En un estanco de cualquier barrio español, entre el tabaco y los rascas, hay hoy una máquina que abre cuentas en cinco minutos y otra que carga vales prepago para gastar en internet. Ninguna de las dos pertenece a un banco tradicional. El comercio de proximidad, que durante décadas se limitó a vender lotería y periódicos, se ha convertido en un punto de acceso al dinero digital, justo cuando el Banco de España confirma que los españoles no dejan de multiplicar sus formas de pagar sin billetes.
El estanco, ahora también sucursal
El modelo lo popularizó Nickel, la entidad del grupo BNP Paribas que convirtió los estancos en sucursales bancarias al permitir abrir una cuenta sin domiciliar la nómina ni presentar contratos, solo con el DNI y unos minutos en el mostrador. Correos siguió un camino parecido con su tarjeta prepago, recargable con dinero en efectivo en cualquier oficina postal. En ambos casos el usuario no necesita una relación bancaria previa: carga el importe que quiere gastar y ese es, literalmente, todo su saldo disponible.
Más tarjetas, pagos más pequeños
Los datos respaldan la tendencia. Según el Banco de España, las operaciones de pago con instrumentos distintos del efectivo crecieron un 10,8% en el segundo semestre de 2025 frente al mismo periodo de 2024, y el número de tarjetas en circulación aumentó un 10,2%, hasta 126 millones, una media de 2,5 por habitante. El importe medio por operación se quedó en 32,1 euros, una cifra que encaja mejor con un vale prepago comprado en el supermercado que con una compra grande financiada por una tarjeta de crédito tradicional. Esto no significa solo que se pague más con tarjeta: cada español reparte ahora su gasto entre más instrumentos, muchos pensados para un uso muy concreto y nada más.
El prepago encuentra su nicho en el ocio digital
El ocio digital es uno de los sectores donde ese reparto se nota más. Las plataformas de streaming, los videojuegos y el juego online regulado comparten un mismo perfil de usuario: alguien que quiere gastar una cantidad concreta sin vincular su cuenta bancaria principal ni compartir más datos de los necesarios. El vale prepago responde exactamente a eso. Se compra en supermercados, grandes almacenes y otros puntos de venta habituales, en importes cerrados de 10, 25, 50 o 100 euros, y se canjea con un código de dieciséis dígitos sin que el operador reciba ningún dato bancario del comprador.
Clasificaciones específicas recogen qué casinos online que admiten pago con Paysafecard operan con licencia en España, con qué límites de depósito y en qué establecimientos físicos se puede adquirir el vale. La condición no cambia según el método de pago: el operador necesita la autorización de la Dirección General de Ordenación del Juego antes de aceptar el primer ingreso, prepago o no, y esa licencia es lo que distingue un vale bien empleado de uno que termina en una web sin ningún control.
El cambio en cómo pagamos no siempre empieza en una aplicación. A veces empieza en el mostrador de un estanco, con una moneda de dos euros de cambio y un código de dieciséis dígitos que el usuario todavía no sabe dónde va a gastar.
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