España

El Gobierno vasco activa su 'museo de la memoria': ETA, violencia policial, Guerra Civil...

Una semana después de inaugurarse el Centro Memorial, el Instituto Gogora convoca un concurso de ideas para diseñar el espacio arquitectónico de su sede donde albergará el museo. Tendrá un carácter audiovisual y abordará las 'violencias' de modo parcelado y autónomo.

Sede del Instituto Gogora situada en el Archivo Histórico de Euskadi, en Bilbao.

Sede del Instituto Gogora situada en el Archivo Histórico de Euskadi, en Bilbao.

El Gobierno vasco ya prepara su propia exposición de la memoria. Hace una semana el Rey Felipe VI, el presidente Sánchez y el lehendakari Urkullu inauguraban la muestra que recorre las distintas formas de violencia terrorista padecidas en España desde 1960 y con ella el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo impulsado por el Ministerio del Interior. Esta semana es el Gobierno vasco quien ha dado un paso determinante para contar con su propio ‘museo de la memoria’. Lo ha hecho convocando un concurso de ideas para acondicionar uno de los espacios de los que dispone la sede del Instituto de la memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, ‘Gogora’, en el que pretende instalar su área expositiva permanente.

Se trata de uno de los patios traseros del inmueble ubicado en el centro de Bilbao y que cuenta con un espacio de alrededor de 500 metros útiles. En el está previsto levantar el proyecto expositivo que abordará las distintas manifestaciones violentas producidas en Euskadi desde la Guerra Civil española hasta la actualidad. Si la exposición del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo se centra en las organizaciones de carácter terrorista que actuaron en nuestro país en las últimas seis décadas, con especial dedicación a la más violenta, ETA, la exposición que prepara Gogora abarcará además periodos como la contienda civil y sus consecuencias, las víctimas de abusos policiales, y la violencia provocada por organizaciones de extrema derecha y ETA.

El espacio está previsto que se distribuya de manera parcelada y con autonomía entre cada una de las áreas en las que se quiere clasificar la muestra. En cada una de ellas se abordará de modo diferenciado cada una de las manifestaciones violentas. También se reservará espacio a fenómenos históricos como la movilización cívica en favor de la paz, en defensa de la democracia y la libertad. Esta distribución será la que tendrá que condicionar el planteamiento arquitectónica del espacio que propongan quienes opten al concurso de ideas ahora en marcha. Además, tendrán que tener en cuenta el modo en el que se diseñarían cada uno de los espacios, favoreciendo la interacción de los visitantes y prestando especial prioridad al carácter audiovisual con el que se plantea toda la muestra.

El Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos, Gogora, cuenta con su sede en la capital vizcaína, en el edificio que acoge el Archivo Histórico de Euskadi. El inmueble, de cuatro pisos pero de plantas con dimensiones limitadas, no dispone de un espacio amplio para instalar la muestra permanente que se pretende. Por ello, se ha optado por aprovechar el patio interior, con algo más de 500 metros cuadrados de superficie, en el que se propone que se presenten ideas para instalar el área expositiva. Hasta ahora Gogora ha tenido que optar por muestras itinerantes, como el proyecto ‘Plaza de la Memoria’, que ha recorrido numerosas localidades vascas a las que ha llevado los testimonios de cientos de víctimas que almacena en su base de datos.

Un proyecto de 1,3 millones

Este centro, que comenzó a funcionar en julio de 2015, ha llevado a cabo numerosos proyectos de documentación y archivo, con especial intensidad en lo relativo a las víctimas del Guerra Civil, la identificación de los desaparecidos en la contienda y la recuperación de fosas.

Junto a ello, en estos años también se ha procedido a registrar testimonios de víctimas de ETA, de víctimas de abusos policiales y de víctimas de grupos de extrema derecha como los GAL o el Batallón Vasco Español. También se han llevado a cabo informes sobre el sufrimiento padecido por distintos colectivos a consecuencia de la amenaza de ETA, como los empresarios, los políticos, la Ertzaintza o los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. Próximamente se realizará un estudio sobre el padecimiento del colectivo de funcionarios de prisiones.

El proyecto arquitectónico para la exposición de Gogora se elegirá entre las propuestas que se presenten y a las que se invitará a distintos agentes a través de un procedimiento negociado. En mes y medio se tendrán que haber formalizado las propuestas a concurso. El coste de la modificación arquitectónica que requerirá se estima en 595.000 euros a los que se suman los 523.000 euros en los que se calcula el proyecto museográfico. En total, la operación se presupuesta en 1,35 millones de euros.   

Lenguaje «creativo y audiovisual»

La propuesta museística se marca como objetivo convertirse en un elemento de comunicación con el público con la intención de progresar en una “convivencia normalizada y conciliada”, se apunta desde Gogora. Se pretende proyectar una mirada al pasado “mediante un lenguaje creativo y audiovisual”. Se reconoce que una institución memorialística como este Instituto necesita poder contar con un museo propio para hacer de él una herramienta para “acercar a la calle y a la ciudadanía el valor concreto y real de la memoria”. Una exposición en la que se apostará por elementos visuales más que por los paneles de texto explicativos, “se debe primar lo visual sobre lo textual, debe hacerse pensar tanto como hacer sentir”, se señala.

El recorrido por la muestra, cuyo contenido no forma parte del concurso de ideas ahora en marcha, se clasifica en tres puntos: el acceso, el recorrido y la salida. En el primero de ellos se señala que será importante lograr que el visitante se adentre en una suerte de “microcosmos diferente del que viene” y que a lo largo de su visita reciba “impactos sensoriales e intelectuales” en cada uno de los periodos violentos abordados. El objetivo es logra que salga de la muestra habiéndole provocado no sólo emociones sino reflexiones sobre lo visto.

La exposición en la que se trabaja se estructura por periodos históricos y se insta a los concursantes a que ideen espacios flexibles y versátiles que faciliten la distribución de contenidos de manera diferenciada. En una de las propuesta planteadas a modo de ejemplo para analizar las posibilidades y resistencias arquitectónicas de la superficie sobre la que se construirá, se propuso distribuir en cubos individuales y contiguos cada uno de los periodos a modo de salas autónomas.       

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