Una veintena de obras amenazan con colapsar la movilidad en Barcelona en la próxima década. Así al menos lo denuncia el RACC, que ha dado la voz de alarma ante la planificación de intervenciones para los próximos años, con los que el gobierno local de Ada Colau pretende seguir reduciendo la presencia del vehículo privado en Barcelona.

«Hemos  pedido priorizar las obras de transporte público como medida para mejorar la calidad del aire y la movilidad en Barcelona» asegura Josep Mateu, presidente del RACC, que defiende la necesidad de «incrementar las inversiones en las infraestructuras de transporte público para aumentar la capacidad, los servicios en el área metropolitana y reducir el periodo de las obras».

«Pero respecto al resto de las obras que afectan a la vía pública y que no son de transporte público consideramos que es necesario redefinirlas y consensuarlas antes de llevarlas a cabo» añade Mateu.

Las obras de la discordia

Se trata de diez intervenciones en el centro de la ciudad, entre las que destaca la conexión del tranvía por la Diagonal; la creación de una «superilla» en el Ensanche que cerrará al tráfico Consejo de Ciento; las reformas de la Meridiana y la Vía Layetana. Y, por supuesto, las obras de la inacabada L9 del metro, para enlazar por el norte de Barcelona los extremos desde La Sagrera a la Zona Franca y Hospitalet.

A esas intervenciones se suman las obras que dificultarán los accesos a Barcelona en los próximos años. Destacan los dos carriles bus en las salidas de Gran Vía y Diagonal y las obras de Renfe: El soterramiento de las vías en Montcada y la nueva configuración de vías en Hospitalet, que provocaran serias afectaciones en el servicio de Rodalies.

Fuente: RACC

El objetivo declarado de casi todas esas obras es reducir la presencia del vehículo privado en Barcelona, al que Colau responsabiliza de la contaminación excesiva que sufren los vecinos de Barcelona. Pero desde el RACC advierten de que la congestión de tráfico que provocarán las obras en Barcelona multiplicará esa contaminación.

El RACC no cuestiona la conexión de las dos redes del tranvía existentes pero sí que se realice por la Diagonal. «Siempre hemos considerado que serían mucho mejores otros trazados alternativos, porque tal y como se ha planteado incrementará la congestión del Ensanche, tanto del transporte público como del privado que atraviesa la avenida Diagonal y por tanto aumentará la contaminación del aire y del ruido en este distrito», señala Mateu.

Contaminación en Barcelona

En noviembre de 2020, cuando Barcelona todavía sufría los efectos de los confinamientos municipales por el Covid, los niveles de contaminación de NO2, dióxido de nitrógeno, y de las partículas Tn10, estaban por encima de los máximos de referencia de la UE y de la OMS. Y eso a pesar de que el tráfico se había reducido en un 15% por las restricciones asociadas a la pandemia.

La explicación a esa paradoja está, según los detractores de la política de movilidad de Colau, en la proliferación de obstáculos al vehículo privado que han multiplicado el tiempo de los desplazamientos, con los motores en marcha. En otras palabras, había menos coches, pero la contaminación por dióxido de nitrógeno crecía.

Un efecto que no ha hecho más que multiplicarse con la recuperación paulatina de la normalidad tras el Covid. Según el Anuario de la Contaminación de Barcelona la contaminación creció en 2021 respecto al año anterior. Los niveles de contaminación de NO2 y PM10 subieron en las estaciones de tráfico urbano un 2,4% y un 4% respectivamente.

Las supemanzana, en cuestión

En este contexto, Mateu es especialmente crítico con la futura «superilla» del Ensanche. «Falta una planificación metropolitana global y estudios y proyecciones realistas de cómo se distribuirá la movilidad ante estas medidas». Sin esos estudios «estamos improvisando a costa de la calidad de vida de los ciudadanos y poniendo en riesgo el progreso económico que hoy más que nunca necesita la ciudad».

El RACC prevé colas de 20 km en el Ensanche por la superilla que empeorarán cuando se complete el proyecto

Según los datos del RACC, el 80% de los vehículos que llegan al Ensanche procede de fuera de Barcelona. «Hemos calculado que cuando se ejecute la primera fase, en 2021, las colas en el distrito llegaran a 20 km, un 26% más que actualmente y cuando finalicen en el 2030 empeorarán hasta un 55%» avisa Mateu, lo que comportaría el correspondiente incremento de la  contaminación. «Estos serían los efectos de aplicar las restricciones antes de disponer de las mejoras en transporte público».

Mateu recuerda que el efecto inmediato de la implantación de la superilla del 22@ entre 2016 y 2017 fue un aumento de circulación en la calles perimetrales de la supermanza del 22@. «Y hay que tener en cuenta que las primeras supermanzanas se han circunscrito a áreas relativamente periféricas de la ciudad. Pero el proyecto de ejes verdes en el Eixample es diferente, porque afecta al centro neurálgico de la ciudad».

Según un estudio del Barcelona Supercomputing Center publicado en noviembre del año pasado las supermanzanas y el urbanismo táctico por sí solos tienen un efecto rebote en las zonas colindantes. Las restricciones generan una redistribución del tráfico a lo largo de la red y por tanto también una redistribución de las emisiones a nivel de calle.

La Zona de Bajas Emisiones no funciona

En la segunda parte del año pasado, los niveles de contaminación «aumentaron significativamente». En el Ensanche en los últimos tres meses se vuelven a superar claramente los niveles máximos anuales de por el NO2 establecidos en el marco legal, advierte el informe. Niveles que durante todo el año superaron los establecidos como peligrosos por la OMS.

«La contaminación mata» le espetaba Colau a Isabel Díaz Ayuso para defender la creación de la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) que impide la circulación a los vehículos diesel de más de 15 años por el interior de la ciudad. Pero tampoco esta medida ha dado los resultados esperados en términos de reducción de las emisiones.

Más obras, más colapsos

En este contexto, llega la nueva avalancha de obras ideadas por el Ayuntamiento para cambiar la movilidad en Barcelona: más bicicletas y peatones, menos coches. Con la «superilla» del Ensanche como paradigma, que el RACC señala con foco de nuevos colapsos de tráfico en las calles adyacentes a las que limitarán el tráfico a vecinos y emergencias.

Ada Colau ha repetido en más de una ocasión que las calles del Ensanche barcelonés son «autopistas» en las que hay que poner coto al coche. La nueva red de ejes verdes que transformará la calle Consejo de Ciento en una vía peatonal «convertirá al peatón en «el protagonista máximo» aseguran.

La superilla del Ensanche costará 52,7 millones de euros y estará lista antes de las elecciones

En la zona afectada no solo se permitirá circulación a baja velocidad –10 km/h–, fundamentalmente a vecinos y emergencias. «Los peatones tendrán toda la preferencia, y los vehículos privados tendrán que girar obligatoriamente en cada cruce del eje verde», advierte el consistorio.

Las obras se licitarán este mes para comenzar en junio y concluir en el primer trimestre de 2023 -a punto para la cita con las urnas-. Tienen un presupuesto de 52,7 millones de euros y permitirán ganar 58.000 m2 de espacio público «recuperado al asfalto».

Aviso de Foment

El RACC no ha sido la única entidad que ha cuestionado la política de movilidad de Colau. La patronal Foment del Treball advertía en mayo de 2020 de las consecuencias del plan de movilidad del Ayuntamiento y reclamaba consensuarlo con el sector de la automoción, tecnológicas y de infraestructuras. Sólo el sector del automóvil ocupa a 143.000 trabajadores en Cataluña, recordaba la patronal.

«El transporte público es esencial, pero insuficiente» advertía Foment, reclamando al consistorio «incorporar aún más la innovación y la tecnología para la gestión global de la movilidad y evitar así el colapso» de la ciudad. «La bicicleta debe tener su espacio, pero una ciudad con la disposición geográfica de Barcelona, con gran atractivo turístico y por su condición de capital de Catalunya, debe tener a punto una oferta global de calidad en todos los ámbitos de la movilidad».