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"Los delincuentes que vinculan violencia y sexo son peligros sociales con difícil reinserción"

Francisco Javier Almeida, el presunto asesino de un niño de nueve años en Lardero (La Rioja), cumplió condena por agresión sexual y asesinato | Cuando entró en prisión por segunda vez, el Código Penal aún no reflejaba la prisión permanente revisable

Francisco Javier Almeida, asesino del niño de Lardero

Francisco Javier Almeida, asesino del niño de Lardero EP

El recorrido delictivo de Francisco Javier Almeida, el hombre de 54 años detenido en Lardero (La Rioja) como presunto autor de la muerte de Álex, el niño de nueve años que jugaba con sus amigos en un parque de la localidad hasta que desapareció durante unos minutos tras los que fue encontrado ya inconsciente en manos del detenido en su portal, se correspondería con el de un cazador sexual.

Así lo considera Miguel Ángel Sedeño, experto universitario en el análisis de la conducta criminal. Almeida, que está en prisión provisional desde que se negó a declarar en los Juzgados de Logroño tras su detención, fue condenado en 1993 por agresión sexual a una joven. Estuvo en la cárcel cuatro años y en 1998 volvió a ser condenado por el asesinato y agresión sexual a una agente inmobiliaria de Logroño a la que apuñaló mientras le enseñaba un piso. Fingió que quería alquilarlo para cometer su crimen. Le asestó 17 puñaladas tanto por la espalda como por el cuerpo, frente a ella.

Acciones «premeditadas para controlar y dominar»

Para Sedeño, el historial del detenido «demuestra la cara más extrema de las agresiones sexuales y de la violencia. Sujetos como él, que vinculan la violencia al sexo, son verdaderos peligros sociales. El FBI vincula en un 90% de los casos de los asesinos en serie a motivaciones sexuales», explica el experto, quien ve claro que sus delitos siempre han sido «premeditados y en la búsqueda de conseguir el control y la dominación de la víctima». En el caso al que se denominó de la inmobiliaria, «buscó la táctica de enseñar la casa y se garantizó que lo haría en soledad».

La investigación de la muerte del niño de Logroño el pasado jueves todavía está en curso, pero pocos minutos después de que el resto de menores le perdiera de vista, sus miradas y las de sus padres se clavaron en el domicilio del detenido, donde fue hallado con el menor en brazos. Según han relatado vecinos de la plaza de Entrerríos, muy próxima a la vivienda del presunto agresor y donde el menor desapareció, Almeida llevaba semanas merodeando la zona y había tratado de convencer a otras niñas para que subieran a su casa para ver «los pajaritos» que tenía.

Desconozco si ha tenido un tratamiento en la prisión, pero es muy difícil reorientar a quienes tienen este tipo de fantasías tan violentas, crónicas, repetitivas y vinculadas a la muerte

«El relato de los niños del pueblo confirmaría que también había premeditado semanas antes el secuestro para asegurarse la agresión. Se muestra una vez más el deseo, el objetivo que quiere conseguir. Este tipo de actuaciones suelen ser motivadas por una grave perturbación psicológica, están muy unidas a lo que sería la parafilia, el impulso o desviación sexual que le lleva a este tipo de conductas viscerales», analiza el estudioso de perfiles criminales, quien destaca el «sadismo, la violencia extrema y directa durante la agresión y la crueldad» como características coincidentes en los delincuentes sexuales que reuniría Almeida. En casi todos los casos con comportamientos como los descritos se repite «la difícil reinserción», según Sedeño. «Desconozco si ha tenido un tratamiento en la prisión, pero es muy difícil reorientar a quienes tienen este tipo de fantasías tan violentas, crónicas, repetitivas y vinculadas a la muerte. Es su motivación. Cada vez que ha salido de la cárcel ha reincidido y lo ha hecho de una manera más brutal. Se ha convertido en un cazador», argumenta.

Caso encuadrable en la prisión permanente revisable

Los magistrados del Tribunal Superior de Justicia de La Rioja descartaron en la sentencia por el crimen de la agente inmobiliaria de Logroño que el agresor sufriera «cualquier alteración psíquica que limite su capacidad volitiva y de discernimiento», pues precisamente él alegó la parafilia como una enfermedad mental que le había impedido discernir. Fue condenado a 30 años de prisión. El 8 de abril de 2020, tres años antes de que cumpliera la pena íntegra, el juez de vigilancia penitenciaria le dejó en libertad.

Cumplía con los requisitos legales para ello: había cumplido tres cuartos de la parte de su pena, tenía buena conducta en la cárcel y la Junta de Tratamiento de ésta había interesado su progresión de grado. Expertos en Derecho Penal consultados por este diario coinciden en que, de haber existido la prisión permanente revisable (que no entró en vigor hasta 2015) Almeida debería haber sido condenada a tal pena recién avalada por el Tribunal Constitucional.

Ésta, que se aplica en los casos en los que concurre una circunstancia agravante específica, le podrá ser aplicada cuando se le juzgue por la muerte del niño de Logroño si la investigación confirma que la muerte del menor fue premeditada. En el caso se daría las agravante de que la víctima es menor de 16 años. Además, el delito se habría cometido por Almeida después de haber sido ya condenado por otro contra la libertad sexual.

El criminólogo Sedeño comparte que la prisión permanente revisable sería la adecuada en su caso: «El mundo en general está lleno de este tipo de casos, lamentablemente. El que una persona afirme que se está comportando bien no es garantía de nada. Nos creemos que el asesino lo es las 24 horas del día y eso es un error. La maldad no dura las 24 horas del día y comparecer regularmente ante un juez no es garantía de nada porque puede hacerlo con toda la serenidad. Soy partidario de que las medidas deben ser más duras en estos casos. El sistema español está enfocado a la reeducación y la reinserción pero, ¿hasta qué punto pueden serlo? Hay muchos de estos delincuentes que demuestran que su reinserción es nula porque su motivación sigue existiendo. Una vez se quedan solos se convierten en un peligro».

En este sentido, el experto añade que «situaciones estresantes en personas con graves trastornos psicológicos como serían la soledad, el aislamiento o el rechazo pueden ser un detonante para las acciones de estos delincuentes con cerebros dañados normalmente en una infancia destructiva o en la adolescencia».

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