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Muere Joseba Arregi, el nacionalista descreído que defendió a las víctimas

El exconsejereo y portavoz del Gobierno vasco entre 1985 y 1995 con Ardanza fallece a los 75 años. En los últimos años abandonó el partido y la política y se convirtió en una voz crítica con el PNV y defensor del papel de las víctimas de ETA.

Joseba Arregi.

Joseba Arregi. EP

Durante una década fue la voz oficial del nacionalismo en el Gobierno que presidió José Antonio Ardanza. Joseba Arregi impulsó como pocos la recuperación del euskera, fue uno de los padres de la apuesta más exitosa en el ámbito cultural, el Museo Guggenheim, y llegó a presidir el PNV en Gipuzkoa tras la escisión del partido en 1986 con la salida de Carlos Garaikoetxea. Pero la trayectoria de este político vasco que hoy ha muerto a los 75 años de edad dio un giro a partir de la firma del pacto de Lizarra por la que fue su formacón desde joven. En 2001 abandonó la política y poco después el partido para convertirse en una de las voces más críticas contra la posición del PNV ante la violencia de ETA y las víctimas.

Arregi fue durante los últimos años un referente para las asociaciones de víctimas y de deslegitimación de la violencia. Defendió el papel de las mismas, la necesidad de impulsar su reparación y memoria y las razones por las que fueron asesinadas, «que es lo se quiere olvidar», recordaba hoy Covite en palabras del ex consejero vasco: «Han sido asesinados porque hubo un grupo de personas, vascos, que por un proyecto nacionalista radical creyeron necesitar matar», aseguraba Arregi. Se mostró muy crítico con el lehendakari Ibarretxe y su ‘plan’ de nuevo estatus y su actitud de «hacer política como si ETA no existiera».

Catedrático de Teología y doctor en Sociología, se fue distanciando de las posiciones nacionalistas defendidas por el PNV y su actitud ante la violencia y el alejamiento de las víctimas. En los últimos años defendió la necesidad de escuchar su voz y reparar el daño causado y deslegitimar a los defensores y cómplices de tantos años de sufrimiento. Fue uno de los fundadores del Centro Memorial de Víctimas, cuyo director, Florencio Domínguez, hoy recordaba como uno de los defensores de la deslegitimación de ETA «y la legitimación del Estado de Derecho».

Una voz crítica

El actual consejero de Cultura, Bingen Zupiria, también ha destacado la figura de Arregi como uno de los hombres que mayor impulso dio al euskera y a la cultura vasca durante sus años al frente de la consejería.

Desde el PP, su presidente, Carlos Iturgaiz, le ha recordado como «un gran hombre, gran erudito e intelectual, gran defensor de la libertad y un inmenso pilar en el apoyo a las víctimas del terrorismo».

Nacido en Andoain (Gipuzkoa) en 1964, en el seno de una familia nacionalista, durante la dictadura su defensa del nacionalismo le llevó incluso a pisar la cárcel. Tras su alejamiento de la política y el nacionalismo retornó a labores docentes e intelectuales y a la publicación de numerosos libros centrados en Euskadi, el nacionalismo y la violencia, como ‘La nación vasca posible’ o ‘Euskadi invertebrada’ o ‘El terror de ETA: la narrativa de las víctimas’.

Arregi se convirtió en una voz incómoda para el PNV, promovió en 2004 la asociacion ‘Aldaketa’ (Cambio). Se mostró crítico con la actitud de la sociedad vasca ante la violencia y aseguró que fueron las instituciones las que finalmente lograron derrotar a ETA. Defendió que cualquier proyecto nacional vasco debería contar con toda la ciudadanía y no sólo con una parte de ella, los nacionalistas.

«Un hombre coherente»

El catedrático de Historia Contemporánea, Antonio Rivera, ha asegurado hoy que Arregi fue «un hombre coherente» como lo son «aquellos capaces de separarse políticamente de los suyos si han llegado al razonamiento de que están equivocados y actúan en contra de lo que ahora entienden correcto y adecuado». Rivera subraya su aportación intelectual y su claridad al defender ideas como la imposibilidad de edificar una comunidad política vasca «sobre la exclusión»: «Sobre una ciudadanía superior en la práctica sobre otra, sobre las fantasías de la comunidad por encima de la sociedad de libertades y derechos».

Añade que Arregi defendió que tampoco se podrá construir la Euskadi del futuro sobre «el olvido de lo ocurrido aquí desde 1968 sino, mucho peor, asentando ahora en la paz los mismos presupuestos de división y rechazo que se defendieron en otro tiempo con las armas y la violencia».

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