España | Tribunales

La Fiscalía pide 80 años de cárcel para 'Anboto' por un atentado de 1987 gracias a los datos de Francia

El Ministerio Público acusa a Soledad Iparraguirre 'Anboto' de accionar a distancia un artefacto y asesinar a dos policías nacionales en el Alto de Armentia (Vitoria) el 6 de agosto de 1987, cuando la etarra se hacía llamar 'Marisol' o 'Elisabeth'

Soledad Iparraguirre, 'Anboto' durante un juicio en la Audiencia Nacional. EFE.

«ETA asesina a dos policías en Vitoria durante las fiestas patronales de la Virgen Blanca», se leyó en los titulares de las ediciones vespertinas de los periódicos el 6 de agosto de 1987. La realidad fue aún más cruda para las viudas de los dos agentes Rafael Mucientes Sanz (natural de Mojados, Valladolid) y Antonio Ligero Hec (de Conil de la Frontera, Cádiz) de 37 y 29 años que, destrozados por la explosión de un artefacto de unos 36 kilos de amonal y 40 de metralla, dejaron dos hijas y dos hijos, respectivamente, huérfanos. Pertenecían a la IV Compañía de la 56ª Bandera de la Policía Nacional y patrullaban con su zeta la zona del Alto de Armentia (Vitoria), donde hay una ermita y una fuente a la que acudían prácticamente a diario.

Casi treinta y cinco años después del atentado, la Fiscalía de la Audiencia Nacional pide 80 años de prisión para Soledad Iparraguirre, ‘Anboto’, a quien acusa de participar en la preparación del artefacto explosivo y en la activación a distancia de éste como miembro del ‘comando Araba’. José Javier Arizcuren Ruiz ‘Kantauri’, del mismo comando, ya fue condenado en 2008 a 82 años de prisión por ese atentado. Ahora, el fiscal acusa a ‘Anboto’ por los hechos, que fueron reivindicados por ETA en su publicación Zuzen nº 79 de febrero de 2004, según se lee en el escrito de acusación al que ha tenido acceso El Independiente.

La información sobre ETA facilitada por Francia a España ha sido clave para presentar esta acusación contra ‘Anboto’ por los hechos que comenzaron a investigarse en el Juzgado Central de Instrucción 2 en 1988. La Fiscalía acusa a la histórica exjefa de ETA Soledad Iparraguirre de dos delitos de asesinato con finalidad terrorista, pidiendo 30 años de prisión por cada uno de ellos, y otro de asesinato frustrado por el que pide 20 años de cárcel, puesto que hubo otra víctima no mortal. El artefacto explotó justo cuando pasaban por la zona dos vehículos de la Policía que patrullaban juntos, alcanzando al segundo en el que viajaban Mucientes y Ligero.

Los fiscales de los crímenes sin resolver de ETA, centrados en encontrar a los autores de los atentados, han cruzado las declaraciones de distintos miembros del comando en otros procedimientos, así como han revisado diversa documentación que les ha llevado a reunir pruebas contra ‘Anboto’ por su presunta participación en este atentado que las fuerzas de seguridad le vienen atribuyendo desde hace décadas.

«La acusada accionó a distancia el artefacto»

«Con la finalidad de acabar con la vida de los funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía que habitualmente acudían a una fuente sita en el Alto de Armentia de Vitoria participó en la preparación de un artefacto explosivo compuesto por unos 36 kg de amonal y unos 40 de metralla que, junto con el resto de miembros del comando, ubicaron en una carretera de acceso a la citada fuente. La acusada era consciente de que con dicha acción podía ocasionar la muerte de cualquier otra persona que se encontrara en las inmediaciones, desperfectos en los bienes a los que alcanzare la onda expansiva, lo que asumió. De esta forma y en ejercicio de lo planeado, sobre las 15.50 horas del día 6 de agosto de 1987, cuando circulaba por dicho punto el vehículo policial ocupado por los miembros del Cuerpo Nacional de Policía, la acusada accionó a distancia el artefacto haciéndolo explosionar, resultando muertos los dos miembros del citado Cuerpo», se puede leer en el escrito de acusación presentado a la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional por el fiscal Marcelo De Azcárraga.

En 2016, el Ayuntamiento de Vitoria rindió homenaje a Nelly Oñate y Francisca Bonillo, viudas de Mucientes y Ligero. Bonillo, residente en Conil de la Frontera (Cádiz), animó en el acto público a luchar por «una sociedad sin odio, libre, justa y democrática». «No queda rencor en mí. Agradezco este acto, aunque momentos como éste traen a mi memoria horror, dolor, desesperación y tristeza, pero también recuerdos bellos de mi vida con Antonio», afirmó, según recogió el diario El Correo.

Te puede interesar

Comentar ()