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Los vascos desconfían del Islam: sí a sus restaurantes y comercios, no a sus templos y colegios

Pese al alto grado de tolerancia que muestra la sociedad vasca hacia la inmigración, la aceptación de algunas manifestaciones culturales y religiosas de algunos sectores aún suscitan grandes reticencias.

Musulmanes indonesios rezan durante la noche del Ramadán en la Gran Mezquita de Baiturrahman en Banda Aceh, Indonesia.

EFE

Es una sociedad especialmente tolerante con la inmigración. Así lo demuestran los últimos barómetros que miden la actitud de los vascos ante este fenómeno creciente. En términos generales, la mayoría de la sociedad vasca considera que la llegada de inmigración a Euskadi es un beneficio para la economía. También apoya que merecen un acceso universal a la sanidad y la educación como la población autóctona o que en ningún caso suponen una amenaza para cuestiones como el empleo, el desarrollo del euskera o la identidad vasca.

Sin embargo, la tolerancia decae mucho cuando se cuestiona por algunas de las cuestiones culturales y religiosas de una parte de los alrededor de 250.000 inmigrantes que actualmente residen en el País Vasco. Así, a los vascos les gustan los locales comerciales, establecimientos de alimentación y restaurantes de las distintas nacionalidades que viven en Euskadi pero no así una parte de sus manifestaciones religiosas o culturales expresadas a través de la indumentaria.

El rechazo más contundente se expresa contra el Islám. Según el barómetro sobre ‘Percepciones y actitudes hacia la población de origen extranjero’ elaborado por el Observatorio vasco de Inmigración, la confianza que inspira el Islam en la sociedad vasca es muy bajo: 3,2 puntos sobre 10. Una desconfianza ligeramente superior entre los hombres respecto a las mujeres que, pese a haberse reducido ligeramente se mantiene estable en los últimos dos años. Hace cinco años la confianza se puntuaba con un 2,7.

Menor tolerancia cultural y religiosa

El grado de tolerancia hacia algunas pautas culturales de determinadas minorías sociales también es evidente en cuestiones de carácter religioso y educativo. Preguntados sobre qué opinión les genera que la población de origen extranjero tenga centros de enseñanza propios, sólo el 46% lo respalda. Uno de cada tres vascos lo ve mal. En cuanto a la construcción de templos para practicar su fe, un 17% se opone y un 24% rechaza que vistan como en sus países de origen.

En la lista de preguntas se encuentran otros elementos como que abran restaurantes con comida de sus países de origen, tengan comercios propios u ocupen espacios públicos o hablen en sus lenguas. En estos casos apenas hay oposición.

La forma de vestir es uno de los aspectos más controvertidos en los casos en los que se relaciona con la cultura de origen islámico o procedente de países árabes o del África Subsahariana. Entre las prendas que apenas generan rechazo destaca el uso de las túnicas, que al 85% de los vascos no las ve mal. Algo inferior es el respaldo al empleo de la chilaba, pese a ser elevado, con un 75%, al igual de la hiyab que cubre el pelo de las mujeres. El empleo del chador y el burkini sólo es defendido por la mitad de la población. El empleo del Nicab y el Burka, que cubren todo el cuerpo de las mujeres –a excepción de los ojos en el Nicab-, es rechazado ampliamente, pese a que más de un 20% de los vascos no se opone.

Estereotipos más extendidos

La existencia de estereotipos en torno a la inmigración es otra de las cuestiones que sondea el barómetro vasco. Sin duda el más extendido es el que la inmigración aumenta las actitudes machistas, algo que cree uno de cada tres encuestados. La idea de que la inmigración eleva los índices de inseguridad y delincuencia la respalda el 26%. También es un tercio de la población la que considera que los inmigrantes “se benefician del sistema de protección social” y un 18% además considera que se benefician en mayor medida de las Viviendas de Protección Oficial. En términos similares se refleja el rechazo de quienes consideran que “pagan menos impuestos de lo que luego reciben”.  

En sentido contrario, los estereotipos menos extendidos en la sociedad vasca respecto a la inmigración son que “no se quieren integrar”, algo que sólo piensa el 8,5% de la población. Que carecen de “civismo” y desconocen las normas de convivencia lo piensa el 6,8%, que “nos quitan el trabajo” el 5,9% y que sus prácticas religiosas “ponen en peligro nuestro estilo de vida”, el 4,8%.

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