Hace poco más de un año, Fernando Simón era un completo desconocido. Hoy en día hay más de 100 millones de resultados en el buscador de Google si uno teclea el nombre de este zaragozano de 57 años.

Criticado y alabado, si hay algo que no se puede discutir de Fernando Simón es que ha sido el rostro de la pandemia en España. Para bien o para mal, ahí está la hemeroteca para elegir. «Si pones mis declaraciones, soy un bocazas», señala el epidemiólogo en la entrevista con Jordi Évole que se emite este domingo.

Simón es el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias desde 2012 y su nombre saltó a la fama brevemente en 2014 con la crisis del ébola. Fue algo rápido, un visto y no visto en comparación con la que se le vino encima hace un año. La pandemia le colocó en el ojo del huracán y el coronavirus le dejó claro desde el principio que nunca se había enfrentado a algo similar.

«España no va a tener, como mucho, más allá de algún caso diagnosticado», pronosticó el 31 de enero de 2020. «Tenemos protocolos que ya se han puesto a prueba y funcionan perfectamente», añadía el 12 de febrero. Semanas después, la realidad arrolló los vaticinios de Simón y sumió a España en una catástrofe de la que todavía no ha escapado.

Un año después, en España ha habido más de 70.000 muertos oficiales, más de tres millones de contagiados, tres olas de coronavirus y una crisis económica que amenaza a prácticamente todos los sectores. Salvador Illa, hasta entonces ministro de Sanidad, dejó su cargo en enero de 2021 para presentarse a las elecciones en Cataluña. El que sigue ahí es Simón.

«Estoy muy cansado, muy cansado, pero yo creo que en estas cosas no vale bajarse del barco de cualquier manera», afirma en Lo de Évole este epidemiólogo que se coló en las casas de todos los españoles durante el confinamiento contando muertos y analizando curvas.

«¿Se podían haber hecho las cosas de otra manera? No lo sé. No era fácil tomar decisiones diferentes a las que hemos tomado»

Su figura se convirtió en un fenómeno. Sus detractores tenían material de sobra para recordarle todas sus predicciones erróneas, mientras que sus aduladores hicieron hasta camisetas con su cara. Se convirtió en alguien tan famoso que hasta sus vacaciones en Portugal o Mallorca fueron debate nacional. En Baleares aprovechó sus días de descanso para grabar un programa con Jesús Calleja. “Estas vacaciones las he cogido porque realmente las necesitaba. Ya no daba para más», dijo en un programa en el que se le vio buceando, en bicicleta o en globo.

Sereno y afable en todas y cada una de las ruedas de prensa que ha dado, Fernando Simón ha continuado alimentando esa leyenda de «bocazas» que él mismo se impone. En noviembre muchos políticos pidieron su dimisión por una entrevista con los hermanos Pou por la que el epidemiólogo fue calificado de «machista».

«Fernando, no nos ha quedado muy claro si te gustaban las enfermedades infecciosas o las enfermeras infecciosas», le dijeron sus interlocutores, a lo que el director del CCAES respondió: «No les preguntaba (a las enfermeras) si eran infecciosas o no, eso se veía unos días después».

Después de las Navidades, el 11 de enero, señaló que la presencia de la variante británica sería marginal en España, pero diez días después admitió que podría llegar a ser la cepa predominante. Y su última polémica llegó al comparar la Semana Santa con las manifestaciones del 8M. «No es lo mismo estar bajo un paso de Semana Santa que en una concentración guardando las distancias», indicó a finales de febrero.