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ERC vuelve a Quebec tras los sueños rotos de Kosovo, Escocia y Eslovenia

Pere Aragonès defiende la vía canadiense ante el Parlament EFE/Quique García

Quebec vuelve a ser el referente. El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha anunciado este martes que propondrá un «acuerdo de claridad» al Gobierno, en el marco de la mesa de diálogo, para pactar el cómo y el cuándo de un referéndum de independencia. Un gesto criticado por sus socios independentistas que supone volver al discurso independentista de 2012, que en los últimos años ha sido superado, sucesivamente, por la vía escocesa, kosovar y eslovena.

«Usted ha liquidado hoy el 1-O, llevan cinco años diciendo que el referéndum ya se había realizado y solo faltaba implementar la independencia» le ha respondido el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, acusándolo de haber engañado a los catalanes.

Lo cierto, sin embargo, es que la propuesta de regreso a la vía canadiense supone, de hecho, la renuncia a la unilateralidad, porque parte de la idea de pactar con el Gobierno la fórmula del referéndum.

Quebec, el primer espejo del independentismo

La provincia canadiense de Quebec ha sido, tradicionalmente, uno de los referentes favoritos del independentismo. Junto a Escocia, son las dos únicas regiones pertenecientes a democracias occidentales que han celebrado referendos de independencia. Dos en el caso de Canadá, uno en Escocia.

Con 8 millones de habitantes, tres veces la superficie de España, francófona y católica frente al conjunto anglófono y protestante del resto de Canadá, Quebec representa el espejo en el que gusta de mirarse el nacionalismo catalán, que ha tejido fuertes lazos políticos con el Partido Quebequés (PQ) desde los tiempos de Jordi Pujol.

La Ley de claridad canadiense nace de un dictamen de la Corte Suprema del Canadá, a petición del Gobierno, tras la petición de un referéndum de independencia por parte del entonces mayoritario PQ. El texto que sirvió de base para los referéndums de independencia fija tres exigencias claves: claridad en la pregunta -aprobada por el Parlamento federal-, claridad en la respuesta -es la Cámara de los comunes la que valora si la victoria es suficiente para negociar la secesión- y el deber de negociar.

El dictamen de la Corte Suprema advertía, además, que «en ningún caso es posible la declaración unilateral de independencia de una provincia». El supremo canadiense si reconocía que la Constitución «no se opone a esa secesión» a diferencia de la española, como sucede con la Carta Magna de EE.UU, Alemania o Francia.

El fin de Yugoslavia como referente

Más allá de Canadá, la guerra en la antigua Yugoslavia y el reconocimiento internacional de las declaraciones unilaterales de independencia de Kosovo y Eslovenia han dado alas al independentismo catalán. Ven en ambos procesos precedentes suficientes para soñar con un nuevo estado aceptado en el seno de la Unión Europea.

La declaración unilateral de independencia de Kosovo, el 17 de febrero de 2008, provocó una oleada de júbilo en los partidos nacionalistas catalanes. Josep Lluís Carod-Rovira, entonces secretario general de ERC, se dirigió rápidamente por carta al nuevo presidente de Kosovo, Hashim Thaçi, mientras los representantes de Esquerra en Congreso y Senado presentaban mociones de reconocimiento del nuevo estado que no prosperaron.

CiU se mostró mucho más cauto en este aspecto. Aunque celebró la independencia de Kosovo, y reclamó su reconocimiento por parte del Gobierno, Artur Mas afirmó rotundamente que no existía similitud alguna entre Cataluña y Kosovo.

Pero cuando la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictó que la declaración de independencia de Kosovo no suponía una violación del derecho internacional, CiU, como ERC, tomó nota. Obviaban que la sentencia del CIJ era fruto de una década de guerra civil y violaciones de los derechos humanos en Kosovo, que justificaron el aval a la independencia.

Aunque fue en 2014, tras la declaración de inconstitucionalidad del 9-N cuando Kosovo se convirtió en la principal hoja de ruta. Dos años después, Marta Rovira pidió fijarse en el proceso constituyente de Kosovo, como si Cataluña y la antigua provincia serbia tuvieran un pasado común. Incluso el presidente de la Generalitat, Quim Torra, escribía en su libro: Los últimos 100 metros: la hoja de ruta para ganar la República Catalana, que después de la decisión de la CIJ nada podía volver a ser como antes.

Torra y la vía eslovena

Aunque Torra no se limitó a Kosovo. El ex president tiene especial predilección por las repúblicas ex yugoslavas. Siendo inquilino del Palau de la Generalitat afirmó que «los catalanes hemos perdido el miedo. Los eslovenos decidieron tirar adelante con todas las consecuencias. Hagamos como ellos y estemos dispuestos a todo para ser libres».

Unas palabras que hicieron saltar todas las alarmas, aunque no fueron más allá que el resto de sus proclamas. En el caso de Eslovenia –país de 2 millones de habitantes–, su gobierno regional convocó en 1990 un referéndum de independencia todavía siendo parte de Yugoslavia. La participación fue del 93% y el Sí a la independencia ganó con un 88% del censo.

El parlamento declaró en 1991 la independencia y Yugoslavia reaccionó intentando tomar el control militar de Eslovenia. Tras diez días de enfrentamientos con las fuerzas policiales y milicias regionales, Slobodan Milosevic retiró a sus tropas. El conflicto dejó 75 combatientes muertos y cerca de 550 heridos, según datos del gobierno esloveno.

Torra no fue el primero en buscar un referente en Eslovenia. Carles Puigdemont aseguró en 2016 que la reacción europea de reconocimiento a la independencia eslovena podría reproducirse en Cataluña. También el ex eurodiputado del PDeCat Ramon Tremosa defendió en su momento la vía eslovena como ejemplo para Cataluña.

Frente a las reticencias del gobierno de Kosovo al uso del independentismo catalán de su proceso como referente, los nacionalistas eslovenos han tejido fuertes lazos con el independentismo. No es casual que el portavoz de los observadores internacionales del 1-O fuera el exministro de Exteriores esloveno Dimitrij Rupel. De hecho, Pujol mantuvo una estrecha relación con el primer presidente de la república eslovena, Milan Kucan.

Escocia, el referéndum europeo

Escocia ha sido, pese a todo, el referente favorito del independentismo catalán. Sobre todo porque permite contrastar la «actitud democrática» de David Cameron, que pactó el referéndum con Alex Salmond, con el no rotundo de Mariano Rajoy. Pero los nacionalistas escoses llegaron a ese punto tras décadas de reivindicación independentista y de haber conseguido unificar al nacionalismo escocés en un solo partido, el SNP.

La relación entre independentistas catalanes y escoceses se ha trabado también una alianza política. Pero tras la declaración unilateral de independencia de 2017 Alex Salmond dejó claro que lo que sucedía en Cataluña no tenía nada que ver con Escocia, por muchas veces que haya asistido como invitado de honor a manifestaciones, eventos y universidades de verano independentistas.

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