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Viaje por la memoria del dolor

El Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo inaugurado hoy por el Rey repasa a través de material incautado a ETA y otras organizaciones, de testimonios de víctimas y de análisis históricos medio siglo de violencia en España.

Reproducción fiel del 'zulo' en el que ETA secuestró durante 532 días a Ortega Lara.

Reproducción fiel del 'zulo' en el que ETA secuestró durante 532 días a Ortega Lara. M.S.

Es una inmersión en el dolor y en la crueldad. Un recorrido por el pasado violento más reciente en nuestro país. Tiene paradas en la mirada de las víctimas, la de sus verdugos y la de una sociedad que permaneció décadas conmocionada, cuando no inmovilizada o insensibilizada. Armas, bombas lapa, ‘zulos’ de secuestro, cartas de extorsión, relatos de desconsuelo, proclamas por la paz o cartas desde el cautiverio. Todo eso es lo que se puede ver y sentir en el Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo que hoy ha inaugurado el Rey Felipe VI acompañado del presidente Pedro Sánchez y del lehendakari, Iñigo Urkullu. Un proyecto impulsado por el Ministerio del Interior desde tiempos del Gobierno de Mariano Rajoy y que tras años de retrasos se abrirá al público, de modo gratuito, a partir de mañana.

El Centro Memorial que dirige Florencio Domínguez cuenta con el mayor archivo documental y material de la historia del terrorismo en España. Dedicado a todas las formas de violencia terrorista producidas en nuestro país desde 1960, la muestra que hoy se ha inaugurado está dedicada en gran medida al impacto que tuvo la acción de ETA, no en vano generó casi el 70% de las víctimas por terrorismo, pero también al resto de organizaciones violentas. En la exposición permanente que a lo largo de tres plantas hace un repaso por medio siglo de violencia, el visitante podrá conocer cuál ha sido la entidad y envergadura de otras formas de terrorismo como el yihadismo, los GRAPO, la violencia de extrema derecha, la de extrema izquierda o el terrorismo perpetrado por grupos vinculados a los aparatos del Estado, como fueron los GAL.

Sin duda, los aspectos más impactantes de la muestra los representa los modos empleados por las distintas organizaciones para llevar a cabo sus acciones. La recreación del ‘zulo’ en el que ETA mantuvo secuestrado, primero al empresario Julio Iglesias Zamora y después, durante 532 días, al funcionario de prisiones, José Antonio Ortega Lara, se convierte en uno de los elementos más llamativos de la exposición. El Centro Memorial ha recreado el habitáculo de 3 metros de largo, 2,5 metros de ancho y 1,8 metros de alto. Todo se ha reproducido al milímetro, la iluminación, la hamaca en la que debía dormir y hasta la ‘decoración’.

En la exposición se incluye el documento que los secuestrados tenían pegado en la pared exterior del ‘zulo’ con la indicación dada por la dirección. ETA estableció que publicaría un anuncio en ‘Egin’ para establecer qué hacer con Ortega Lara llegado el momento. El ‘pajaro’ debía ser liberado ‘Txoria askatu’, si el contenido del anuncio por palabras era ‘Zorionak, Iñaki, bihotzez maite zaitugu…” y debía ser ‘lanzado’, asesinado, (‘Txoria bota’), si decía, “En fiestas de Romo todo kalimotxo pero en las de Donostia Tonika. La de gorro azul”.

Material incautado

De los más de 80 secuestrados de ETA o incluso de los GRAPO, como Publio Cordón, también se incluyen otros elementos. Así, figuran cartas enviadas por los cautivos a sus familiares. Entre ellas, la del empresario Julio Iglesias Zamora pidiendo a sus familiares que lo preparen todo para cuando salga libre, o la de Cordón a su madre agradeciéndole todo lo hecho por él. Una misiva que aparece junto al fragmento del marco de una puerta en la que el empresario aragonés apuntó los días que pasaba secuestrado.

En el recorrido, los paneles y audios a los que el visitante tiene acceso intentan reproducir con imágenes y audios reales incautados a los terroristas, cómo actuaron durante años muchas estas organizaciones. Audios como el de la llamada de un miembro de ETA alertando de la bomba en la Terminal T4 u otros muchos avisos de los que también quedó registro. O las cartas originales en las que la organización reclamó bajo amenaza a los empresarios el pago del llamado ‘impuesto revolucionario’, desde las más antiguas, escritas a máquina, hasta las diseñadas por ordenador con el logotipo del hacha y la serpiente y con un registro alfanumérico.

Entre las vitrinas que hoy ha visto el Rey no faltan bombas lapa, armas empleadas por ETA en acciones terroristas, pasquines señalando a políticos, jueces y otros colectivos, sus ‘Zutabe’ y ‘Zutik’, las publicaciones internas, o los sellos con los que la organización terrorista certificaba sus cartas. También impresionan los escritos incautados a ETA en los que los colaboradores informaban a la dirección de posibles objetivos, describiendo su aspecto físico, sus rutinas y algunos datos recabados para poder actuar contras ellos.

Otro de los paneles está dedicado a Ana María Vidal Abarca, impulsora de las asociaciones de víctimas y viuda de Jesús Velasco, asesinado por ETA en enero de 1980. Junto a una imagen suya, se muestra la boina roja que como jefe de Miñones portaba en el momento del asesinato, así como la agenda personal en la que se puede ver el impacto de una de las balas y algunos restos de sangre. Las víctimas del terrorismo son el eje en torno al cual gira la exposición. A ellas está dedicada la primera de las plantas y el final de la muestra.

ETA, Grapo, Yihadismo, GAL…

Un gran mural, dos metros de alto por cinco de ancho, ‘Memoria’ (2012) pintado por José Ibarrola en 2012, da acceso a una de las partes más emotivas. En él, decenas de paraguas marrones, en recuerdo al paraguas rojo que portaba José Luis López de La Calle cuando fue asesinado y que quedó boca abajo junto a su cadáver, recuerda a todas ellas. “El paraguas que imploramos cuando comienza a llover, de nada nos sirve cuando estalla la tormenta”, escribía el escultor vasco.

El Centro Memorial almacena testimonios de víctimas de las distintas organizaciones violentas. A lo largo del recorrido se recuerda no sólo a las 857 víctimas mortales que provocó ETA sino también a las cerca de 200 del yihadismo, las 27 del GAL y las provocadas por el resto de organizaciones violentas de extrema izquierda y extrema derecha. Una de las salas plantea al visitante acceder a un entorno audiovisual envolvente en el que a través de grandes paneles se combinan los testimonios de las víctimas con imágenes de los atentados y de los mismos lugares años más tarde. Aquí también aparecen testimonios de víctimas españolas de los atentados yihadistas del ‘Bataclan’ en Paris, o del 11-M, del GAL, de la ‘Kale Borroka’ o de los GRAPO.

En un panel contiguo, junto a unas pantallas dirigidas a escolares con juegos didácticos y vídeos explicativos sobre el impacto de la violencia, se recuerda el daño más incomprensible: la muerte de 35 niños. ETA mató a 21 menores, el yihadismo a 9, los grupos de ultraderecha a 3, los grupos parapoliciales a uno y los grupos de extrema izquierda a otro. No en vano, fue una niña, Begoña Urroz, la primera víctima del terrorismo. Murió el 27 de junio de 1969 por un atentado cometido por el Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación (DRIL).

Es en ese punto temporal donde arranca el repaso histórico que se extiende en otra de las salas. Un recorrido cronológico que detalla no sólo la evolución del terrorismo en España sino también de la propia sociedad española. Los cambios en su abordaje, la reacción cívica, la aparición de los movimientos pacifistas y cívicos y las decisiones políticas en instituciones. Lo hacen al mismo tiempo que se recuerda los cambios en el modo de actuar que tuvo el terrorismo, desde la Transición, cuando los comandos se multiplicaban y los duros ‘años de plomo’, los golpes más relevantes contra ETA, el final del ‘santuario francés’, la reacción social tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco… hasta su desaparición tras su debilitamiento por la acción de los CFSE, la Ertzaintza, la Justicia, el rechazo social en Euskadi, las movilizaciones en toda España…

‘Pensad que esto ha sucedido’

En una de las salas se pueden ver algunas de las armas incautadas a ETA por Francia y entregadas a España. Están expuestas junto con una de las primeras fichas policiales hechas a Josu Urrutikoetxea, alias ‘Josu Ternera’, un traje de protección de la unidad de explosivos de la Guardia Civil o los elementos más emblemáticos del rechazo a ETA como fue el lazo azul. Incluso se ha recuperado algunos de los restos de árboles que quedaron tras el ataque de un grupo afín a Cristo Rey contra el ‘Bosque pintado de Oma’ de Ibarrola.

El recorrido concluye con la parte más emotiva, la del recuerdo de las víctimas. A través de vídeos domésticos cedidos por las familias se les recuerda a víctimas. En ellas se puede ver a Fernando Buesa el Día de la boda de su hija, imágenes de Ernest Lluch, Juan María Jauregi o de Francisco Tomas y Valiente, entre otros muchos. Recuerdo que se intercalan con citas como la de Primo Levi de 1947: “Pensad que esto ha sucedido: os encomiendo estas palabras. Grabadlas en vuestros corazones al estar en casa, al ir por la calle, al acostaros, al levantaros, repetídselas a vuestros hijos”.

Es precisamente ésta la razón última del centro, legar memoria para futuras generaciones sobre lo ocurrido. Para ello, invitará a todos los institutos del País Vasco que lo deseen a incluir en sus programas educativos visitas a la exposición permanente.

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