España

El frasco de sangre que cerca al etarra que mató a Ustaran en 1980

La Audiencia Nacional pide al Servicio Vasco de Salud que facilite el grupo sanguíneo de los tres presuntos terroristas que atentaron contra el ingeniero técnico vitoriano hace 41 años | Éste es uno de los más de 300 asesinatos aún sin esclarecer

C.V.

El resto de sangre encontrado en la manilla de apertura de la puerta posterior izquierda del vehículo en el que apareció con un tiro en la frente el ingeniero técnico vitoriano José Ignacio Ustaran Ramírez puede ser clave para resolver, más de 41 años después, uno de los más de 300 crímenes cometidos por ETA que siguen sin esclarecerse. Él fue una de las 93 víctimas mortales de la banda terrorista en 1980, el año más sangriento en la historia de la organización.

Sobre las 21 horas del 29 de septiembre de 1980, una chica con un supuesto paquete de regalo llamó a la puerta de la vivienda en la que residía el matrimonio Ustaran Muela y sus entonces cuatro hijos menores en la cuarta planta del número 68 de la avenida Gasteiz de Vitoria preguntando por el cabeza de familia. Cuando su esposa le contestó que su marido estaba en el piso, aquélla sacó una pistola «de pequeño tamaño» y salieron sus dos acompañantes -ambos varones y también armados- que se escondían en el tramo de escaleras.

En torno a las 21.20 horas, los tres terroristas se llevaron a Ustaran después de cortar el cable del teléfono y ordenarles a los familiares de la víctima que no dieran la voz de alerta antes de la medianoche. A las 22.25 horas, un vecino de Vitoria llamó a la Sala del 091 para alertar de que había un hombre aparentemente muerto en el interior de un vehículo que bloqueaba el acceso al garaje del edificio en el que se encontraba la sede provincial de Unión de Centro Democrático (UCD), el partido entonces en el Gobierno de la nación y al que representaba su mujer (Rosario Muela) como concejal en el Ayuntamiento vitoriano. No había cumplido aún los 42 años.

Durante la inspección ocular, los funcionarios del Gabinete Provincial de Identificación de la comisaría del entonces Cuerpo Superior de Policía en Vitoria recogieron varias muestras de sangre en diversas partes del vehículo -un Talbot 150 con matrícula VI-5514-E, propiedad de la víctima- en el que acabaron a sangre fría con la vida de José Ignacio Ustaran. Éste fue blanco de la rama político-militar (ETA-pm) por su condición de miembro de la comisión ejecutiva provincial de UCD. «Usted no sabe el daño que está haciendo», le dijo uno de los etarras a la esposa cuando se encontraban retenidos en el domicilio. Ella intentó sin éxito hacerle ver a uno de los tres miembros del comando que era ella la que tenía un «cargo político» y que su marido «no había hecho nada».

«De arriba a abajo»

Cuando se analizaron los cuatro frascos de muestras en el Laboratorio de Análisis Químico-Biológicos del Gabinete Central de Identificación, dependiente de la Comisaría General de Policía Judicial, los agentes descubrieron que no toda la sangre correspondía a la víctima (grupo B). Ustaran recibió a bocajarro un impacto de bala que entró por la zona frontal derecha y salió por el occipital izquierdo. «Debido al trayecto seguido podemos decir que la mano que empuñaba el arma estaba de arriba [a] abajo y [de] derecha a izquierda», certificó el médico forense Santiago Travieso Gil en su informe pericial tras realizar la autopsia.

Tanto en el interior de la puerta trasera derecha -la opuesta a la que yacía el cadáver- como en el picaporte de apertura de la puerta posterior izquierda se halló sangre, perteneciente supuestamente al autor material tras herirse con un primer disparo de forma involuntaria. En la primera localización, la insuficiente cantidad impidió acreditar a qué grupo sanguíneo pertenecía. En la segunda, la Policía concluyó sin atisbo de duda que era del grupo «cero».

Detalle del oficio policial en el que se detallan los resultados de las muestras de sangre halladas en el coche de Ustaran.

El cuarto tarro correspondía a la muestra de sangre recogida en un tocadiscos del Club Holiday, adonde funcionarios policiales se personaron durante la madrugada del 30 de septiembre de 1980 tras tener conocimiento de que una persona había acudido horas antes a ese local vitoriano «para curarse de una herida por la que al parecer le manaba abundante sangre» por si ese episodio guardaba relación con el atentado sufrido por José Ignacio Ustaran. Los análisis determinaron que también era del grupo cero, el mismo que el de la sangre que se halló en la manilla del Talbot 150.

Más de cuatro décadas después, el Juzgado Central de Instrucción 1 de la Audiencia Nacional ha librado un mandamiento al Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) para que facilite el grupo sanguíneo de los tres supuestos terroristas que pudieron participar en el asesinato de Ustaran Ramírez. Según ha podido conocer El Independiente en fuentes jurídicas, las personas de las que se solicita tal información son Ana Rosa Elorza Garoña, Ignacio María Yarza Utzeta y Martín Otaño Labaca.

El juez pregunta al Servicio Vasco de Salud el grupo sanguíneo de los tres presuntos terroristas que atentaron contra Ustaran en 1980

En marzo de 1979, según publicó El País, la comisaría de Policía de San Sebastián informó en una nota de la detención de Otaño Labaca y otras ocho personas más como presuntos integrantes de la columna Moreno Bergareche de ETA-pm. Otro de los arrestados en aquella operación fue Arnaldo Otegui, entonces un joven de 20 años y hoy coordinador general de EH-Bildu. Entre las acciones de las que se hacía responsable a este grupo figuraba el secuestro de Luis Abaitua Palacios, entonces director de la factoría de Michelin en Vitoria.

La práctica de la diligencia ordenada ahora por la Audiencia Nacional cuenta con el aval de la Fiscalía, que no sólo no se ha opuesto a la petición del abogado de la viuda e hijos de José Ignacio Ustaran sino que anticipa que, en caso de que el grupo sanguíneo de alguno de los tres sea cero, habría que verificar a continuación si alguno tiene una cicatriz en la mano como la que debió quedarle al asesino tras herirse a sí mismo. Uno de los proyectiles hallados en el automóvil quedó alojado en el apoya-brazos de la puerta delantera derecha, «junto al armazón de metal». Según la tesis policial, este disparo debió ser anterior al que causó la muerte al ingeniero técnico vitoriano y se produjo por una «acción involuntaria» del terrorista.

Hace unos meses, agentes de la Guardia Civil que investigan los crímenes etarras todavía sin esclarecer se desplazaron a Sevilla -donde reside la viuda de Ustaran- para mostrarle fotografías de la época de 14 integrantes de ETA-pm que podían operar en Vitoria en aquellas fechas. Las fuentes consultadas han indicado que, con todas las cautelas por el tiempo transcurrido, la mujer señaló a los tres cuyo grupo sanguíneo pretende conocer ahora el magistrado Alejandro Abascal por si coincide con la muestra encontrada en el picaporte del coche.

Veinte minutos cara a cara

Rosario Muela tuvo a los tres integrantes de aquel comando casi veinte minutos cara a cara en el interior de la vivienda vitoriana, antes de que se llevaran a su marido y ya no lo viera más con vida. Cuando el 6 de noviembre de 1980 declaró en el Juzgado de Instrucción 1 de Vitoria, el órgano que inicialmente abrió diligencias previas antes de inhibirse en favor de la Audiencia Nacional por tratarse de un delito de terrorismo, la viuda ofreció una detallada descripción de los tres etarras.

«La persona que llamó a la puerta era una chica de unos 18 a 20 años de edad, con una estatura aproximada de 1,65 metros, ignorando si llevaba o no tacones, vestida con pantalón oscuro y una zamarra o cazadora de color claro, de tez clara, con un pañuelo a la cabeza de color beige claro sin permitir que se le viera nada de pelo, con la cara más bien alargada y las cejas muy finas de un color claro, pudiendo ser rubia o castaña, con rasgos normales y bien parecida, siendo su voz normal. Se expresa perfectamente en castellano sin ningún acento o deje, ni ninguna otra circunstancia identificativa», detalla el acta de su comparecencia, uno de los documentos que integran el sumario.

Dos hombres acompañaban a la chica, todos a cara descubierta. Uno tenía de 20 a 22 años, su estatura aproximada era de 1,76 metros, su pelo era de color castaño oscuro y algo rizado, llevaba gafas con montura metálica y vestía aquella noche un chubasquero azul marino. El otro tendría de 25 a 30 años, medía 1,80 metros, pelo muy abundante «tirando a negro», cejas pobladas, vestía también pantalones vaqueros y chubasquero azul, su voz era «fuerte» y con un «tono autoritario». Daba la sensación de ser «el jefe del grupo», relató la viuda al instructor.

La viuda identificó a los tres supuestos etarras entre las 14 fotografías de la época que le mostró la Guardia Civil hace unos meses

El Juzgado Central de Instrucción 1 de la Audiencia Nacional acordó el sobreseimiento provisional el 26 de noviembre de 1983 sin que se hubieran despejado las incógnitas que aún envuelven el caso: a quién pertenecía la sangre que no era de la víctima mortal y qué arma utilizó el pistolero para acabar con la vida de Ustaran Ramírez, que el próximo 19 de marzo cumpliría 83 años.

El 14 de mayo de 2018, la Sección Primera de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional accedió a la petición de la familia y revocó el archivo. Fue después de que el fiscal presentara un escrito en el que solicitaba que la Policía Nacional elaborara un nuevo informe con las muestras de sangre intervenidas en su momento en el vehículo en el apareció muerto con un tiro en la frente el ingeniero técnico vitoriano «por si fuera posible la obtención de muestras de ADN que permitieran la identificación de al menos uno de los asesinos».

El Ministerio Público quería también que los investigadores policiales analizaran las dos balas halladas en el interior del coche «por si coincidieran con las de otros asesinatos cometidos con posterioridad por la banda terrorista», determinante para establecer si el crimen está prescrito por el tiempo transcurrido o por el contrario no concurre causa de interrupción.

Cartuchos del 22

El estudio técnico realizado en su día por los especialistas de balística forense de la Policía identificaron dos vainas que se correspondían a «cartuchos del 22 Long Rifle» fabricados por la firma estadounidense Winchester Repeating Arlis Co. «Su estudio microscópico-comparativo ha permitido determinar que ambas han sido percutidas por una misma arma, la cual, por la lesión de percusión, se estima debe ser una carabina o rifle de fabricación francesa», se lee en el informe.

La inspección ocular también permitió descubrir dos balas que, atendiendo a su peso y formato, podrían ser cartuchos del 38 Smith Wesson Special. «En su cuerpo llevan marcadas seis estrías de paso helicoidal a la derecha, producidos por los campos del cañón del revólver que las disparó, datos éstos tan comunes a las armas recamaradas para este cartucho que no permiten determinar la marca o modelo de la utilizada en este hecho», concluyeron los especialistas. En todo caso, éstos descartaron «radicalmente» que el terrorista hubiera utilizado un revólver de las marcas estadounidenses Colt o Smith & Wesson y de la española Llama, al tiempo que llamaban la atención sobre el hecho de que las balas eran de «las mismas características» que las empleadas en el atentado que cuatro meses antes había sufrido también en Vitoria el entonces jefe de Personal de Michelín Jesús Casanova Salazar.

Más de 41 años después de aquel fatídico 29 de septiembre, la viuda (de 77 años) y los hijos de José Ignacio Ustaran Ramírez ven un rayo de esperanza en su lucha por que se esclarezca al fin el crimen de su ser querido. Puede que nunca se lleguen a sustanciar las responsabilidades penales por este asesinato debido al tiempo que ha transcurrido, pero lo que no prescribe es el derecho a la verdad.

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