El comisario jubilado José Manuel Villarejo se presentó este viernes durante el juicio en el que se sentó en el banquillo acusado de denuncia falsa, calumnias e injurias contra el ex director del CNI, Félix Sanz Roldán, como un servidor del Estado que decidió denunciar al jefe de los servicios secretos porque consideró que estaba poniendo en peligro «operaciones» de Inteligencia por su «soberbia». Una decisión que, según alegó el comisario jubilado, provocó un enfrentamiento que ha derivado en su «caída en desgracia», su detención y encarcelamiento: «No todo vale para destruir a una persona. No todo vale para demostrar que uno tiene el poder tan absoluto de que puede aniquilar a alguien. No tengo derecho a nada. Tengo restringidas las llamadas, me desnudan…», afirmó Villarejo presentándose como una víctima de los hilos manejados por Sanz Roldán.

En prisión preventiva desde noviembre de 2017 -cuando fue detenido en la operación Tándem que dio pie a una investigación alrededor de sus trabajos de espionaje para las principales empresas españolas durante años aprovechándose, según los investigadores, de la información privilegiada a la que podía acceder como funcionario de Policía- Villarejo fue trasladado desde la cárcel madrileña de Estremera al Juzgado de lo Penal número 8 de Madrid para someterse a su primer juicio. Un proceso que no tiene nada que ver con la macrocausa de la Audiencia Nacional por la que se enfrenta a peticiones de prisión de casi 100 años de cárcel.

En esta ocasión, el comisario fue juzgado por los presuntos delitos de calumnias e injurias y denuncia falsa. La primera acusación, por afirmar en una entrevista de ‘Salvados’, en La Sexta, que el ex director del CNI Félix Sanz Roldán amenazó de muerte a la ex amante del rey emérito, Corinna Larsen, en un hotel de Londres en 2012 para que callara sobre lo que sabía de Juan Carlos I. La segunda, por presentar una denuncia contra el jefe de los servicios secretos alegando que había filtrado una fotografía suya a un periodista del diario El País poniéndole en peligro al identificarle puesto que era agente encubierto dedicado a asuntos delicados, como la lucha antiterrorista.

Tanto la Abogacía del Estado como la Fiscalía le acusaban por estos hechos. La Fiscalía sólo por calumnias y denuncia falsa y la Abogacía por calumnias, injurias y denuncia falsa. El Ministerio Público, sin embargo, decidió en las conclusiones finales del juicio retirar el delito de calumnias puesto que Villarejo se limitó a reproducir lo que Corinna Larsen le había trasladado. Ésta confirmó durante el juicio, como testigo, que Sanz Roldán la había amenazado y que así se lo contó a Villarejo. El comisario afirmó, a preguntas de su defensa: «No hice más que reproducir lo que ella me contó. Era más que evidente que esta señora no mentía y que estaba realmente aterrada», así como defendió que se reunió con la empresaria alemana porque así se lo pidió precisamente el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

«Has tocao los dineros y la has cagao«

Villarejo afirmó que su «caída en desgracia» surgió porque denunció, en una nota interna, que no se estaba haciendo buen uso de los fondos destinados a las operaciones de Inteligencia.

«He interpuesto inútilmente denuncias. Debo ser el único idiota de este país que se atreve a denunciar al director del CNI o a algún fiscal Anticorrupción porque entiendo que como servidor del Estado mi obligación es poner en conocimiento de la autoridad lo que estimo que es legítimo», declaró. «Yo creo que fue el origen de toda esta animadversión el hecho de la primera nota informativa porque el jefe del servicio sirio entonces me advirtió de que con el pago del rescate de unos terroristas pues… A raíz de hacer constar que existían una serie de movimientos de cuentas que se mezclaban con misiones de fondos reservados y con tal y que era un tema que tenían que analizar porque eso podía ser un tema problemático como al final ha acabado ocurriendo a altas instituciones del Estado, pues que entendía que debía corregirse. A partir de ahí recuerdo que un coronel del CNI me dijo: ‘Has tocao los dineros y la has cagao, ¿cómo se te ocurre?’. Creo que al final llegó lamentablemete al presidente del Gobierno y eso fue el principio de mi caída en desgracia», declaró Villarejo.

«La carpeta no era una cuestión estética»

Sostuvo que presentó la denuncia contra Sanz Roldán por filtrar presuntamente una foto suya bajando las escaleras de un avión en Melilla, y que ningún juez admitió, porque podía poner en peligro las operaciones en las que trabajaba.

«La manía cuando iniciaron algún tipo de montajes como el tema de la doctora Pinto o el pequeño Nicolás y yo iba con una carpeta para que no me vieran no era por una cuestión estética sino simplemente porque en muchas operaciones…pues en Afganistán he sido tratante de caballos, en Somalia traficante de armas, en otros sitios cuando detuvimos a Oubiña [el narcotraficante Laureaño Oubiña] fui un comerciante que tenía barcos…Entonces muchas veces esas personas que son colaboradores míos me presentan a los malos con una identidad totalmente diferente a la que soy en realidad. Verme descubierto en esa foto implicaba que alguna de las personas con las que contactamos podía estar en peligro al verme y decir: ‘Coño pues si este (perdón por el taco, ¿eh?) Si este no es el tipo que me has presentado, si este es un comisario de Policía’. Esa es la razón por la cual yo me indigné, porque entendí que no todo vale. Se puede tener soberbia, pero no poner en peligro una operación», valoró.

La defensa de Villarejo solicitó la absolución para él en esta causa. Durante el turno de la última palabra a la que el juez Jesús de Jesús le dio la posibilidad de hacer uso como a cualquier otro acusado, Villarejo concluyó: «Hay una máxima en la KGB: ‘Pueblo de borregos se merece un gobierno de tontos’. Yo no he sido borrego, ni lo voy a ser. Si me tengo que morir en la cárcel, me moriré, pero nadie me va a callar».