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El botín de Cs: 500.000 votos en la diana del PP y la Lliga

Albert Rivera e Inés Arrimadas celebran la victoria electoral en Cataluña EFE

Ciudadanos cosechó en las elecciones autonómicas de diciembre de 2017 más de 1,1 millones de votos, una cifra que no había alcanzado ningún partido constitucionalista, ni siquiera el PSC de Pasqual Maragall, en 40 años de autonomía. Ese capital amenaza ahora con desaparecer ante la crisis del partido naranja, y es el objeto de deseo del resto de las siglas constitucionalistas.

En las próximas elecciones, los naranjas solo retienen en torno a 200.000 de esos votos, según las últimas encuestas. Otra parte de sus votantes se distribuiría entre PP, PSC y a Vox. Pero algunos estudios señalan que medio millón de los votos cosechados por Cs se va a la abstención. Unos votantes claves para evitar que se cumpla la previsión que muestran las dos últimas oleadas del CEO de la Generalitat, que el independentismo supere por primera vez el 50% de los votos.

Mayoría independentista

Para recuperar esos votos y evitar una nueva victoria del independentismo, Cs propone un tripartito constitucionalista integrado por PSC y PP, pero los socialistas descartan esa fórmula, en la que ven más pérdida de votos por la acumulación de siglas. En el caso del PP, su presidente en Cataluña, Alejandro Fernández, se ha declarado igualmente contrario a la coalición, en la que ve más riesgo de perdida de votantes fieles a una única marca electoral.

La dirección nacional del partido, sin embargo, mantiene la voluntad de buscar esa alianza, dentro de una estrategia más amplia a nivel nacional. La solución a la que se apunta en las últimas semanas es la posibilidad de una coalición en las circunscripciones de Tarragona, Lleida y Girona, con candidatos intercalados en los puestos de salida, mientras en la circunscripción de Barcelona ambos partidos mantendrían la competencia por sus 85 escaños, más de la mitad del Parlament.

Esta fórmula ya fue testada por el PSC e ICV en 1999, cuando Pasqual Maragall ganó en votos a Jordi Pujol, aunque CiU volvió a imponerse en número de escaños por la sobre representación de Lleida y Girona.

El PP «perdió» en 2017 un total 22.548 votos en Lleida y Girona, donde no obtuvo representación, y esta cifra podría multiplicarse para el constitucionalismo en las próximas elecciones dadas las expectativas a la baja de Cs. De ahí la voluntad de sumar fuerzas en las tres provincias para evitar la pérdida de sufragios, aunque el acuerdo está todavía lejos de cerrarse.

La Lliga, divida entre el PNC y Cs

El PP no es la única formación que aspira a una alianza con los naranjas para rentabilizar parte de su capital electoral. También la Lliga, el proyecto liderado por Ramon Bosch y Astrid Barrio, aboga por sumarse a los naranjas. Por lo menos una parte de la formación nacida para ocupar el espacio del catalanismo de centro derecha no independentista que muchos consideran huérfano tras la desaparición de CiU.

La alianza con Cs, bajo una nueva marca, ofrecería a la Lliga una estructura política consolidada, derechos electorales y recursos económicos para la campaña. Para los naranjas sería la vía para recuperar parte de la transversalidad que permitió a Inés Arrimadas hacerse con más de un millón de votos hace tres años y alejarse del discurso duro impuesto después por Albert Rivera.

Los críticos de Cs en Barcelona no ven con desagrado esta propuesta, que supondría sustituir a Carlos Carrizosa como candidato a la presidencia, pero Carrizosa se resiste a la fórmula y prefiere la alianza con el PP.

Esta coalición tampoco suscita unanimidad en la Lliga. El sector que lidera la ex convergente Silvia Requena aboga por un acercamiento con el Partit Nacionalista Català (PNC) de Marta Pascal, y los herederos de Unió que lidera Ramon Espadaler. Pero ambos partidos han rechazado ya coaligarse con una formación que acoge también a ex militantes del PP y un ex presidente de Sociedad Civil Catalana.

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