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Quién es el "pistolero de Tarragona" que está a punto de sentar un precedente histórico en la aplicación de la eutanasia

Marin Eugen Sabau, conocido como el "pistolero de Tarragona"

Este jueves la Audiencia provincial de Tarragona ratificó la autorización para practicar la eutanasia a Marin Eugen Sabau, más conocido como «el pistolero de Tarragona». El hombre que el 14 de diciembre del año pasado hirió a cuatro personas -tres ex compañeros de trabajo y un mosso- antes de ser abatido por la policía autonómica en una masía próxima a Ruidoms (Tarragona).

La Comisión de Garantías del Departamento de Salud de la Generalitat dio el aval médico a muerte asistida del pistolero, y tanto la juez de primera instancia como la Audiencia provincial coinciden en que la justicia no puede impedir el ejercicio de un derecho fundamental, como el de una muerte digna.

Pero las víctimas de Sabau no comparten ese criterio. Tanto el sindicato de Mossos d’Esquadra USPAC como la empresa Seguritas Direct, en la que trabajan tanto Sabau como sus víctimas, creen que se está vulnerando su derecho a la tutela judicial. Es decir, a que se complete el proceso judicial por el que Sabau está acusado de varios delitos de homicidio en grado de tentativa, atentado a agente de la autoridad y tenencia ilícita de armas.

USPAC ha recurrido la decisión de la Audiencia de Tarragona ante el Tribunal Constitucional, al que solicita que dicte cautelares para paralizar la eutanasia del ex vigilante jurado que un día enloqueció y la emprendió a tiros con sus ex jefes.

Las amenazas de Sabau

“Voy a salir en las noticias con Securitas”, anunciaba Sabau en el correo electrónico que envió a sus ex jefes momentos antes de atacar la oficina de Seguritas en Tarragona. Era su particular manera de culminar meses de enfrentamientos y amenazas a los responsables de la oficina, a los que acusaba de haberle robado y haberlo sometido a acoso laboral por racismo.

No era la primera vez que los amenazaba, pero la amenaza, ese día, se hizo realidad. Eugen, un hombre soltero, de 45 años que vivía solo en el pequeño pueblo de Alcover y era un habitual de un club de tiro de Tarragona se dirigió a la oficina con un arma larga con cinco objetivos claros, definidos en el mail que la policía descubrió a posteriori.

No me queda otra, haré la justicia con mis manos. Las lecciones que se aprenden con sangre no se olvidan

«No me queda otra, haré la justicia con mis manos. Las lecciones que se aprenden con sangre no se olvidan pronto. Securitas se acordará de mí unos cuantos años» aseguraba en su correo. De los cinco objetivos señalados tres se convertirían en víctimas esa mañana de diciembre: el supervisor de la oficina, el gerente y la responsable de recursos humanos.

Seis meses antes ya había advertido en otros correos de que iban a salir todos «en las noticias». Pero esta vez es más explícito. Antivacunas declarado, escribe: «Voy a vacunar a los jefes de Securitas con tres dosis de Glock-Pfizer de 9 milímetros. No quiero matarles, les dejaré jodidos (…) No estoy loco, lo he planeado a la perfección».

Aficionado a las armas

Hacía 15 años que Sabau acudía semanalmente a un club de tiro de Tarragona donde practicaba la puntería con objetivos en movimiento. Tenía licencia para cinco armas de fuego: tres pistolas de 9 milímetros, una de 22 milímetros y un rifle 308 Wintencher.

Licencia que le obligaba a pasar un psicotécnico ante la Guardia Civil cada tres años. El pistolero tenía además un permiso especial de recarga. Se trata de una habilitación para poder comprar los elementos que componen la munición y montarse uno mismo las balas.

Ni los controles de la Guardia Civil ni los del club de tiro, donde lo tenían por un tirador responsable, sirvieron para prever el ataque.

“Cuando me siento, tengo la sensación de que me pinchan con unas agujas”, se quejaba en el correo enviado a sus exjefes. Se refería a las secuelas de una intervención en una tienda, en la que se lesionó. También culpaba a los médicos de rehabilitación y a la justicia, que no le dio la razón en los pleitos con la empresa.

Sin nada que perder

«Si me acorrala la policía y tengo rehenes, la cosa acabará mal para ellos» advertía también. «No me van a pillar vivo. Me pegaré un tiro en la cabeza. No me da miedo ni la cárcel ni la muerte. No tengo familia y no tengo nada que perder». Los mossos, efectivamente, lo acorralaron, aunque antes dejó malherido a un agente de investigación que intentó darle el alto en su huida en coche.

Mientras los compañeros del agente herido lo atendían, el agresor huyó en su Citröen hasta una masía abandonada de Riudoms, a pocos kilómetros. Pero un vecino le vio y avisó a la policía. Varias unidades de los Grupos de Intervención Especial (GEI) acudieron al lugar junto a mediadores de los mossos.

Parapetado en el edificio, Sabau llevaba chaleco antibalas, un escudo casero y, al menos, un arma larga de mira telescópica. Los mossos descartaron la negociación tras intentar sin éxito hablar con el pistolero por teléfono. Cuando los efectivos del GEI avanzaban a pie hacia Sabau, este dispara sin pensárselo, pero cae por la respuesta de los agentes y queda en estado crítico.

Tetrapléjico y con fuertes dolores

Sabau sobrevivió al tiroteo, pero quedó tetraplejico y sufre fuertes dolores. Son los argumentos de su petición de eutanasia, avalada por la Comisión de Salud de la Generalitat. Sus víctimas, sin embargo, han frenado el proceso, previsto para el pasado 28 de julio.

«Vive con un sufrimiento físico grave, crónico, sin posibilidad de mejora, es consciente de su situación y ha manifestado de forma expresa, reiterada e informada que quiere someterse a la eutanasia» señala el informe de la Comisión que autorizó su eutanasia.

Sufre tetraplejia irreversible, con una fractura vertebral con lesión medular y fracturas en los brazos y una pierna, que finalmente tuvieron que amputarle. Ha estado ingresado en tres hospitales en los últimos siete meses. Pese a los fuertes dolores, los médicos no pueden sedarlo porque no está suficientemente estable.

En la petición de muerte asistida, Sabau alega que su vida es «intolerable» y su situación física «incompatible con sus valores».

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