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Esquerra tiene 15 días para evitar la repetición de elecciones en Cataluña

Pere Aragonès y Marta Vilalta

Pere Aragonès anuncia la ruptura de negociaciones con JxCat junto a Marta Vilalta

«En 16 días podemos reconducirlo» afirmaba este lunes Jordi Sánchez, secretario general de JxCat. Es el tiempo que queda para reconducir la formación de gobierno en Cataluña antes de que se convoquen elecciones de forma automática. El próximo 26 de mayo se cumple el plazo que otorga la Ley de presidencia, desde el primer intento de investidura. Si Aragonès no ha sido investido, Cataluña volverá a elecciones, previsiblemente el 11 de julio. Pero Aragonès ya no busca un gobierno de coalición.

En esos 15 días, la presidenta del Parlament, Laura Borràs debe iniciar una nueva ronda de consultas los líderes de los grupos parlamentarios para proponer una investidura, teniendo en cuenta que el 24 de mayo es festivo en Cataluña. Es decir, la primera votación debería producirse el viernes 21, para tener garantizadas las 48 horas de plazo entre la primera y segunda vuelta.

Previamente, Aragonès debe obtener garantías de apoyo de la CUP, los comunes y por lo menos una parte de Junts. Contando además que tanto la CUP como Junts han anunciado que cualquier acuerdo se someterá previamente a la aprobación de sus bases. El tiempo corre en contra de Esquerra.

Negociación con los comunes

Con este calendario, los republicanos han pisado el acelerador de las negociaciones con CatEC y la CUP. Este fin de semana ya se han producido los primeros contactos, confirmó la portavoz de ERC, Marta Vilalta. Y el lunes la primera reunión formal en el Parlament. Aunque el camino no está exento de dificultades.

ERC ha dejado claro que quiere formar un gobierno en solitario, sin JxCat pero tampoco los comunes -la CUP ya se ha auto descartado para entrar en el Govern-. Por contra, la líder de CatEC, Jéssica Albiach, defiende: «Queremos seguir siendo útiles a la gente y estar en el Govern es la mejor manera de hacerlo».

A cambio, los de Ada Colau ofrecen «un acuerdo en 48 horas», miel en los oídos de los republicanos. Y proponen como prioridades blindar los servicios públicos, apostar decididamente por la mesa de diálogo entre el Estado y la Generalitat, dar prioridad a la recuperación económica post Covid y la «transición verde». Nada ajeno al programa de Esquerra.

Rufián y Yolanda Díaz

Mientras las cúpulas de ambos partidos se tanteban en Barcelona, Gabriel Rufián y Yolanda Díaz se reunían en la sede del Ministerio de Trabajo para engrasar la alianza entre ERC y Podemos en el Congreso. «Vamos a trabajar para normalizar nuestras relaciones con Cataluña porque no hay un herramienta más eficaz en la vida pública que el diálogo», aseguraba Díaz tras una hora de reunión.

El cisma entre Esquerra y JxCat tiene mucho que ver con el papel del independentismo en el Congreso, donde los de Puigdemont quieren bloquear el apoyo republicano al Gobierno de Pedro Sánchez. En este contexto, es difícil que los comunes puedan sustraerse a apoyar la investidura de Aragonès, aunque el republicano se niegue a integrarlos en su ejecutivo. Más si recordamos que Ada Colau depende de los votos de ERC en Barcelona.

Pero el apoyo de CatEC no es suficiente. Aragonés necesita además, como mínimo, cuatro diputados de JxCat y la abstención del resto del grupo para superar al bloque integrado por PSC, Vox, Cs y PP.

Críticas internas en JxCat

Ese debe ser el único objetivo de las negociaciones a partir de ahora, según Esquerra. En Junts, por contra, insisten en que hay tiempo para cerrar un acuerdo de legislatura y la formación de un gobierno de coalición. De hecho, el sector institucional del partido -el que forma parte de la administración autonómica- daba por seguro el acuerdo de gobierno la semana pasada.

Mientras, crecen las voces dentro del partido en contra de la estrategia de negociación liderada por Jordi Sánchez, al que responsabilizan de la ruptura.

Un cisma que inquieta a los partidarios de entrar en el Govern, conscientes de que un partido en construcción lo tendrá muy difícil en la fría oposición. Y los partidarios de no aceptar las condiciones de ERC, porque perciben que Junts aparece como el responsable de la ruptura, lo que les penalizará en una eventual repetición electoral.

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