los voluntarios realizan microdonaciones (de 25 céntimos a 20 dólares anuales) que financian los estudios de refugiados y los ayudan a adaptarse a su nueva realidad, acompañándoles en el proceso de matrícula y asesorándoles para que sepan adónde recurrir para cada necesidad. Canadá promueve fórmulas como la acogida en familia a través de la iniciativa privada.

«Creemos que en España funcionaría muy bien un sistema como éste en el que se implicara a la sociedad civil por el nivel de solidaridad que muestra la población», afirma Fritz. «Se trata de que los individuos que quieran puedan acompañar la acogida y el proceso de integración de un cierto número de refugiados y que cuenten para ello con la ayuda del Estado y también por supuesto de Acnur. Canadá es un gran ejemplo de cómo los ciudadanos implicados pueden ayudar desde a familias a aprender el idioma o a inscribir a sus hijos en el colegio».

Esta medida, que todavía está en trámite, «aún no tiene la luz verde pero me declaro profundamente optimista de que va a salir adelante», afirma Fritz. «Hay tantas formas en las que España puede contribuir. La sociedad civil está pidiéndoselo a las autoridades».

En España funcionaría muy bien un sistema como éste en el que se implicara a la sociedad civil

Otro de los retos principales para una organización «en la que siempre hay más necesidades que recursos» es promover un sistema más eficiente en la reubicación. Sobre todo, para que las mafias dejen de hacer negocio con la vida de las personas desesperadas en busca de asilo. «El año pasado ha sido el más mortífero en la Historia moderna del Mediterráneo, con más de 5.000 muertes. Y muchas de ellas mujeres y niños. ¿Por qué hay demanda a estas redes ilegales para organizar estos viajes terroríficos y tan peligrosos? Porque ahora mismo no hay suficientes vías legales y seguras para llegar a Europa. No hay la posibilidad de subir a un avión y llegar a Barajas. Por eso le pedimos a los Estados más vías legales que generen posibilidades de integración, de visados y de oportunidades. Es un camino poderoso para reducir las muertes y el sufrimiento y, a la vez, asumir la responsabilidad colectiva».

Chivo expiatorio de los populismos

Las imágenes de avalanchas de refugiados desestabilizando occidente que promueven los populismos están muy alejadas de la realidad si nos atenemos a los datos. El 86% de las personas desplazadas forzosamente están en los países del llamado sur global, es decir, no en los países industrializados. Por eso Fritz cree que el miedo a los refugiados «responde a una intención prefabricada intencionalmente con fines electorales», afirma, al tiempo que aprovecha para alegrarse de que en España no haya partidos abiertamente xenófobos. «Los chivos expiatorios para estas políticas populistas están siendo ahora los refugiados, pero más adelante puede ser otro colectivo».

El 86% de las personas desplazadas forzosamente está en los países menos favorecidos

Que la mayor parte de los desplazados del mundo no estén en los países ricos y democráticos es, a su juicio, «insostenible». El caso del conflicto sirio es evidente. El grueso de los refugiados sirios se encuentra en los países limítrofes. Casi tres millones están en Turquía, (el país con más refugiados del mundo, según la ONU); un millón se reparte entre Egipto, Irak y Jordania. Y el Líbano, con más de un millón de sirios en acogida, se ha convertido en el país con el ratio más alto de refugiados por habitante.

«El sistema de protección internacional que tenemos se estableció a raíz de la Segunda Guerra Mundial para evitar que se repitiera algo así, así que ahora no puede ser que sólo queramos aceptar a los cristianos de ojos azules», recuerda Fritz. «Sería una pena y una pérdida muy grande para la civilización si en Europa nos olvidásemos lo que significó aquello para los millones y millones de víctimas del Holocausto y las barbaridades que sufrieron millones de personas, incluidos los millones de desplazados forzosos que hubo entonces», advierte Fritz.

En el Viejo Continente, la solidaridad va por barrios. El 60% de los sirios acogidos por la UE está en dos países: Alemania y Suecia. «Quizás Europa lo que tiene es un problema de identidad», reflexiona Fritz. «Quizás nos hemos olvidado del sufrimiento, de las guerras y los conflictos, porque lo que pasó en Europa hace tan sólo 70 años debería habernos servido para aprender que a las personas desesperadas no se las puede frenar. Tenemos una responsabilidad». Lo dice una ciudadana universal.